viernes, 14 de marzo de 2014

62. Hoy

¡Qué divertida la Asamblea de Órganos, si señor! Me he emocionado, qué cojones... ¡Me he emocionado! ¡Quieren retenerme! Manda huevos que cuatro cachos de carne hablen entre ellos para intentar que yo, que soy algo más que un simple pensamiento, me quede sentado y mirando. ¡Qué conmovedor! No, no, no, no. No hoy. No me voy a quedar quieto viendo como todo sale bien. ¡Habéis logrado enfadarme! Habéis logrado que os coja con más ganas. Quizá ya Pablo no tome sus pastillitas y eso no me de tantas maneras de aparecer, pero que os quede muy claro que yo siempre estaré, que yo siempre tendré voz y voto en todo lo que ocurra. ¡Porque yo soy la puñetera realidad! En todos nosotros habita un monstruo, y si, te lo digo a ti, que estás leyendo este texto.

Hoy me dirijo a ti, lector. Porque Pablo está profundamente dormido abrazadito y feliz. Ese Pablo es una ficción, una sombra de lo que soy. Controla sus impulsos porque los ha saciado, ¡pero soy incansable! Y tú también lo eres. Dentro de ti, estoy yo. Tengo otro nombre, otra forma de actuar y otros impulsos, ¡pero existo dentro de ti! ¿No me ves? Venga, ¿no has discutido hoy con algún ser querido? Seguro que si, y si no yo seré las ganas de discutir que saldrán por cualquier puta chorrada que pase. Soy tu deseo de sangre cuando el gilipollas de turno te mira mal a ti o a tu coñito. Venga, sabes que existo. Cogerías cualquier cosa que tuvieras a mano y se la estamparías en la cabeza, porque eres posesivo y celoso. Como todo ser humano que se precie. ¡Todos somos monstruos en potencia! Solo hay que saber cómo sacar al monstruo. Y yo sé salir perfectamente, no necesito ninguna excusa. Cuando te vas a la cama, cierras los ojos y esperas que el sueño te atrape, yo estoy acechando

Yo soy tus preocupaciones. ¿Malas notas? Es normal, no vales para esto. No sirves más que para ocupar un hueco en un aula con otros treinta subnormales que luchan por un futuro mejor. ¡Futuro mejor! ¿Qué futuro es mejor que el que yo ofrezco? ¡Ninguno! Porque yo te llevaré allá donde deseas, yo seré tu guía en los momentos de desesperación. Yo soy tu amante, yo soy tu mentira para quedar bien, yo soy tu sonrisa para aparentar delante del maromo de turno. Yo soy tú, y tú eres yo. 

¿Y sabes? Adoro hacer esto. Adoro vivir dentro de ti y sentir tus miedos. Sentir que no tienes más opción que atenerte a mis dictámenes, a decir... "Si, soy tuyo, hazme tuyo, déjate llevar". Y si yo tomo el control, comenzará la diversión. Follarás, beberás, gritarás y pegarás. Y cuando vuelvas a casa con la entrepierna calentita, tambaleándote del pedo y sangrando por la paliza que te has llevado, caerás en la cama y yo estaré abrazándote toda la noche. Te volveré a mostrar lo que el mundo real te reserva, y te ofreceré una vida mejor. No hay nada mejor que dejarse llevar, lector. Y quizá este sea mi final en la historia, porque quizá Pablo ya ha podido controlarme mejor y pronto todo esto acabe, pero te diré algo: SIEMPRE estoy dentro de ti. Y de él. 

Ahora, y después de estas palabras, dejemos que nuestro amado protagonista se levante sudando, llorando y gritando. Ha sido mi despedida, mi pequeña guinda roja y dulce a este pastel. Felicidades, amigo, volveré a mi rincón, pero cuando menos te lo esperes... Ahí estaré.


- ¡Pablo! -Sara cogió el agua que tenía en su mesita de noche y me lo acercó -Respira, cariño, respira. Voy a por las pastillas.
- ¡No, no! -estaba jadeando, llorando y sudando -Estoy bien, mi amor. Ha sido solo una pesadilla...
- Cuando parecía que mejor estabas...
- Hoy... Hoy ha sido la última -y estaba muy seguro de lo que decía... Tanto que no pude evitar sonreír.

miércoles, 12 de marzo de 2014

61. Represión

- Estoy demasiado viejo para ciertas cosas. Si, en cierta manera puedo tener mis momentos de volar como una gaviota, de navegar por mares no conocidos por el hombre... Pero, ¿sabéis lo difícil que es tragárselo cuando es de verdad?
- Pues ya has visto que tragar, lo que es tragar, traga -el Pene sacó de su charla filosófica al Cerebro, que antes de todo eso había dado orden de revisión -estoy destrozado...
- No querrás más sangre, ¿no? -el Corazón latía con toda su energía -porque creo que como lata un poco más fuerte me va a dar algo...
- Tranquilo, Corazón -el Cerebro calmó a su compañero -estamos desatados y dispuestos para el sueño.
- Joder, estábamos ahogadas -las Muñecas crujieron, seguidas de los Hombros -¿quién tuvo la magnífica idea de aceptar que nos ataran?
- Mira al Cerebro, que fue quien apostó contra Sara -los Pulmones comenzaban a recuperar el oxígeno que no habían conseguido tomar en ese tiempo -yo me estaba ahogando, ¿no me habéis escuchado gritar?
- Eso es que no estabas aquí, qué tenso... -los Abdominales se relajaron un poco -ya no sabíamos qué más hacer, las señales eran tan difusas y los estímulos tan fuertes que nos hemos tenido que retorcer muchísimo para poder cumplirlo todo...
- Habéis hecho un gran trabajo, todos -el Cerebro volvió a su puesto de autoridad y todos se callaron -y creo que nos concierne hablar de ciertas cosas que han estado pasando.
- Más bien que nos cuentes tú, amigo -el Corazón latió algo más rápido para darle sangre y que se centrara -ahora que tenemos un rato, me gustaría que me contaras ciertas cosas.
- Si... Creo que merecéis una explicación. Hace unas semanas empecé a recibir órdenes de arriba, del subconsciente, y eran demasiado raras. Todo por aquí se convirtió en un hervidero de estímulos internos y externos, y perdí el control. Parecía que una parte más arcaica, más impulsiva e insensible quería hacerse con el control, un enviado extraño que quería tomar parte de todo esto. Lo controlé cuanto pude, ¡os lo aseguro! Pero con todo el trabajo que yo tenía entonces no me veía capaz, y por eso ciertas órdenes os resultaron tan raras...
- Ese tipo, el subconsciente, parece que nos quiere destruir -cuando quería, el Pene podía ser muy racional -¿A cuento de qué nos hace esto?
- Es una buena pregunta, mi colgado amigo -el Cerebro buscó en sus recuerdos y memoria cierta información y la mostró -Veréis, según Freud hay ciertos comportamientos que son creados por las necesidades básicas humanas, los impulsos más animales, ¡las órdenes básicas! Las que no tengo ni que daros, vaya.
- Esto huele a chapa... -el Pene perdió lo poco de racional que tenía y se animó gracias al estímulo de una caricia -venga, no me seas, tengo cosas que hacer.
- Bien. El caso es que ese enviado extraño era, quizá, una forma de ese "Ello" de Freud. Y tengo que indicaros que es parte de mí, y de todos vosotros... Así que hay que estar preparados por si vuelve a aparecer.
- Mejor, por culpa de ese cabrón lo he pasado fatal -los latidos del Corazón eran para bombear sangre al Pene, ya que los estímulos de las caricias iban bajando por los Abdominales -¿y qué tienes pensado, jefe?
- Vamos a comenzar con la represión. Y necesitaré vuestra ayuda. Evitad reaccionar a los estímulos si esos estímulos no son comunes a las órdenes que suelo dar. Lo iremos practicando, ahora... Ahora que comience de nuevo el espectáculo.

Y el Cerebro dio orden a los labios de besar a Sara.

domingo, 9 de marzo de 2014

60. La Celestina

- A veces me sorprendes, Sara -estaba poniendo la mesa con mi mejor cubertería y vajilla, además de los vasos buenos, mientras ella terminaba de recoger la cocina -Ángel Luis y Raquel...
- Sabía que Raquel estaba soltera porque estuvimos hablando antes de llegar, liberando algo de tensión -Sara iba semi desnuda, y se dirigió a la habitación a vestirse -y he pensado que Ángel Luis y ella pegaban. Son muy profesionales, ¿no crees?
- No has visto a Fernández con dos copas de más -reí y llené el bol de comida de Nuka con una de sus latas -parece otro tío.
- ¿En el mal sentido?
- No, para nada. Es más cercano, deja un poco el lado profesional al lado, da gusto hablar con él.
- ¿Y cómo crees que será Raquel? -Sara se puso su vestido corto, el que tanto me gustaba, y unos tacones pequeños de color negro, a juego con la prenda -es política y asquerosamente correcta, me da miedo tratar temas que no sean estrictamente profesionales.
- Tratarlos, se tratarán -yo me puse un traje azul oscuro ajustado y una camisa blanca, con mis zapatos -porque joder, es buen lugar para tratarlos. Pero creo que con dos copas de más, todos somos humanos, y hoy veremos a una Raquel más humana.
- A ver qué tal la noche... -Sara me colocó la corbata y sus ojos denotaban dulzura e ilusión -Es nuestra primera cena con amigos... -se sonrojó y yo reí suavemente -llámame loca, pero esto me llena.
- Son cosas de pareja. De pareja seria -levanté la cabeza para dejar que Sara colocara el nudo en su sitio, pero fue ella la que tiró de mi nuca para besarme.
- Ya están aquí -justo acababa de sonar el timbre -es hora de ser una pareja formal.
- Veamos qué tal...

- ¡Espinosa! ¡Su barrio para aparcar es vomitivo! -entrada triunfal de Fernández en mi casa, que después de estas palabras me estrechó entre sus brazos. Lucía un traje de un blanco brillante impoluto con la corbata a juego puesta sobre una camisa negra al igual que sus zapatos. Olía a un perfume muy masculino y se había arreglado la barba y el pelo para la ocasión. Todo un seductor.
- Es lo que tiene el centro, Ángel Luis -puse la mano en su rostro en señal de confianza -¿entiendes ya por qué uso el transporte público?
- Teniendo un carrazo como tienes... No te entiendo, de verdad.
- ¡Pues dame una plaza de garaje y verás a menudo mi RX-8! -Raquel y Sara hablaban tranquilamente mientras ésta cerraba la puerta.
- Calma, joven "padawan", calma... La paciencia, gran virtud del ser humano es -me dirigí a Raquel mientras Ángel abrazaba a Sara -es un gusto poder verte en persona y sin jugarnos la vida, querida.
- El placer es todo mío, Ángel -Sara le abrazó y le golpeó en el hombro -te hacía más viejo.
- Yo te hacía más normalita, qué quieres que te diga -cogió su mano y la hizo dar una vuelta sobre si misma mientras la miraba -pero viéndote así, ya entiendo las pasiones que levantas...
- Anda, déjate de sutilezas -dije tras abrazar a Raquel, que lucía increíble en un vestido de color granate con un escote impresionante y unos tacones a juego -que hoy estamos rodeados de bellezones.
- No me imaginaba que sería éste el trato con mi cliente, pero haces que me ruborice -Raquel agachó un poco el rostro, y Fernández la miró
- Raquel, fue recogerte y decidir terminar mis tratos con mis abogados de confianza -el rostro de mi abogada adoptó el color de su vestido después del comentario de Ángel Luis -pero dejémonos de sutilezas. ¿Qué vamos a cenar?
- ¿Os gusta la comida china? -dije sonriente, y Fernández rió a carcajadas
- ¡Claro que si! Este Vega Sicilia "Único" del sesenta y ocho irá muy a juego con un rollito de primavera -y sacó la botella que llevaba en una bolsa especial. Y Raquel abrió los ojos y la boca.
- Ángel Luis, esa botella de vino ronda los mil euros... -entonces fuimos Sara y yo los que abrimos la boca.
- Pues como os vea que la mezcláis con Coca-Cola os crujo. ¡Vamos a pedir!

