jueves, 23 de enero de 2014

36. Maldito Alcohol

- Y entonces le dije "Haga ese informe o arrodíllese" y se fue indignada. ¡Ya no queda quién entienda mis bromas!
- Ángel Luis, en serio, eres de lo que no hay. Pobre chica...
- Si te soy sincero, Pablo, eras lo más efectivo que había en toda la puta oficina, y ahora les vas a dar por el culo a todos con tu ascenso a Consejero Delegado de Cuentas. Nos vamos a forrar, nene.

   La borrachera era de campeonato. Habíamos cantado, bailado y vaciado varias de las botellas del minibar del Señor Fernández, y estábamos tirados en los sofás riendo a lo bestia escuchando heavy metal a todo volumen. Ángel Luis ya no tenía alas de demonio, ahora había caído al suelo del pedo que llevaba. Era gracioso ver a mi jefe contando anécdotas de cama con un tono difícil de entender y una pronunciación bastante rara.

- Pablo, esta noche te voy a dar una enseñanza que jamás olvidarás. ¡Ayúdame a levantarme! -me acerqué como pude hasta él y le levante. Cogió una copa grande, la llenó de Coñac y se sentó en un sillón de orejas -Venga, siéntate aquí en el suelo.
- Claro, jefe -cogí mi cubata y me senté a sus pies. Él comenzó a mover su copa removiendo el contenido como si de un ricachón se tratara. De hecho, de una caja cercana, cogió un puro y lo encendió. Me ofreció uno y, supongo que de la borrachera, acepté.
- Hay un arte milenario, Pablo Espinosa, que hoy debes aprender -su voz de pez gordo era muy graciosa. Empecé a pensar que fue actor en algún momento de su vida -Ahora eres un jefe. Ahora debes mandar sobre tus subordinados. Y este arte que te voy a enseñar es sencillo. Escucha: Cuando uno de tus súbditos tenga que hacer algo para ti, tienes que pedírselo... ¡Para ayer! Si contigo ha funcionado, funcionará con los tuyos.
- Es un honor aprender de usted, su excelencia -bebí otro largo trago de mi vaso y le di una calada a aquel Habano. Había que admitir que estaba rico.
- Serás un buen jefe, Pablo -Fernández se recostó aún más en el sillón -de eso no tengo duda... -y terminó de caerse.

- ¡Hola a todos, colegas! -dijo el Cerebro casi a gritos
- ¡Ese jefe bueno ahí! -dijeron los pies que no sabían dónde colocarse -Está to' loco, qué ordenes más raras está mandando...
- ¿Órdenes? ¡Órdenes, dice! -el Corazón bombeaba sangre como podía -¡Este está tan borracho como yo! Hijo de puta...
- ¡Tú si que eres un hijo de puta, que me tienes abandonado!
- ¿Qué quieres, imbécil? -Corazón seguía de cachondeo -¿un pinchito con tu jefe?
- ¡No me jodas, yo también quiero divertirme, pero no soy maricón! -el Pene asomó la cabeza como pudo -No como tú... "Oh, mi amada, como la quiero, bésame..."
- Tú no sabes ser sentimental, capullo.
- Si, tengo un buen capullo. Y si, soy sentimental. Pregúntale al Cerebro si no.
- Tiene razón, Corazón -Cerebro seguía moviéndose al compás de la música -lleva días sin pedir ayuda a las manos...
- Vaya, vaya, vaya, así que el colgajo tiene emociones... -Corazón estaba sorprendido, pero se seguía riendo -Pues toma sangre, que te la mereces.
- ¡Cerebro, es urgente!
- ¿Cómo de urgente, Hígado? ¿No puede esperar un poquito?
- Esperemos que lo justo para que reacciones y nos lleves al baño más cercano...
- ¿Qué...?
- ¡NO PUEDO MÁS! -gritó el Estómago, que lanzó su contenido al exterior.

Y allí estaba yo, en el baño del Señor Fernández. Vomité. Vomité tanto que no recuerdo cuánto tiempo estuve de rodillas con la cabeza metida en el váter. Aunque no me sentí tan mal. En el otro baño estaba él con el mismo proceso. Se ve que los puros Habanos se disfrutan con una copa o dos. A partir de la tercera botella se hace excesivo. Pero como en cualquier orgía romana, nos servimos otra copa y nos sentamos en la mesa mientras jugábamos a las cartas.

- Has recuperado tu trabajo -dijo Ángel Luis -y a un amigo, porque me puedo considerar un amigo, creo...
- No te emborrachas bien si no estás con un amigo, desde luego -repuse mirando mi mano
- Dime... ¿Qué es lo próximo? -me quedé congelado y le miré -¿Hay algo más que desees recuperar?
- Pues... -si, claro que había algo -Creo que primero la cordura.
- ¿Cordura?
- Llevo medicándome durante meses, desde que Susana... Bueno...
- Creo que te pediré lo que tomas -Fernández bebió de su vaso y puso otra carta en juego -Dudo que de esto se salga fáci.
- El dolor es inevitable, Señor Fernández...
- Pero sufrir es opcional, Señor Espinosa -Ángel Luis sonrió -y tu cara dice que hay una pérdida aún mayor...
- Gracias a que Susana me perseguía y me acosaba, con el beso que me dio, perdí al amor de mi vida -el recuerdo no sentaba bien, y bebí la copa hasta terminarla -Ese día, casualmente, había venido a recogerme al trabajo.
- Vaya... No me fijé en aquello. Estaba tan enfadado que ni me percaté -Ángel también terminó su copa y rellenó ambas -pues haré un brindis.
- ¿Ahora? ¿Por qué será? -y levanté mi copa buscando golpear la de mi interlocutor.
- Porque este sea el primer paso de tu reconquista. Y que pronto tengamos a quien merecemos a nuestro lado.
- Amén, hermano.

Y el sonido al chocar de los vasos rebotó por las paredes de aquella enorme casa.


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