miércoles, 22 de enero de 2014

33. Código Rojo

  Las sábana que cubría mi mullida almohada estaba encharcada. El sudor que desprendí, las lágrimas que derramé y el profundo arañazo que Nuka me propinó para despertarme tiñeron de rojo las telas blancas, al igual que mi pijama, mi pelo y parte incluso de la pared del cabecero de la cama. Me encontraba atrapado por la colcha, y el resto de prendas de cama se retorcían en un húmedo gesto sobre mi amplio colchón, cuya mancha oscura denotaba que él también había sufrido mi terrible pesadilla. Nuka estaba maullando con fuerza mientras me miraba nervioso, pero calmó su tensión y se acurrucó a mi lado cuando estiré la mano para acariciar suavemente su lomo. Ronrroneaba más de la cuenta, incluso para lo que él era.
   Me acerqué al salón, donde mi móvil estaba en pleno proceso de carga, y miré la fecha. Después de aquel sueño había perdido la noción del tiempo y de los acontecimientos, pero haciendo cálculos poco precisos pude determinar que estuve alrededor de veinticuatro horas durmiendo. También entendí por qué Nuka me arañó, y no fue sólo porque estuviera revolviéndome en mi cama: Sus cuencos de comida y de agua estaban vacíos. A pesar de ser las cinco de la mañana, busqué a oscuras su comida y llené su cuenco de agua, el cual mi gato asaltó con voracidad.
   Recostado en el sofá miré a la televisión apagada. El arañazo escocía en mi rostro como si las garras de mi gato estuvieran hechas del acero más duro jamás forjado. Eso me hizo recordar que tenía que cortarle las uñas. Aunque ese pequeño detalle que olvidé durante la semana que llevaba en casa consiguió, posiblemente, sacarme de aquella pesadilla. La peor pesadilla que jamás he tenido. La única pesadilla que, a pesar de saber que estaba despierto, seguía palpable en el ambiente. Porque, si miraba, creía seguir viendo las dos figuras de pie en la puerta, mirándome maliciosamente.

- ¡Hora de pasar lista! -gritó el cerebro -¡Situación de emergencia, código rojo! ¡Quien no haga recuento y no diga su situación recibirá una reprimenda de parte del jefe!
- ¿Quién es el jefe? -dijeron las manos, acomodadas en el cuerpo de Pablo -Pensaba que mandabas tú.
- Las órdenes vienen de arriba. Yo soy la parte racional, pero... -el cerebro paró y suspiró -al fin y al cabo, hay alguien detrás.
- Pues si no nos explicas, no sabremos ayudarte -dijeron los ojos, buscando un punto en el infinito para atender al cerebro.
- Yo soy el consciente. Pero me controlan desde atrás. No conozco a ese otro ser, pero debe ser horrible, porque su representación de los sueños nos hacen sufrir.
- Dímelo a mí -dijo el Corazón, latiendo con algo más de fuerza -¿sabes lo que es bombear sangre a un cuerpo dormido? Es horrible...
- Bueno, lo dicho. Presente y situación -ordenó el Cerebro
- Aquí las manos, portavoces de los brazos. Estamos bien, aunque llenas de sangre -dijeron, levantando las palmas.
- Aquí los pies portavoces de las piernas. Tenemos frío, pero todo correcto, señor -movieron los dedos en señal de funcionalidad.
- Aquí los ojos, en nombre de la cara. Es difícil recibir estímulos, estamos muy sobrecargados, pero esta oscuridad y este silencio nos viene bien, señor -parpadearon para volver a sentir que estaban activos.
- Aquí Corazón, hablo por mis compañeros, los órganos internos. Estómago está vacío, los pulmones ya respiran con normalidad y tus compañeros los nervios no atinan con los impulsos.
- Perfecto, todo en orden... Pero me sigue faltando alguien -repuso el Cerebro, mandando un estímulo por la columna hasta llegar a la entrepierna -¿estás ahí?
- Aquí el pene, en nombre de los Genitales -Corazón y Cerebro se sintieron más tranquilos. Por fin daba señales -perdón por la ausencia. No somos simples excretores, pero durante un tiempo no queríamos funcionar para otra cosa.
- ¿Cual es tu situación, amigo? -preguntó el Cerebro.
- Bueno, tengo que estirarme un poco. Estoy entumecido...
- Marchando -dijo el Corazón -necesitas un buen empujón...

Miré mi entrepierna extrañado. ¿Por qué demonios ahora...? Bueno, tampoco era algo preocupante, suele ir por su cuenta, pero no entendía por qué. Cosas de mi cuerpo. El caso es que tenía que empezar a moverme, a solucionar todo esto. La parte sentimental sería lo último, antes necesitaba recuperar mi vida inicial, mi dedicación... mi trabajo.


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