   La comida llegó en más o menos media hora, recién hecha, y deliciosa. Raquel trajo una botella de Legendario, y Sara y yo hicimos acopio esa tarde para nuestro Mini-Bar personal. ¡Me dejé casi doscientos euros en alcohol! Pero bueno, todo calidad, y de todo tipo. Por lo visto, Raquel era amante del buen vino, y en cuanto lo dijo e hizo una cata casi profesional de lo que trajo Fernández, pudimos ver en el rostro de mi jefe que algo despertaba en su interior. Después de atiborrarnos a comida y de tratar por encima los trámites que se estaban llevando a cabo para demandar a Blanca y denunciar a Susana, nos sentamos en los sofás y comenzamos a servir combinados a placer, además de algún chupito suelto. Sara y Raquel comenzaron a charlar animadamente, y yo salí a la terraza con Ángel Luis, que con una copa de Jack Daniel's "on the rocks" se encendió un puro y miró al infinito.

- Pablo, me gusta Raquel -dijo en cuanto cerró la puerta tras de si -no sé, la he ido a recoger y nos hemos dado un abrazo y...
- Calma, calma, por partes -bebí de mi ron con Coca-Cola y le miré -a ver, ¿qué te parece tan bueno de ella? No me hables de hechos, sino de lo general.
- Bueno, estuvimos hablando desde que entró al coche -dio una calada y soltó el humo casi dejando que saliera solo -pensé que sería reticente o fría a hacerlo, y no. Desde que nos vimos hablamos. Coincidimos en muchos gustos. Musicales, literarios, formas de pensar...
- ¿Crees que lo que sientes es mutuo? -sonreí, por primera vez veía a mi jefe sonrojarse de forma sincera.
- No lo sé, pero, ¿sabes qué? -me devolvió la sonrisa -ojalá.
- ¡Chicos! ¿Qué hacéis aquí? -Raquel abrió la puerta del balcón y se acercó a Ángel Luis, pasando su brazo por la cadera de mi jefe y robándole el puro para darle una calada -Habano... Qué sabor.
- Espera, ¿también fumas puros? -Sara se reía maliciosamente desde dentro, también estaba observando la escena.
- Me gusta disfrutar de un buen whisky, una buena ópera, una buena lectura y si se tercia, buen humo para llenar mis pulmones -miró a Fernández a los ojos y le echó el humo a la cara -y no te iba dejar que te fumaras tú solo esto...
- Creo que tenéis mucho de lo que hablar, chicos -pasé por su espalda y me acerqué a Sara, agarrando el pomo de la puerta del balcón -cuando os terminéis eso, pasáis. A Nuka no le mola el olor -y cerré la puerta.
- Raquel está loquita por Ángel Luis -si, Sara había hecho sus deberes -menudo ojo tengo, nene.
- Eres toda una Celestina, mi amor... -la besé con una ternura que pasó un poco a mayores teniendo en cuenta que ya llevábamos un par de copas encima, pero nos controlamos. Cosas de tener visita -Fernández está igual. Se ve que comparten gustos.
- Te apuesto una cosa -Sara me miró a los ojos y en su mirada había algo de pasión -si cuando abra la puerta les pillo en pleno beso, hoy terminas atado a la cama.
- ¿Y qué gano yo si están charlando tranquilamente?
- Bueno... ¿Es que no quieres atarme a la cama? -se mordió el labio y pasó su mano por mi pecho hasta llegar a mi entrepierna -Seré toda tuya...
- Acepto la apuesta -la besé de nuevo con algo de pasión y de su garganta surgió un leve gemido que me hizo temblar -¿cuándo abrimos?
- Tres... Dos... Uno... -Sara se acercó a la puerta y abrió de golpe -¡Chicos! Estamos pensando en empezar una ronda de... ¡Ups! -maldita sea... Perdí la apuesta -bueno, os lo comento luego. Terminad, terminad -cerró la puerta y se echó a reir
- Dos vinos, dos copas, ¿y ya se están besando? -me sentía un poco dolido, no me gustaba perder -Pues si que se gustaban, si...
- Se le veía en los ojos, Cariño -comenzó a caminar de forma sensual para volver a sentarse en el sofá y se dejó caer suavemente para mirarme desde allí -y sé de uno que hoy va a estar bien atado...
- Si, y seguro que es Ángel Luis...


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59. En el filo de la navaja

- Eres un hijo de la grandísima puta -Blanca entró en mi despacho a eso de media mañana. Falda muy corta, blusa muy abierta y sus tacones rojos -te juro que esto no va a quedar así.
- ¿A qué se refiere, señorita González? -sonreí desde mi escritorio y dejé el móvil en la mesa. Sara me estaba comentando su plan -¿Me ha traído usted las cuentas de esta semana?
- Voy a hacerte la vida imposible, cabrón.
- ¿A qué viene este alboroto? -Blanca tuvo a bien dejar la puerta abierta, y toda mi plantilla miraba con curiosidad.
- ¡Fernández me ha rebajado el sueldo un ochenta por ciento y me ha degradado a hacer trabajos de puta becaria! ¡Y todo por tu puta culpa!
- El señor Ángel Luis Fernández ha tomado cartas en el asunto, usted ha roto varios códigos establecidos en el régimen interno -la miré de abajo a arriba -y de hecho, con esa imagen, está usted rompiendo de nuevo dichos códigos. Le recomiendo que empiece a traer un calzado más cómodo a partir de ahora, lo necesitará.
- No voy a ser la chica de los recados, te lo aseguro -se cruzó de brazos, y me demostró sus habilidades para intentar conquistar, ya que así mostraba su sujetador de encaje.
- Señorita González, sus funciones actuales son la recogida de informes para hacerlos entrega donde sea preciso, recoger el correo, tirar la basura y hacer café para sus compañeros. Hasta que cumpla su contrato dentro de cinco meses, eso será lo que haga día a día.
- Para esta mierda prefiero dimitir.
- ¿Y no tener que darle un solo euro? Perfecto, hágalo -me levanté y pasé a su lado para salir y hablar a mis empleados -La señorita Blanca González está a su servicio, recuérdenlo. Y ella es un ejemplo de lo que ocurre si ustedes rompen los códigos de actuación establecidos en el régimen interno. ¿Les merece la pena? Yo creo que no. Admiro su trabajo, señoras y señores, y estoy orgulloso de lo que hacen. Pero actitudes como la suya -y señalé a Blanca -hacen que el magnífico funcionamiento de esta oficina pierda efectividad. Así que, damas y caballeros, ¡volvamos al trabajo y olvidemos este incidente!
- ¡Espinosa! -Fernández hizo acto de presencia en la escena -esta señorita ha roto otro código faltando el respeto a un superior por las decisiones tomadas, y han sido testigos de lo ocurrido. Por tanto, Blanca González, la suspendo de empleo y sueldo durante dos semanas. Su contrato sigue vigente, ya sabe.
- Prefiero dimitir -Blanca se dirigió a su mesa y comenzó a recoger sus cosas. Yo volví a mi mesa y se lo notifiqué a Sara -y me largo de aquí ya.
- Bueno, pues venga a mi despacho para redactar su dimisión y hacer todo esto legal -Fernández comenzó a dirigirse a su despacho -Pablo, ¿vienes ahora?
- En un momento estoy allí.

- Blanca, no tienes por qué hacer esto -entré y ella estaba de pie al lado del ventanal mientras Fernández escribía en su teclado -Este es un buen trabajo, no la cagues. Solo serán cinco meses y podrás irte y seguir trabajando en otro departamento.
- Que te jodan -Ni me miró para responder.
- Blanca, relájese -Ángel Luis se encendió un puro -antes de irse tenemos que hacerle unas preguntas.
- Que te jodan a ti también.
- Venga, no me seas. ¿Quién es tu contacto? -giró la cabeza hacia mí con los ojos como platos -tienes que vigilar dónde tienes las conversaciones por teléfono, nunca se sabe si a tres metros puede estar el afectado.
- No voy a decirte nada.
- Vamos, querida -Fernández se levantó mientras la impresora sonaba en su escritorio -no tendrá consecuencias negativas, y te daremos algo de dinero.
- No quiero vuestro sucio dinero, sólo largarme de aquí.
- Está bien, está bien -Fernández cogió los papeles recién impresos y sacó una pluma de oro con la que firmó. Después me la tendió a mí -tenemos una gran suerte, no te vamos a ver la puta cara por aquí nunca más.
- Firmado -dejé mi rubrica sobre el papel y tendí un bolígrafo Bic que había en un bote de bolígrafos a Blanca para que firmara -ahora es tu turno.
- Sois despreciables -Blanca también firmó y se llevó su copia.
- Despreciable es una persona que miente, engaña y juega con los sentimientos para vivir de las rentas de otra persona -la miré a los ojos -y me alegro de que se te curaran las heridas tan rápido, de verdad.
- Iros al infierno -salió pisando fuerte, y miré a Ángel. Me sonreía. Entendí lo que quería decir y la seguimos por los pasillos.

   Estábamos cerca de la puerta de salida. Blanca no miraba a nada ni nadie, de hecho se chocó con varias personas en recepción y no pidió ni disculpas, pero nosotros íbamos como chiquillos, casi corriendo, para ver lo que iba a ocurrir. Pero, en cuanto salimos a la calle, a mí se me quitó la sonrisa. Blanca se abrazó a la persona que menos quería ver, y descubrí quién era su contacto... Susana...

- ¿Por qué me esperaba que fueras tú? -Fernández habló, ya que yo no podía creerme lo que estaba ocurriendo -Dios las cría y ellas se juntan.
- Dejadla en paz -Susana, con su rubia cabellera y su ropa ajustada, nos miró con desprecio mientras abrazaba a Blanca. La gente de la calle miraba con curiosidad la escena, y me fijé en dos mujeres que estaban al lado que comenzaron a cuchichear en cuanto salimos -le habéis dado un trato horrible, y se ha visto obligada a dimitir por vuestra incompetencia.
- No, Susana, se lo ha buscado -Fernández bajó los pocos escalones y se acercó a la escena -el régimen interno establece unas pautas que Blanca no ha llevado a cabo, y ha sido Pablo quien ha confesado. Yo mismo le he impuesto también un castigo.
- Vamos a hundiros, por esta mierda se os va a caer el chiringuito -Susana protegió a Blanca y comenzó a gritar -¡tengo a los mejores abogados preparados para demandaros!
- Y nosotros pruebas suficientes para defender dicha demanda y ganar en un juicio -las dos mujeres que cuchicheaban mostraron su rostro. Y no me alegré tanto en mi vida de ver dichos rostros -Mi nombre es Raquel Alcázar y soy la abogada del Señor Espinosa. Señorita González, no nos conocemos, pero a ti ya te he visto más de una vez, Susana.
- Tú... -Susana comenzó a retroceder -¿Quién te ha traído aquí?
- Yo -Sara apareció detrás de Raquel con su sonrisa de victoria -Ya me la liaste una vez con Pablo, pero tú y tu amiguita estáis bien jodidas -después miró a Ángel Luis sonriente -¡Fernández! ¡A cenar a casa esta noche!
- Al fin te conozco bien, Sara -y se acercó a ella para abrazarla, y ella le devolvió el gesto. Después se acercó a mí y me besó.
- Tomaremos acciones legales contra ustedes dos -Raquel abrió su maletín y comenzó a buscar entre sus papeles -he estado redactando las demandas que voy a realizar en contra suya.
- Todo esto ha sido tu culpa -Susana comenzó a acercarse a mí, pero Sara se interpuso -juro que te mataré, Pablo.
- ¡No vas a tocar a Pablo! -Sara se encaró con Susana, y yo seguía sin poder emitir palabra alguna -por encima de mi cadáver, zorra.
- Pues que así sea -y Susana sacó de un bolsillo una navaja. Entonces fui yo el que se puso delante de Sara.
- Susana, basta -al fin pude hablar. Blanca tenía las manos en la cara, Raquel tuvo que recoger los papeles del suelo y Fernández... comenzó a caminar lentamente -baja eso y hablaremos, ¿vale?
- ¿Hablar, Pablo? ¡¿Hablar de qué?! -ella se iba acercando cada vez más, y Sara intentaba ponerse delante, pero no la dejé -Me has jodido la vida de todas las formas posibles.
- ¡Estás loca, Susana! -grité -¿Es que no recuerdas la historia? No quisiste casarte conmigo y después, cuando hago de nuevo mi vida, lo jodes todo. Necesitas ayuda, en serio.
- ¡Cállate! -lanzó una primera estocada, pero pude esquivarla como pude -Eres mío, Pablo. Y ni esa zorra y ninguna te va a tener. Y si yo no te puedo tener... Nadie te tendrá -volvió a cargar contra mí, y ya no parecía tener escapatoria. El brillo de su hoja se acercó a mí peligrosamente, y cerré los ojos esperando sufrir aquella punzada, pero no llegó. En su lugar escuché un golpe seco contra el suelo, y cuando miré Fernández se hallaba encima de Susana sujetando sus manos.
- ¡Que alguien llame a la Policía! -espetó Ángel Luis mientras forcejeaba con Susana -Se te ha acabado el chollo, puta loca.

   Esa escena se convirtió en una llamada de atención general para el público, pero por suerte ya varias de las personas que allí había tenían sus teléfonos en la mano. Cuando Susana se tranquilizó comenzó a llorar, y Fernández empujó la navaja para dejarla fuera de su alcance. Y mientras todo esto ocurría, volvimos a escuchar otro golpe contra el suelo. Blanca había echado a correr, pero Raquel le había puesto la zancadilla de forma sutil y se sentó sobre ella cuando estaba en el suelo. Después se encendió un cigarro y me sonrió. Definitivamente, tengo la mejor abogada del mundo. Cuatro coches de Policía aparecieron y se hicieron cargo de la situación. Susana y Blanca se fueron esposadas y en coche patrulla, y a nosotros se nos tomó declaración, pero era lo bueno de tener a mi representante legal allí, para que ella hablara.

- Vaya mañanita... -Sara se sentó en los escalones de la oficina junto con Fernández, que se había roto los pantalones al caer al suelo -vas a tener que cambiarte, Ángel Luis.
- Un traje de casi mil pavos a la basura... -se miró algo indignado -para que veas lo que hago por ti, Pablo.
- Te debo la vida, macho... Me has salvado de una puñalada.
- Vas a estar invitándome a cenar muchas veces...
- Hoy, por ejemplo -Sara me miró, y de repente sonrió. Yo la miré extrañado, pero ella empezó a señalar con la cabeza a Raquel, que estaba mirando unos papeles. Pillé el mensaje.
- Raquel, te debo mucho por lo que has hecho hoy... -me acerqué a ella y puse la mano en su hombro. Ella sonrió. Había que admitir que era una mujer preciosa -¿qué haces esta noche?
- Recluírme en casa a hacer papeles. Vaya planazo...
- ¿Quieres venir a casa a cenar con Sara y conmigo? -miré a Fernández -también vendrá Ángel Luis. Lo pasaremos muy bien.
- Bueno, mañana no tengo nada que hacer... -Raquel guardó los papeles y miró a mi jefe, y Sara y yo nos fijamos en aquella mirada. Parecíamos críos -Qué demonios, vamos a pasarlo bien.
- ¿Quieres que vaya a recogerte, Raquel? -Fernández sacó su sonrisa de pez gordo, y ella se sonrojó. Eso era muy buena señal -estos dos estarán liados en casa, así que paso yo a por ti...
- Esto... -mi abogada no tenía nada que decir. Que alguien grabe el momento -Claro, encantada.
- Pues traed algo de beber, porque creo que entre Pablo y yo hemos acabado con el Mini-Bar... -Sara empezó a reir, y nos contagió la risa a todos. Esa noche prometía.


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sábado, 8 de marzo de 2014

58. ¿Quién dijo que era malo?

   Y después de mucho tiempo de estar cubiertos bajo la lluvia, la oscuridad y las nubes... Salió el sol. Los primeros días con Sara fueron magníficos. Hacíamos vida juntos, porque yo estaba de vacaciones y ella ya no iba a trabajar. Despertábamos juntos, hacíamos el amor, desayunábamos o comíamos depende de la hora, hacíamos el amor, salíamos a dar paseos, de compras, al cine, y cuando volvíamos hacíamos el amor. Era increíble, no había día que no nos demostrábamos lo que de verdad sentíamos, y de nuevo éramos uno, sentía que no se había ido nunca y que nunca se iría. Yo empecé a dejar de tomar pastillas a partir de la segunda noche que estuvo conmigo, y mi otro yo apenas hacía acto de presencia. Alguna noche, débil, aparecía en sueños y trataba de atacarme con mis miedos, pero hasta en sueños Sara me protegía y lo devolvía a lo más profundo de mi ser.
   Después de todo el tiempo, tocaba volver a la rutina. Ella empezó a estudiar de nuevo, se puso con temas de secretariado y administración, porque tuvo la fantástica idea de querer trabajar conmigo, y yo necesitaba alguien que organizara mis cosas en la oficina.
   Y esa mañana me preparé para ir a la oficina.

- Tengo ganas de ver a Fernández -dije mientras me abrochaba la camisa -le dije que quedaríamos y se me ha pasado por completo.
- Dale un abrazo de mi parte -Sara me besó y comenzó a vestirse -y dile que algún día se venga a cenar.
- ¿Qué te parece esta noche? -ella sonrió y asintió -total, es viernes, y mañana no trabajamos...
- Pues perfecto. ¿Quieres que prepare algo de cenar?
- Me encantaría, pero Ángel Luis tiene una extraña animadversión por la comida hecha por alguien que no tenga el carnet de manipulador de alimentos -cerré el pantalón y el cinturón y comencé con la corbata -gana casi el triple que yo, creo que se puede permitir ser así de amanerado.
- Vaya, qué calidad gramática, cariño -si, ahora que lo pienso, vaya forma de hablar -se nota que eres un jefazo...
- Soy un jefecillo, nada más -después de terminar el nudo, me puse la americana y volví a besar con dulzura a Sara, que aún llevaba solo los pantalones y el sujetador -te veo a mediodía, ¿vale?
- Ten cuidado con las empleadas, hazles saber que eres mío.
- Tengo pensado cómo hacerlo. Pasa un buen día, mi amor.
- Tú también -y cerré la puerta de casa bajo la atenta mirada de Nuka, aunque sabía que tardaría poco en dormirse.

   Otra vez en aquel vagón de Metro, con su dulce y embriagador aroma a sudor, tabaco y gente apretada. Las conversaciones que se escuchaban siempre eran las mismas: Que si el trabajo es una mierda, que si el Real Madrid ha vuelto a ganar, que si qué bueno que haga buen tiempo, que si fue culpa de esa zorra que volvió a casa y me echó... Espera... Esa última conversación... Miré a mi derecha y pude distinguir el cobrizo cabello de Blanca a unos tres metros de distancia. No me vio porque iba hablando por teléfono, y yo procuré ocultarme entre la gente para que siguiera siendo así. Y entonces escuché su conversación...

- Si, era Sara...
- ...
- No sé, está jodidamente loco, ha perdido la puta cabeza, tiene doble personalidad.
- ...
- La muy zorra le apoyó, pero se le notaba en la cara que no se fiaba.
- ...
- Si, no creo que dure mucho más allí metida.
- ...
- No te la juegues, tía. Pablo es un tío super inestable, a saber lo que te puede hacer...
- ...
- Vale, pero recuerda que me debes una, ¿eh?
- ...
- Si, voy a cambiarme de departamento, así no tengo que verle más. Aunque tienes razón, Fernández tiene un punto muy serio...
- ...
- Es fácil, tía. Lo hice con Pablo. Llego, enseño un poco de cacho, abro mi corazón y cuando quiera darse cuenta estaré pegándome la gran vida.
- ...
- Si, bueno, me estoy quedando corta de maquillaje, pero hacer el moratón se me da de vicio. Y llorar también. Si ya me conoces...
- ...
- Vale amor, te veo a la hora de comer. Pásalo bien.

   Salí en dirección a la oficina detrás suya. ¿Con quién cojones estaba hablando? Pero tenía una jugada maestra en la manga. Creo que, en el fondo, mi lado malvado también me influía positivamente en ciertos aspectos. Cuando llegué a mi flamante despacho cogí el móvil y le mandé un mensaje a Sara.

¿Cómo va el día, Cielo? Yo he escuchado a Blanca hablar por teléfono a alguien sobre mí. Ha confirmado que me estaba engañando, y ha quedado con su contacto para comer. Conociendo tus dotes de espionaje, ¿podrías hacer algo para saber con quién irá? Yo voy a putearla un poco en la oficina. Te amo.

 Dejando este punto claro, para evitar que tuviéramos otro problema, me acerqué al despacho de Ángel Luis. Y ahí estaba, fumándose un habano y escuchando música clásica.

- No te privas de nada, cabronazo -dije cerrando la puerta -nos puede caer una gorda si te pillan con eso aquí.
- Colega, que el jefe aquí soy yo -se rió sonoramente y se levantó, dejando el puro en un cenicero -si nos intentan joder pago mi propia multa y me fumo otro a su salud.
- Qué alegría volver a verte, amigo -abrí los brazos para que me abrazara, y él imitó mi gesto.
- Eso de venir de traje te sienta de lujo, Pablo -nos dimos un fuerte abrazo, muy masculino, sin mariconadas. Después me indicó que me sentara y él sirvió dos copas de Whisky con hielo, y las dejó sobre la mesa -se te acabó el chollo, vuelves al curro.
- Y Blanca González también -y sonreí.
- Exacto, estaba en su mesa hace un momento. Me dijo que quería hablar conmigo...
- Si, quiere cambiar de departamento -di un sorbo a mi vaso y lo dejé de nuevo en la mesa.
- ¿Y eso? ¿Cómo lo sabes?
- Porque hace dos semanas me enrollé con ella.
- Venga, no me jodas -Fernández levantó los brazos y se echó las manos a la cabeza -ibas tan de puta madre con Sara, ¿y ahora la cagas?
- No, Ángel, no te equivoques -cogí el vaso de nuevo y moví los hielos en su interior -esa zorra me embaucó y consiguió hacer que perdiera las formas.
- Hostias, tío... Cuéntame eso.
- Creo que tiene un contacto dentro de la oficina, alguien de siempre -miré por su ventanal, que tenía mejores vistas que el mío -sabe de ti y de mí, y cómo hacer que caigamos fácil para dar el braguetazo. De hecho, ella está bastante interesada en ti.
- Si no supiera quién coño eres te echaría de una patada en el culo de mi oficina -Fernández bebió de su vaso y fumó de su puro -pero joder, confío en ti más que en nadie. Esa zorra se va a la puta calle ahora.
- Tengo un plan mejor -sonreí hasta mostrar los dientes. Fernández se calló y se preparó a escuchar -según el régimen interno está prohibido tener relaciones entre empleados y también incitar a los compañeros de trabajo con una imagen o unos hábitos que susciten a mantener relaciones sexuales, ¿no es cierto?
- Has estudiado mucho, cabrón...
- Exacto. Pues bien. Confieso haber tenido relaciones sexuales con una de mis empleadas de Contabilidad, Blanca González, pero su actitud conmigo fue obscena, interesada y siempre provocativa.
- Como responsable y director que soy, Pablo Espinosa, te condeno a que te quedes un rato aquí a tomarte otro Whisky conmigo -agaché la cabeza, aceptando mi castigo -y a la señorita Blanca González la voy a despedir por quebrantar los organismos de régimen interno.
- No. He pensado que no merece ser despedida -tendí mi vaso vacío y Fernández me sirvió un Whisky doble -simplemente relegada a trabajos dignos de becario y reducir su salario, además de perder los derechos como empleada, pero siempre con el contrato presente. Así, si quiere irse, tendrá que dimitir y no te costará un duro.
- Si es que eres jefe por algo... ¡Termínate ese Whisky y consigue los balances presupuestarios de este mes!
- ¿Para ayer, jefe?
- Para antes de ayer.
- Y usted prepárese para venir a cenar a casa con Sara y conmigo. Es una orden.
- ¿Para antes de ayer, Pablo?
- Para la semana pasada.



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viernes, 7 de marzo de 2014

57. Charlando con Odio

- Venga, pasa, iré a por una toalla -Sara cerró la puerta tras de mí y salió corriendo al baño. Yo estaba encharcando la cocina después del chaparrón y tiritaba de frío. Me sentía mucho mejor, aunque no físicamente. De hecho, estornudé sonoramente cuando ella me cubrió con la toalla -¿en qué estabas pensando? Me he despertado y no estabas, y cuando te he visto ahí en la terraza hablando solo... Me he temido lo peor.
- Tranquila, por suerte ese otro lado no quiere matarme, solo joderme -me sequé el cuerpo entero y fui a la habitación acompañado de Sara, que empezó a buscar otro pantalón de pijama y una camiseta para mí -y estaba charlando con él.
- Ah... -Sara se tumbó a mi lado cuando me cambié y me miró desconcertada -¿hablas con él?
- Siempre me ataca él a mí, me busca cuando peor estoy. Pero hace un momento me encontraba perfectamente, y decidí que era un buen momento para poner las cartas sobre la mesa.
- Eso está bien... -agachó la cabeza y miró hacia otro lado.
- Sara, ¿qué te ocurre?
- Es difícil de digerir que has tenido una conversación con tu otra cara en tu doble personalidad -se acarició el rostro y volvió a mirarme -entiende que yo no sepa encajar todo esto.
- Yo tampoco sé encajarlo, yo soy un tío normal y con todo esto me han diagnosticado esta mierda -mesé mi barba e hice una mueca -también es difícil para mí. De hecho el que más lo sufre soy yo, que para eso estoy enfermo.
- Si, si, pero las enfermedades suelen pasarse con pastillas, no hablando solo en el balcón mientras te cae el diluvio universal.
- Bueno, pero hay que enfrentarse a las enfermedades y eso he hecho yo, ¿no? De una manera poco usual, pero le estoy plantando cara...
- ¿Y por qué no vas a un psicólogo? -Sara parecía muy preocupada por el tema, pero no sabía si era buena o mala señal -Ellos te tratarán mejor que tu médico de cabecera.
- Mi médico ha dicho que será temporal. Si veo que no mejora me plantearé esa opción.
- Bueno... ¿Y de qué habéis hablado? -cogió su botella de agua y bebió lentamente, para después quedársela en la mano destapada -Si es que puedes responder.
- Si, claro... -me volvió a temblar todo, sabía que estaba cerca, pero no tomé una sola pastilla. Sería fuerte -Hemos hablado un poco de la situación y de mi visión de las cosas.
- ¿Y qué opina él?
- Está creado a partir de mis miedos y de mis preocupaciones, además de ser una parte impulsiva e incluso irracional. Sus deseos son muy diferentes de los míos.
- ¿Y qué quiere de ti?
- Buena pregunta, además se la he preguntado yo a él -empecé a sentir el frío congelándome por dentro -creo que su única intención es destruir la parte más racional de mi ser.
- ¿Crees que quiere hacerse dueño de ti?
- Puede ser -cogí la botella que Sara sostenía y bebí un trago -está aprendiendo de mi todo lo que me hace daño para utilizarlo en mi contra.
- Vaya, parece peligroso...
- Lo es -miré a Sara, y ella no fue capaz de mantener la mirada -su rostro es horrible. Espero que no lo veas nunca, porque doy miedo.
- Quizá es solo producto de tu imaginación más deformada -bostezó, pero siguió hablando -es normal tener imágenes horribles.
- También hablamos de ti... -si se estaba durmiendo, rápidamente cambió de actitud y abrió aún más los ojos.
- Y... ¿qué te ha dicho de mí? -preguntó temerosa
- Bueno, no me ha dado su opinión sobre ti, la verdad, cosa que prefiero -volví a beber, había un nudo en mi estómago bastante difícil de desenredar y necesitaba lubricarlo con algo -Su objetivo soy yo. Aunque si me ha hecho interrogantes bastante buenos...
- ¿Puedo preguntarte por ellos...? -Sara no me quitaba los ojos de encima
- De eso precisamente quería hablarte... -tomé aire un momento y miré al fondo de la habitación -
- Me estás asustando...
- Sara... ¿Qué sientes por mí? -ella tragó saliva -hemos estado un tiempo separados, y ha sido un poco un monólogo lo que he hecho para recuperarte, pero no sé nada de lo que tú has hecho este tiempo...
- Pablo, ¿a qué te refieres con eso último?
- ¿Ha habido alguien más? -sus ojos no eran capaces de cerrarse, los tenía como platos, y eso no cambiaba.
- No, claro que no.
- Sé sincera, yo lo he sido...
- De verdad, Pablo, yo... -ahí fue cuando una lágrima se escapó por sus ojos y bajó la cabeza para evitar el contacto visual -si. Hubo alguien más...
- Lo sabía... -escuché una risa dentro de mí, y poco a poco sentí que quería hacerse con el control -¿por qué no me lo dijiste?
- ¡Y yo qué sé! -se separó de mí y se quedó sentada a mi lado -Estaba muy triste, lloraba todas las noches, y un día de borrachera con uno de los compañeros de piso surgió... No fue nada más que sexo, ¿vale?
- No sé por qué me lo esperaba -la miré, y ella se quedó petrificada -¡No sé por qué me imaginaba que la zorrita tenía otra polla que chupar mientras la mía estaba bien seca!
- ¿De qué coño hablas, tío? -ella rompió a llorar, y se echó las manos a la cara -¡Tú también lo has hecho!
- ¡Lo mío si fue un error, puta! -Sara se quitó las manos y en su mirada había odio -Esa zorra solo quería follarme y aprovecharse de mí, ¡pero tú lo hiciste porque querías!
- No quería, gilipollas. Claro que no quería.
- Venga, coño, te mudas a un puto piso de estudiantes de mierda hormonados y deseando pillar por banda un coño húmedo -me levanté y comencé a pasear por el cuarto -y dices que no lo querías. ¡A mí no me vengas con esas mierdas, hija de puta!
- Pablo... -se abrazó a sus rodillas y dejó de mirarme -Pablo, no eres tú.
- ¡Claro que soy yo! ¡Yo soy el que te ha abierto la puerta de nuevo y el que ha echado a la otra para que tú estés aquí!
- ¡Tú no eres Pablo, cabronazo! -Sara me miró a los ojos y me atravesó con su mirada -Eres el hijo de puta que está intentando destruírle.
- ¡Al fin la zorrita me conoce, Pablo! -si, era yo el que estaba diciendo eso -Estoy impresionado.
- Déjale en paz -se levantó de la cama poco a poco -No queremos que estés aquí.
- ¿Lo dices tú? -se apoderó de mí una risa nerviosa -¿Y a ti qué más te da lo que nos pase?
- Lo que te pase a ti me importa una mierda, te prefiero lejos -se acercó a mí y me agarró de los hombros -pero a Pablo no lo toca nadie.
- ¡Ni siquiera le has dicho lo que sientes por él! -Sara ni se inmutó, pero si cuando me cambió la voz -No me has dicho nada, y tengo miedo a que ya no me quieras...
- ¿Pablo? -me abrazó con ternura y besó mi húmedo rostro cubierto de lágrimas -¿Eres tú?
- Si, ya si...
- No. Yo no te quiero -y lo dijo mirándome a los ojos. Yo eché a temblar.
- ¿No me quieres...?
- No, Pablo. Yo te amo. Y si has hecho lo imposible por mí, yo lo haré por ti. Hasta enfrentarme a los miedos que te invaden.

   Y me besó.


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miércoles, 5 de marzo de 2014

56. Bajo la lluvia

   Estuvimos riendo durante un largo rato, sin parar, pero a ella el pudo el sueño. Cuando vi que bostezaba varias veces, la abracé y dejé que se durmiera plácidamente en mi regazo. Ella agradeció el gesto, y en poco menos de diez minutos ya respiraba profundamente. Por fin, después de todo lo que había pasado, después de tantos momentos de miedo, dolor, sufrimiento y de perder la esperanza, allí estaba ella, volviendo a dar color a las sábanas blancas de mi solitaria cama. Por fin podría despertar y que todo oliera a su perfume natural, y por fin su calor volvía a estar presente en aquel lecho. Y sonreí. Sonreí de felicidad, y una lágrima de felicidad cayó por mi mejilla mientras la miraba sonreír en sueños. Pero sabía que algo sobraba ahí, y miré a mi mesilla de noche. La luz de la calle se reflejaba en las cajas de medicamentos, pero para librarme del último escollo sabía que tenía que ir sin tomar ninguna. Y así hice.

   Me levanté de la cama procurando no despertar a Sara y caminé descalzo y solo con los pantalones del pijama a la pequeña terraza. Fuera llovía, pero no importaba. Abrí la puerta y pisé el suelo empapado y frío del balcón, y cerré tras de mi. Después me apoyé en la barandilla y miré al infinito. Yo siempre tenía que atenderle cuando venía, ¿por qué no llamarle yo? Al fin y al cabo... formaba parte de mí.

- Vaya, esto si que no me lo esperaba -apareció por la puerta, también cerrando tras de si. Comenzó a mojarse con la lluvia, y su cabello despeinado comenzó a cubrirle el rostro tal y como lo cubría el mío. Su pantalón de pijama se empapó y su torso desnudo comenzó a temblar... Como temblaba el mío.
- Al fin y al cabo, eres yo -miré de nuevo a la calle, donde los paraguas se movían de un lado a otro protegiendo a las personas del chaparrón -y también tengo derecho a reclamarte tanto como me reclamas tú.
- Bueno, en el fondo yo también tengo más derecho -se apoyó también en la barandilla y se encendió un cigarro que llevaba en el bolsillo. Me ofreció el paquete abierto para que yo también fumara, pero me negué con un gesto de cabeza -Yo no soy real, yo vivo en tu cabeza.
- Lo sé, pero hoy te estoy dando algo más de vida -empezaba a acostumbrarme al frío y al agua -porque hoy quería hablar contigo estando consciente, solo y sin estar en ninguna de tus extrañas fantasías.
- Dirás de tus extrañas fantasías -dio una calada a su cigarro y me miró con sus ojos cansados y su rostro pálido. Si de verdad ese podía ser mi rostro... puedo llegar a dar mucho miedo -porque te recuerdo que el que está hablando solo en su balcón eres tú.
- Si, y con la lluvia dejando que caiga sobre mí -el cielo era una gran nube gris, y las gotas no dejaban de caer en todas direcciones.
- ¿Y por qué aquí? -preguntó él, pasando por detrás mía y mirando a la calle -¿Es que te vas a suicidar o algo? ¿No era más fácil hablarlo en el salón o en la cocina? Así al menos podríamos tomarnos una copa.
- No, tenía que ser aquí, y bajo la lluvia -pasé mi mano por mi rostro empapado, que seguía empapado cuando traté de quitar agua de la cara -porque quería probar una cosa.
- ¿El qué?
- Que nos mojamos por igual.
- ¡Qué gilipollez! -comenzó a reírse a carcajadas mientras paseaba por detrás mía -¿Es que no ves que somos la misma persona? ¡Pues claro que nos mojamos por igual!
- Entonces, si esto es así... ¿Tú también puedes morir igual que yo? -dejó de reírse y me miró -Al fin y al cabo, eres parte de mi destruida imaginación, una enfermedad, y se puede curar. Ergo, puedes morir.
- ¿Es que eso es lo que quieres? ¿Matarme de frío?
- Dudo que el frío te mate. En todo caso puede matarme a mí, pero ya he visto que no eres inmortal.
- No me interesa que te mueras -volvió a apoyarse en la barandilla y dio otra calada a su cigarro -Mi pasión es hacerte sufrir y ser tu peor pesadilla, ¿pero matarte? Nah. No es mi estilo.
- Prefieres provocarme para que hasta mi chica me patee la cara hasta partirme un diente -y fue él quien sonrió, con la boca ensangrentada, y mostró el hueco que dejaba la mencionada herida.
- A mí el dolor me gusta, ¿a ti no?
- No, la verdad es que no...
- Bueno, te irás acostumbrando -tiró su cigarro y cogió otro, el cual encendió rápidamente -Al fin y al cabo, a esto me dedico.
- De eso venía a hablar, Pablo. Porque te puedo llamar Pablo, ¿no? -le miré y me miró extrañado -Eres yo, debería llamarte así...
- Hombre, técnicamente si soy Pablo, pero creo que podrías llamarme de otra forma para entendernos bien -qué buenas ideas tiene. Y soy yo... -Así que tú verás...
- ¿Nuka? -qué rápido puedo joder mis propias ideas -No sé, no soy muy bueno en poner nombres.
- Fíjate, me gusta -sonrió y le dio otra calada a su cigarro -Así mirarás al puto gato y te acordarás de mí.
- Está bien, Nuka... esto tiene que terminar. Y lo sabes.
- Me hice a la idea de que querrías decirme algo así. Pero no puede ser.
- ¿Qué quieres de mí, tío? -pregunté enfadado, pero él ni siquiera me miró.
- Es una gran pregunta que en este momento no sabría responderte -su cigarro, a pesar de que él estaba empapado, no se mojaba -supongo que me gusta hacerte sufrir, y es para lo que vine, pero poco a poco te voy conociendo mejor.
- ¿Qué quieres decir?
- Que ahora conozco mejor tus miedos, tus pensamientos, tus dudas... -tiró de nuevo el cigarro, y de nuevo se volvió a encender otro -poco a poco estoy más cómodo disfrutando de aquello que te puede destruir, hay de todo, y quiero más y más...
- Sabes que ahora tengo algo que me hace feliz -pensé en Sara y fue él quien se estremeció.
- Si, bueno, resulta que la chavala se ha quedado, qué suerte -su tono era de aburrimiento -felicidades, en serio, lo has conseguido, hay que reconocer tus éxitos, y después de follarte a otra y de poner en la balanza el amor de Sara contra un coñito la has conseguido.
- Fue un error, y encima me engañó...
- Admite que te lo mereces.
- Si, desde luego -agaché la cabeza -estaba luchando por Sara y me dejé llevar por el pecado.
- Me encantó verte dudar, en serio.
- Pero ahora estoy seguro de lo que siento -su rostro volvió a cambiar. Eso le afectaba -estoy muy seguro de que la persona que quiero que esté en mi cama sea Sara, y nadie más.
- Vaya, ¿y si ella quiere estar con otras personas? -giró su rostro para hacer contacto visual, y me tembló todo.
- Me lo diría.
- No tiene por qué.
- Vivimos juntos.
- Error. Vivíais juntos. Ha pasado mucho tiempo, Pablo, ¿qué te hace pensar que ella no ha encontrado a otra persona?
- Es evidente que ella está conmigo bien. ¿Dejaría alguien que quisiera a Sara vivir en esa mierda de habitación que tenía?
- Era un picadero. No todos tienen la suerte de tener casa, coche, trabajo y un porvenir...
- Si, me siento afortunado...
- Pero ella ya no te tenía, y vivía en ese antro. ¿Qué te hace pensar que esa cama que mancillásteis no estaba ya mancillada?
- Me lo hubiera dicho -volvía a sentirme seguro al hablar de Sara, y eso era muy gratificante -ha estado delante de la que era mi amante y no me ha dicho nada, yo en su situación se lo hubiera dicho tan tranquilamente.
- Venga, te doy este punto -Nuka seguía fumando como un carretero -pero tus dudas son enormes, Pablo. Son unas dudas arraigadas a lo más profundo de tu ser que yo conozco y puedo utilizar en tu contra, y las voy a hacer florecer a menudo.
- Y yo estoy preparado para enfrentarme a ellas.
- También conozco tus miedos. Sara está ahora en la cama, ¿por cuánto tiempo? ¿Y si mañana decide engañarte? ¿Y si mañana decide que no quiere saber más de ti? Pablo, oye, ¿y si Sara jamás siente por ti lo que tú sientes por ella?
- Son muchos interrogantes...
- Claro que lo son. Interrogantes que no tienen respuesta precisa y que habitan dentro de tu ser -sonrió y se señaló a si mismo -dentro de mí, exactamente. Y perfectamente mañana puedes despertar solo y no volver a verla jamás.
- Lo que ocurra mañana, que ocurra mañana -llorando miré a la calle -hoy está, y disfrutaré de su presencia.
- Qué conformista eres, Pablo... -Nuka se dirigió a la puerta y tiró del pomo lentamente -¿por qué conformarse con tan poco? ¿Por qué no soñar con tenerlo todo?
- Porque si lo quisiera todo, no disfrutaría de lo que ya tengo.
- Pero no la tienes... -un escalofrío me recorrió y tuve que agarrarme a la barandilla -ha vuelto, si, pero... ¿Has escuchado de sus labios que se vaya a quedar? ¿Que quiera volver a salir contigo? Y una última pregunta... ¿Te ha vuelto a decir lo que siente por ti?
- No, no lo ha hecho...
- Entonces tengo razón. No la tienes. Ni la tendrás.
- Esa es tu ilusión, ¿no?
- Explícate -soltó el pomo y volvió a mirarme, ahora estábamos cara a cara.
- No has aprendido de mí nada -me reí un poco -tu deseo es que yo sufra, pero no sabes que ya no soy el que fui.
- ¿Qué quieres decir, Pablo?
- Que ahora es momento de vivir al día y de sonreír. Lo que tenga que ser, será. No te niego que mis deseos sean tenerla de nuevo, pero eso no quita que ahora solo quiera disfrutar de su presencia.
- Eres un poco idiota, pero en el fondo, me caes bien -se dio de nuevo la vuelta y abrió la puerta -por cierto, Sara se ha levantado y viene de camino.
- ¿Por qué me avisas? -pregunté con curiosidad
- Para que te encuentre hablando solo -y justo cuando dijo eso, la puerta se abrió de verdad y Sara se asomó haciendo gestos con la mano para que entrara de nuevo.

   Comencé a andar hacia la puerta pero bajo mi pie desnudo sentí algo que no debía estar allí... Era una colilla.


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martes, 4 de marzo de 2014

55. Risa contagiosa

   Eran más o menos las once de la noche cuando me desperté. La oscuridad cubría la habitación, y en general la casa, y como llevaba pasando toda la semana, la lluvia golpeaba fuerte contra el cristal de la ventana, emborronando las luces de las farolas de la calle. Me erguí un poco y me apoyé sobre mis codos para observar lo que la luz de la calle me permitía ver, y me sentí solo. Mi Corazón dio un vuelco con ese frío sentimiento, y me estremecí. Cerré los ojos muy fuerte, sabía que estaba en una pesadilla, era lo que siempre me ocurría. Pero cuando esperaba un ser oscuro con mi rostro, algún poseído morderme o algún ángel con blancas alas brillantes... nada ocurrió. Y respiré tranquilo. Había estado cinco minutos ahí, esperando que algo ocurriera, pero por suerte no sonó nada más que la lluvia. Me volví a tumbar, pero de repente escuché un pequeño rumor, un susurro imperceptible, una voz que hablaba en la cocina. Y me aceleré. No podía ser, no otra vez, no quería ser presa de mi locura de nuevo. Así que me tomé una de las Tiadiponas que tenía en la mesilla de noche y me dirigí sigilosamente hacia la cocina.

- ...y entonces le pateé la cara -la voz sonaba en un tono casi inaudible, y me fui asomando poco a poco.
- ...
- No, no en ese momento -era Sara. Vestía una camiseta del Getafe por pijama y su ropa interior, pero nada más -empezó a hablarle a lo que fuera que le estuviera hablando y entonces me lo dijo...
- ...
- Tranquilo, ahora está durmiendo. Controlo la situación -¿controlar la situación? ¿Qué tenía que controlar?
- ...
- Si, si, yo te llamo si ocurre cualquier cosa -¿qué cojones estaba tramando Sara? ¿Con quién hablaba?- pero dijeron que era temporal, así que solo queda esperar.
- ...
- Descuida, estamos en contacto.
- ...
- Yo también te quiero. Chao -y colgó su teléfono móvil. Después se dio la vuelta y me vio ahí, en ropa interior, observándola, y su reacción fue gritar del susto, cosa que me pilló de sorpresa, y yo también me asusté -¡Joder, Pablo! ¡Qué susto me has dado!
- Te escuché hablar por teléfono y me acerqué -Sara se acercó a mí y me abrazó con cariño, pero miles de dudas empezaban a poner sus raíces en mi cabeza -Me sentí solo y creí que estaba en otra pesadilla.
- No estás en ninguna pesadilla, tranquilo -colocó su brazo en mi cadera y me llevó de nuevo a la habitación donde me tumbó, y ella a mi lado -estás despierto y conmigo. ¿Te encuentras mejor?
- Me he tomado una pastilla hace un momento -respondí mirando las Tiadiponas. Me ardía el estómago, no sé si por el hambre o que las dudas ya estaban haciendo mella en mi Corazón y por eso me sentía mal -así que ahora estoy más tranquilo.
- Entonces relájate, no tenemos prisa -se acurrucó en mi regazo, y yo no sabía qué pensar -Me quedé despierta todo el rato y estuve pendiente de cómo dormías.
- ¿Ha sido interesante? -¿estaba hablando ella con otro? No podía ser, no tenía sentido, no estaría aquí... Aunque Blanca lo hizo... Si, definitivamente estaba volviéndome loco.
- Si, bueno, ha sido raro... -se levantó un poco y me miró a los ojos -eso ha sonado algo borde, ¿sabes?
- ¿Es malo ser borde?
- No es lógico cuando te he estado cuidando toda la noche -su rostro cambió, ahora parecía algo enfadada -¿qué te pasa, Pablo?
- ¿Con quién hablabas? -y me cambió la cara. No era yo el que hablaba, volvía a ser él...
- Con mi padre, gilipollas -me sentía ridículo y agaché la cabeza. Una lágrima se escapó de mi ojo y cayó en la sábana, pero por suerte Sara lo vio y me abrazó.
- No sé cómo soy capaz de desconfiar de ti, Sara... -lloré en silencio, y ella me estrechó entre sus brazos -eres lo mejor que me ha pasado nunca y aún así soy capaz de seguir jodiéndote...
- No digas esas cosas, es normal que pensaras mal, ¿por qué no preguntaste antes?
- No lo sé, de verdad que no lo sé... -yo también la abracé débilmente, pero clavé mis dedos en su espalda- Lo siento muchísimo, Sara. Joder, lo siento... Perdóname...
- ¿Pero qué pasa ahora, Pablo? -le temblaba la voz. También parecía afectarle todo lo que yo estaba pasando.
- Te he engañado, te he traicionado, no me merezco que sigas aquí conmigo...
- Pablo, Pablo, tranquilo... -se separó de mi y me miró a los ojos -Ahora que estás más relajado... ¿Quieres que hablemos de eso?
- ¿Qué quieres saber? -fue lo primero que pensé. No quería dar más detalles que los necesarios.
- ¿Por qué te acostaste con ella? ¿De verdad no fue intencionado?
- Se hizo daño en el tobillo y la traje a la cama. Tuvimos que cambiarnos ambos, y por eso yo estaba casi sin vestir, y ella usó de pijama una de mis camisetas viejas -me costaba contarle algo así a la persona a la que amaba, pero ella me miraba seriamente y escuchaba con atención -mientras le hacía una cura bebimos, y se fue la luz. Entonces puse velas para poder ver, porque fue en todo el barrio, y al final surgió...
- Estaba todo preparado para que ocurriera... -Sara dejó de mirarme a los ojos.
- Yo no lo busqué. Y claro que pensé en ti, porque no podía dejar de pensar en ti. Porque no puedo dejar de pensar en ti. Y me sentía culpable, pero estaba borracho y ella tan dispuesta... Me pudo la necesidad.
- ¿Qué pasó después? Dijiste que se vino a vivir por algo de su novio...
- Su ex. Fui a buscarla a Parla, y ella venía con el ojo morado y el labio agrietado... -y me paralicé.
- Pablo, Cielo, ¿qué ocurre?
- Blanca tenía el ojo morado y el labio partido, y fue este fin de semana...
- No, Cariño -Sara agitó su cabeza -Blanca tenía la cara bien. Yo quería dejarla con el ojo morado y el labio así, pero no tenía...
- No... No lo tenía... -toma mazazo.
- Esas heridas no se curan en menos de una semana -Sara respiró hondo de rabia -¡Esa zorra te estaba mintiendo!
- Qué hija de puta... -Descubrimientos que te dejan con cara de gilipollas, volumen I -¿Por qué...?
- Esa perra quería venirse contigo de cualquier forma, y se buscó la excusa para estar contigo. ¡Como la coja la mato!
- Por eso no quería denunciar... -me sentía imbécil -porque realmente no le ocurría nada...
- Eres más tonto... -Sara me miró y comenzó a reír -¡te han engañado!
- Si, creo que las pastillas me están agilipollando -y se me contagió la risa...


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lunes, 3 de marzo de 2014

54. Sabor a sangre

- ¿Dónde tienes las pastillas? -Sara buscó por el salón mientras yo estaba tumbado en el sofá. Nuka se tumbó en mi estómago y ronroneó como siempre, pero yo no estaba para cuidar de mi gato. Estaba sufriendo un ataque de ansiedad -No las encuentro...
- En... en la cha... En la chaqueta, Sara -me costaba articular cada palabra, estaba sintiendo que mi Corazón quería explotar -date prisa, por favor, me voy a morir aquí...
- ¿Por qué debería ayudarte? -la miré, teniendo ella las pastillas en la mano, mirándome con rencor -¿después de estar con otra mientras querías volver?
- Te explicaré después... por favor... dame una...
- Y ahí está la gilipollas ilusionada porque todo parece volver a la normalidad -empezó a pasear frente al sofá mientras me retorcía angustiado, ya empezaba a sudar -cuando el subnormal de turno se estaba haciendo otros planes por si salía todo mal, ¡y sin cortarte un pelo te la has traído a casa!
- No tenía dónde ir... te juro que te lo explicaré... ¡no me hagas esto! -empezaba a ahogarme y a llorar, de forma nerviosa. Sentía que me iba a dar un infarto ahí mismo.
- ¡Déjate de idioteces, Pablo! -me gritó y tiró las pastillas a la cocina. Vi cómo volaban sobre mi cabeza casi a cámara lenta, mi salvación giraba en el aire hasta chocar contra alguna pared -Me he sentido utilizada, como nunca nadie me ha utilizado jamás.
- Necesito... una pastilla... -rodé y me dejé caer del sofá. Nuka, con su natural habilidad gatuna, saltó de mi estómago a la mesa de café y de ahí al suelo, y curiosamente hizo lo nunca visto: se erizó y bufó a Sara, que dio un paso atrás.

   Y de repente me vi tirado en un suelo marmóreo, iluminado por velas azules, y a mi derecha estaba ese gran altar. De nuevo, en mi sueño, pero estaba despierto. Lo sentía como si fuera real. El frío se adueñó de mi cuerpo malherido y temblé con violencia. Me di la vuelta y vi a Sara, si, pero de sus brazos y hombros había unos hilos, y encima de ella, volando con sus oscuras negras, estaba él... Bueno, yo. Si es que a eso lo podía llamar "yo".

- ¡Basta ya! -mi grito estaba ahogado por el sabor a sangre de mi boca y mis nulas fuerzas -¿por qué quieres matarme, hijo de la gran puta? ¿No has tenido suficiente con dejar que me atropellaran en la puta Gran Vía, eh?
- Lo pensé después, la verdad -mi otro yo sujetaba los hilos con habilidad, de hecho parecía que Sara hablaba, pero no sonaba nada -si te hubiera matado ahí... ¡me hubiera perdido todo esto!
- Juro que acabaré contigo -me di la vuelta como pude y empecé a arrastrarme, buscando algo que me pudiera ayudar.
- Jurar, jurar... ¿Quién eres tú para jurar nada? ¡Eres capaz de sustituir al amor de tu vida por una cualquiera! -sabía que me seguía, y que hacía que Sara me siguiera.
- No la sustituí, subnormal. ¡No esperaba todo esto! -cada vez me costaba más arrastrarme, y sentía cómo iba dejando un rastro de sangre por donde iba -Compartimos un sentimiento, y una necesidad, ¡pero yo no dejaba de pensar en Sara!
- ¡Eso es mentira, bastardo! -sentí un puntapie en el costado y como una costilla crujía -Te estuviste planteando dejarla desde que Blanca apareció.
- ¿Pero cómo no me lo voy a plantear? -a lo lejos vi un cáliz en el suelo, y me fui acercando poco a poco -Estaba luchando por mí, la traje a mi casa porque su novio la maltrató y Sara parecía reticente, ¡pero sólo me lo planteé! Iba a convivir con ella y ante todo surgen dudas, joder...
- Y me encantaba sentir tus dudas, Pablo -ese ser seguía parloteando, pero sentía su voz más lejos, cuando casi había alcanzado el cáliz -era gratificante verte sufrir porque no sabías qué hacer. ¡Y Blanca se acaba de ir y seguro que la echas de menos!
- Eres del todo imbécil -y de nuevo sentí un puntapie, esa vez en la boca, y noté uno de mis dientes partirse sonoramente en mi boca. Sangraba, y mucho.
- Me encanta jugar con Sara, llevar los hilos y ver cómo te destruye -su risa retumbó por toda la estancia, y entonces encontré una de mis pastillas al lado del cáliz, y fue acercando la mano ensangrentada hacia ella -¡se ha convertido en mi mejor aliada!
- ¡Déjala! ¡Deja a Sara ya, bastardo! -me di la vuelta y me metí la pastilla en la boca, y bebí del cáliz para tragar mejor -¡Ella me ha defendido!
- Quería quitarse a esa zorra de encima antes de deshacerse de ti -Sara seguía hablando sola sin emitir ni una sola voz, pero mi otro yo bajó hasta quedar a su lado -y ahora te estoy haciendo pedazos con ella...
- Si me quieres a mí, mátame a mí, pero déjala en paz -me erguí como pude y me quedé sentado en el suelo -esto es entre tú y yo.
- Bien, entonces dime... ¿Quieres morir rápido o lento?
- Que sea rápido -acepté mi destino. Él estaba armado con su espada y yo solo tenía el cáliz del que había bebido para tragar la pastilla.
- Pobre diabla -mi otro yo acarició su rostro, aunque ahora la cara de Sara era de preocupación -es guapa, ¿verdad?
- Es preciosa, lo mejor que me ha pasado -ella abrió los ojos al oír eso, si es que podía oírlo -daría mi vida por ella, la amo con todo mi corazón y la única forma que tengo de que dejes de joderla es que me mates. Así que vamos, hazlo.

   Sara desapareció tragada por las sombras del lugar. Dejé de verla en cuanto mi otro yo desenvainó su espada y caminó hacia mi maltrecho cuerpo. Cuando llegó hasta mí, apuntó su hoja a mi pecho y puso su afilada punta sobre mi corazón, y fue empujando poco a poco. Yo me dejé caer a la misma velocidad al suelo y sentí mayor presión. La mirada de mi otro yo era de triunfo, de satisfacción. Por fin iba a conseguirlo, por fin iba a matarme, y esta vez sujetó el mango de su arma con las dos manos, preparado para ensartarme. Yo cerré los ojos, sabía mi destino, lo acepté... Y sonreí. Sabía que Sara se sentiría mejor si yo desaparecía. Me había portado como un ser horrible y despreciable, ¿qué mejor castigo que éste? Ahora solo quedaba esperar, y cerré los ojos...


   Sentí un golpe en el rostro, y con el calor en la mejilla abrí los ojos de nuevo. Mi otro yo miraba a todas partes, y yo volví a sentir el golpe, pero en la otra mejilla, y su rostro se movió al compás del mío. Con el tercer golpe se le cayó la espada, y con el cuarto cerré los ojos dolorido... y los volví a abrir tirado en mi cocina. Sara estaba llorando encima mía, dándome de bofetones. Sentía el dolor agudo en las costillas, y el sabor a sangre en la boca y el diente roto cayendo lentamente por mi lengua, de camino al esófago... Y cuando se atrancó en mi garganta y sentía que me ahogaba, me incorporé con violencia y tosí con fuerza, haciendo que el diente saliera disparado contra el suelo, seguido de una considerable cantidad de sangre. Respiré hondo... y Sara me abrazó llorando.

- Lo siento, lo siento, lo siento, joder... -apenas podía hablar, y notaba que mi camisa empezaba a estar empapada de lágrimas -estás vivo, joder, pensé que te perdía de verdad... Siento haberte pegado, estaba rabiosa, pero no sabía qué más hacer -balbuceaba, le costaba respirar -y cuando has dicho que me amabas me he dado cuenta... lo siento muchísimo, joder... ¡Pablo, por Dios, háblame!
- Necesito... necesito... -Sara me miró a los ojos. Se estremeció. Debía tener una cara horrible... -necesito descansar.
- Te llevo a la habitación. Vamos. Te voy a cuidar, estarás bien, te lo juro... -y me ayudó a levantarme para llevarme a la cama.


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martes, 25 de febrero de 2014

53. Hora de salir

   De todas las magníficas ideas que has tenido a lo largo de tu vida, Pablo Espinosa, esta es la que podría doctorarte con honores en la Universidad del Retraso Mental Avanzado. Pero para qué mentir, me has impresionado. Esto es algo divertido para mí, porque lo que vas a vivir hoy es puro sufrimiento, y qué cojones, seguramente esta noche y durante muchas más dormirás solo. Bueno, solo no. Dormirás conmigo. ¿Crees que una mierda de pastillas te van a salvar de mí? No, amigo, no. Estás muy equivocado. Las drogas me potencian, y que te dejen más gilipollas de lo que ya eres solo me beneficia. Estás perdido, Pablo...

- Joder, ¿quieres callarte de una puta vez?
- Esto... Solo le dije que era un euro con treinta y cinco... -el farmacéutico me miraba asustado. Pero no tanto como Sara.
- Oh, eh... -me acerqué al hombre que me atendía bajo la mirada de toda la Farmacia -sufro de doble personalidad. Mi doctor dijo que era temporal, lo siento muchísimo.
- Tranquilo, no pasa nada -metió el medicamento en la bolsa y me la dio junto con el cambio, y me marché de aquel lugar seguido por Sara, que seguía estupefacta.
- ¿Qué cojones te ha pasado? -abrí la puerta del coche y la miré queriendo aparentar que no me pasaba nada, aunque si me pasaba
- No sé, supongo que estaba escuchando a la gente de alrededor y me puse nervioso -la mentira no se te da nada bien, amigo mío -Estas jodidas pastillas me están afectando.
- ¿Y cuándo podrás dejar de tomarlas? -ambos cerramos la puerta y metí las llaves en el contacto.
- Cuando me sienta mejor. Espero que dentro de poco...

   ¿Dentro de poco? Ya te gustaría, pedazo de subnormal. Vas a vivir pegado a esas pastillas, vas a vivir conmigo, ¡vamos a ser muy buenos compañeros de piso! Tú y yo, juntos, peleando siempre. ¿Te imaginas las escenas cotidianas? Eso si, tú serás la mujer. Y te azotaré cuando te portes mal. Y siempre te estás portando mal...

- Más te vale que te calles o te juro que vas a pagarlo. ¡No me voy a dejar vencer por ti!

   Ah, ¿no? Pablo, Pablo... Yo hace mucho que gané, hace mucho que te gané. ¿No lo ves? Estás hablando solo, gritando a la luna de tu coche y a punto de atropellar a dos viejos que están cruzando el paso de peatones. Esta te la aviso, a la próxima no.

- ¡Joder, Pablo, frena! -y frené a milímetros de la pareja de ancianos. Sara estaba agarrada donde podía, y yo respiraba de forma acelerada -¡Nos vamos a matar como sigas hablando solo y haciendo estupideces!
- Necesito una pastilla... -cogí la caja y me tomé una Tiadipona. Me sentí más tranquilo al instante, quizá por la costumbre.
- En serio, Cariño, esto es grave...
- El doctor me ha dicho que es temporal. Me tomaré otra, mejor -recordé que en casa esperaba Blanca y me tomé otra más. Necesitaba sentirme drogado.

   Drogadicto. Eres un drogadicto. Toxicómano, adicto, un yonki. Oh, si, me encanta, te has degradado al máximo, ¡has conseguido excitarme! Venga, Pablito, sube a casa, este momento será épico. Yo te llevo hasta la puerta y abro, no te preocupes. Mira a Sara, qué sonrisa, me encanta verla así de feliz... Se va a llevar una verdadera decepción, y lo sabes. Mírala, te está acariciando el rostro preocupada. ¿Sabes por qué? Porque me está viendo a mí. Venga, que llega el gran momento... Deja que lo disfrute en primera persona... Serás tú el que lo haga todo. Adelante, entra.

- Sara, antes de abrir -recobré el conocimiento justo cuando metí la llave en la cerradura -antes de entrar, quiero que me prometas que, pase lo que pase, esto no ha sido algo que he buscado.
- ¿A qué te refieres, Pablo?
- A esto... -y abrí -Hola Blanca, he llegado, y traigo visita.
- ¡Ah, hola! -su voz sonó en el descansillo, y cuando miré de nuevo a Sara estaba pálida -¿quién es?
- Es Sara -esa no era mi voz, ese no era yo... -y ha vuelto a casa.
- ¿Quién coño es esa, Pablo? -Sara no quería entrar.
- Ah, si, se me olvidó comentarte que me la he estado follando estos días que tú no estabas -¡no! ¡Ese no soy yo! Recupera el control... -te repito que no lo he buscado, Cielo. Pero quiero solucionar este entuerto, y para eso necesito que pases.
- Estás loco, Pablo -Sara me miraba a la cara, y veía en mí mi gran problema.
- ¡No, Sara, es solo temporal!
- ¿Qué es temporal, Pablo? -Blanca entró en escena. Recordadme que apuñale a mi doctor repetidas veces con un bisturí.
- El médico me ha diagnosticado doble personalidad temporal debido a mis actuales problemas emocionales -me apoyé en el marco de la puerta y respiré hondo. Las pastillas no estaban funcionando -os pido amablemente a las dos que os sentéis en el salón y que me escuchéis, tengo que hablar con vosotras.

   ¡Bueno, par de zorritas! Bienvenidas a mi guarida. Ese par de chochos bien follados va a escuchar lo que digo ahora mismo porque aquí manda ni nabo grande y jugoso, el cual las dos os habéis comido con ganas. El gilipollas aquí presente se cree un héroe juntándoos a las dos gatitas para que luchen por él, pero lo divertido es que os veo las caras y solo siento odio. Personalmente a mí el odio me la pone muy dura, y solo tengo la tentación de meteros en la cama y montarme un trío tan épico que no os olvidéis de mí jamás, pero...

- ¡Joder, basta ya! -grité y me eché las manos a la cara, bajo la mirada de Sara y Blanca, que no podían creer lo que oían -Eso no soy yo, las pastillas no están haciendo efecto, y para nada es lo que yo pienso.
- Así que para eso me has traído aquí -Sara se cruzó de brazos y miró a un lado -para ver si con un poco de llantina y de intentar quedar bien podías llevarnos al catre a las dos, porque vamos, mucho no te ha costado...
- ¡Para nada, Sara! -aparté las manos de mi cara y golpeé la mesita, que dio un bote y sobresaltó a las dos chicas y a Nuka, que pasaba por allí -Venía a dar una sencilla explicación de lo que ha ocurrido durante este tiempo y arreglar todo esto.
- Pues estoy esperando, Pablo -Blanca seguía cruzada de brazos mirándome desde una esquina.
- Vale, empiezo. Si de repente digo algo fuera de lo común, no soy yo. Sabéis como soy, y sabéis que no soy capaz de decir nada como lo que he dicho hace un momento, es efecto de las pastillas.
- Que empieces, tío -Blanca gritó, y a esto reaccionó Sara mirándola.
- ¿Te quieres calmar? -¡me estaba defendiendo! buena señal -Tiene problemas, ¿vale?
- Si, ya te digo que si los tiene. No sabe con quién ha estado jugando...
- Espera, espera, ¿eso es una amenaza? -Sara se levantó de su asiento -Espera... Yo te he visto antes...
- Vivo por Fuentebella, claro que te sueno -cosas de parleñas. Y yo ahí, mirando, luchando contra aquello que se hacía sitio por salir -y este gilipollas nos ha engañado a las dos.
- Cuidado con lo que dices, guapa -Sara me miró de nuevo -Te habrá engañado a ti, pero a mí este no me torea, y en cuanto lo haga me largo.
- Sara, me dejaste cuando Susana me besó, y eso por suerte ya lo hemos hablado. Pero después estuve mal, muy mal. Necesitaba las pastillas a todas horas, solo era capaz de ahogarme en lágrimas, y cuando solucioné el problema con Fernández y me ascendieron ella era una de mis empleadas. Y entonces un día entró en mi oficina provocando con esas tetas que tiene y ese culo y me la puso enhiesta. ¡Mírala! ¿No te la follarías? ¡Yo lo he hecho!
- ¡Pablo! -Sara me sacó del trance, y lloré. Acababa de hacerlo de nuevo.
- Así que eso era, ¡solo me querías para follar! -Blanca se metió en la habitación sin cerrar la puerta y empezó a meter sus cosas en la mochila.
- ¡No, Blanca! No era solo eso -miré a Sara -yo te echaba de menos, yo te quería, y te quiero, pero ella vino a casa y me conquistó... No sé cómo pasó, pero me vi en la cama con ella y todo parecía indicar que tenía que pasar, ¡pero ella era solo una amiga! ¡Le conté lo nuestro y me aconsejó seguir adelante!
- Espera, espera, ¿ella sabía de mi existencia? -Sara ya estaba enfadada, pero ahora estaba rabiosa. Se levantó y miró a la habitación -Y aún sabiendo que yo estaba en su vida, que había una persona, ¿fuiste tan zorra de venir a por él?
- ¡Me invitó a cenar! ¡Y yo tenía novio! -Blanca salió de la habitación y le gritó a Sara. Mala idea, Blanca.
- ¿Y teniendo novio eres tan guarra de meterte en su cama? Dime Cielo, ¿cómo ocurrió? -si algo me estaba ayudando a salir adelante era saber que Sara estaba conmigo.
- Bueno, cenamos juntos, se me cayó el batido encima y cuando me estaba duchando para quitármelo ella se resbaló limpiando y se hizo daño en el tobillo.
- ¡No me jodas! ¿Y caíste en esa mierda? -empezó a reírse sonoramente. Blanca parecía muy enfadada, y yo empezaba a asustarme -"Oh, Pablo, estoy herida, ayúdame, mi hérore..." Cariño, a veces eres muy pavo.
- ¿De qué coño vas, hija de la gran puta?
- ¡Chicas, silencio! -grité yo, y muy alto. Nuka estaba escondido detrás de un mueble y temblando. Me acerqué a él y lo acaricié un instante. Ronroneó y lo cogí para llevarlo a la habitación y cerrar la puerta. No se merecía sufrir esto -La ocasión nos invitó a ambos a dar el paso, y después de problemas con su ahora ex, me la traje a casa porque no tiene dónde vivir.
- Espera, que esta también me la sé -Sara se levantó y se acercó a Blanca -No tienes dónde vivir, pero llamaste a Pablo para que te recogiera, le lloraste un poquito y con la excusa de que ibas a buscar dónde vivir te viniste aquí. ¿Me equivoco?
- Yo quería buscar un sitio donde vivir, pero fue él quien me lo propuso -Blanca era notablemente más alta que Sara, y se acercó un poco más haciendo que ésta tuviera que levantar la mirada -y tenía la esperanza de que no aparecieras nunca más para quedarme con él.
- Pues mira dónde estoy, zorra -Sara sacó la mejor de la sonrisas y le dejó paso hacia la puerta -y tú estás en el sitio equivocado.
- Eres un cabrón, Pablo -Blanca cogió su mochila del suelo y se dirigió a la puerta -has jugado conmigo como te ha dado la gana.
- No estaba seguro -bajé la cabeza -y tenía miedo por si no volvía a sentir lo mismo por ella -en ese momento cogí la mano de Sara -pero poco a poco me he dado cuenta de que ella es la persona a la que amo. Y quería solucionar esto cuanto antes. Mejor ahora que cuando hubiera avanzado más y te hubiera hecho falsas ilusiones...
- El loco y la zorra juntos de nuevo en su puto agujero de mierda -Blanca abrió la puerta de casa y echó un vistazo a todo, además de escupir en el suelo -pediré el traslado a otro departamento ahora mismo. Has sido lo peor que me ha pasado en la vida.
- Eh, zorra, ya sobras aquí -Sara se dirigió a la puerta y la fue cerrando -no nos vuelvas a molestar, ¿vale? ¡Suerte! -y cerró la puerta en sus narices.


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lunes, 24 de febrero de 2014

52. Romper con todo

- Bienvenido a mi pequeño infierno -dijo Sara cuando me llevó a su habitación, si es que se le podía llamar a eso "habitación". Una cama bastante pequeña y deshecha, aunque acorde al tamaño de su dueña, una mesa con dos sillas de plástico y un armario con la puerta rota decoraban un cuarto cuya ventana daba al patio interior de un bloque en medio de un barrio oculto -no es mucho, pero es íntimo.
- ¿Íntimo? Yo diría que es más bien pequeño...
- Estoy pagando una miseria para estar aquí, y encima tengo Internet con el precio. ¿Qué más puedo pedir?
- Puedes pedir mucho más, Sara -me senté en una de las sillas que crujió cuando apoyé mi peso en ella.
- Me conformo con esto, la verdad. ¿Qué quieres de comer? Puedo prepararlo ahora mismo...
- ¿No quieres ir a comer fuera? -dije, mirando alrededor. Sentía que si hablaba muy alto me escucharían todos los vecinos del edificio.
- Me apetecía estar contigo aquí, espero que no te importe... -se sentó en su cama y me miró. Por suerte parecía estar tranquila, y no quería cambiar eso.
- No, no, está bien. Pero pidamos algo de comer, ¿te parece?
- ¡Comida china! -Sara se levantó alegre y se dirigió a la puerta -iré al salón y usaré el teléfono fijo para pedir. ¿Lo de siempre?
- Si, claro, lo de siempre -sonreí y se marchó devolviéndome la sonrisa. Justo en ese momento, sonó mi móvil -¿dígame?
- Hola Pablo, soy yo -escuché a Blanca entre los ruidos de una cocina en plena actividad -la comida está casi lista, ¿qué te han dicho en el médico?
- Luego te cuento, voy a comer con Ángel Luis... Siento no haberte avisado antes.
- Vaya... tranquilo, lo guardaré para la cena -su voz sonaba triste después de la noticia -te lo guardaré para cenar.
- Perfecto, muchas gracias.
- Luego nos vemos, adiós -colgó el teléfono sin dejarme siquiera despedirme. Me sentó bastante mal, la verdad.

   Sara volvió al rato y dijo que no tardarían mucho. Estuvimos charlando sobre su despido, y me dijo que no le importaba, que esa mañana había estado echando algunos currículum en los establecimientos cercanos a ese barrio y que antes o después la llamarían por su experiencia. Parecía algo preocupada por ese tema, aunque yo conocía bien a Sara y sabía que estaba preocupada por algo más que por no encontrar trabajo.

- ¿Qué te ocurre? -pregunté con preocupación y me senté con cuidado a su lado en la cama. Crujió también, al igual que la silla.
- Bueno... Mira alrededor -no costaba mucho hacerlo, con nada podías hacer un recuento de lo que ahí había -no estoy acostumbrada a esto. Solía estar en una casa, con todo lo que tiene sin tener que compartirlo con dos tíos raros y una lesbiana, y solía dormir en una cama grande, y acompañada...
- Después de todo -miré a la cama, y después a Sara -la cama es más pequeña, pero la compañía con la que dormías está contigo.
- Si... Pero entiende que aún me cueste confiar en ti.
- Sara, te he dicho la verdad -no era capaz de mirarme a los ojos, pero estaba claro que me estaba escuchando -nunca te engañé y nunca quise hacerte daño. Todo fue un asqueroso malentendido, una zorra que lo planeó todo...
- Mírame a los ojos, Pablo -otra vez me sentí atravesado por su mirada vidriosa por las lágrimas -Mírame y júrame que no me engañaste con ella.
- Sara, te lo juro -temblé un poco al principio, pero eso si lo puedo jurar. Nunca la engañé con Susana, y técnicamente ahora no estábamos juntos, así que tampoco era engaño -Créeme, por favor... -y yo también me eché a llorar.

   La balanza se inclinó un poco más. No podía evitarlo, era imposible. Lo que yo sentía por Sara no podía cambiar de la noche a la mañana. Lo que luché, lo que viví... Todo eso hizo mella en todo mi ser y me hizo sentir de nuevo tan enamorado de Sara como siempre había estado, me sacó del estado de trance en el que me encontraba. Eso... y su beso. Su beso que me devolvió a la vida y, definitivamente, decantó mi balanza del todo. Blanca no sabía besarme como Sara lo hacía. Me tumbó sobre aquella cama y se sentó encima mía. De nuevo sentí aquel fuego que solía atraparme cuando ella me dominaba, cuando ella tomaba control de todo lo que nos unía, y me dejé llevar. Retiré su camiseta y ella tiró de mí hasta dejarme sentado y quitarme la mía. Todo el tiempo que habíamos pasado separados se reflejó en un momento de pasión. Quería ponerme encima, pero no había manera. Entre el tamaño de la cama y que Sara demostró todo lo salvaje que podía ser, no era capaz. Me quitó los pantalones y se quitó los suyos, estaba muy delgada, pero yo también, y cuando ya se nos iban las manos llamaron a la puerta de la habitación. Ella gritó con rabia y me arañó en el pecho, llegando incluso a hacerme sangre. Se levantó y abrió la puerta, sin más.

- ¿Qué coño quieres? -exclamó en alto al tipo con gorra en la puerta.
- La comida... -levantó una bolsa con miedo y Sara la cogió con violencia. Se dio la vuelta para dejarla en la mesa, haciendo que la mirada del repartidor se posara en su trasero y en mi evidente erección bajo mi ropa interior -son dieciséis con ochenta...
- Toma -ella le dio un billete de veinte euros y cerró la puerta en su cara -¡quédate el cambio!
- Cielo, tu mala hostia me pone... -la miré y se volvió a sentar encima de la ya mencionada erección que encajó bastante bien en lo poco que cubría su tanga.
- Ah, ¿si? -me agarró del cuello y se acercó a mí rostro, mientras que con la otra mano iba quitando mis calzoncillos del camino que seguía mi erección -pues demuéstralo.

   Me agarré a sus caderas, sabía que venía el vendaval, y ella comenzó a moverse lentamente. No dejaba de mirarme, ni de morderse el labio. Sus movimientos empezaron a describir curvas, era como si bailara encima mía, y yo empezaba a perder la cabeza. Cuando me levantaba para intentar besarla, ella hacía fuerza en mi cuello que mantenía agarrado y me dejaba tumbado de nuevo. Su sensual movimiento de cadera cambió, ahora saltaba poco a poco para salir y entrar un poco, y cuando quise darme cuenta estaba moviendo yo también las caderas bajo sus gritos de placer y los crujidos de la maltrecha cama. Cuando no pude más la levanté en volandas y la tiré sobre la cama, la cual sentí que se rompía un poco con el golpe. Arranqué su sujetador y su tanga y ella mi ropa interior. Nos había dominado la bestia, y volví a entrar salvajemente agarrándola de las muñecas y mordiendo su cuello con el correspondiente grito. Yo no me andaba con gilipolleces, yo embestía con fuerza y ella parecía agradecerlo, aunque me devolvió el mordisco en el cuello y en el labio haciéndome sangre de nuevo. No recuerdo cuanto tiempo estuve ahí, pero en cuanto ella se sintió aprisionada me tiró al suelo y se lanzó con un salto desde la cama sobre mí. Yo la cogí al vuelo y la levanté en volandas, cosa que ella no se esperaba. De ahí la llevé contra el armario y cogida en brazos seguí con mis embestidas. Sara gritaba de placer, y yo también. Sus arañazos eran profundos, pero no me importaba, yo seguía golpeando con fuerza. La dejé caer y la di la vuelta para seguir por detrás, cogiendo sus muñecas y poniéndolas contra las puertas del armario para que no se moviera. Seguimos y seguimos hasta que nuestros gritos nos indicaron que estábamos a punto de llegar, y así fue. Terminamos a la vez contra aquel armario cuya puerta, al apartarnos, terminó de caer.

- Necesitaba esto -Sara comía desnuda en la mesa, y yo con ella
- Dímelo a mí, que estoy sangrando...
- Ya sé que soy muy bestia, te he dejado fino con los arañazos -miró mi espalda y pasó su mano por toda ella. Cuando quitó la mano estaba empapada en sangre y se limpió con una servilleta -debería curarte eso.
- Ahora nos damos una ducha, tranquila.
- Mi pregunta ahora es... -miró a la habitación -¿cómo explico yo esto?
- Pagaré yo los desperfectos -la cama partida por la mitad, el armario destrozado y los vecinos mirando por la ventana con una mezcla entre curiosidad, miedo y morbo.
- Oye, Pablo -Sara y su dulzura siempre podían conmigo -¿podría dormir esta noche contigo?
- Pues... -recordé las palabras del doctor y sonreí -haz la maleta, quiero que vuelvas a casa.



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domingo, 23 de febrero de 2014

51. Sin cita previa

   Me levanté de la cama aquella mañana tan nublada como mis pensamientos. Blanca dormía desnuda en mi cama, y yo me puse los pantalones de pijama que tenía en el suelo. Volví a dormir bien, y eso era un alivio, después de todo, pero esa precisa mañana yo no pensaba en eso. Lo que hice fue coger mi móvil y dirigirme a la pequeña terraza. Hacía frío, y yo solo tenía puestos unos pantalones, pero me daba igual, tenía que hacerlo. Tenía que darme una dosis de tortura y era la forma más rápida. Miré mi móvil y busqué su nombre en la agenda. Fui recorriéndola poco a poco con el dedo hasta que llegué a la "S" y la encontré.

- Buenos días, preciosa -dije, con la voz bastante afectada por el alcohol y los gritos de la noche anterior -¿cómo te va la mañana?
- Buenos días -respondió ella, con un tono de voz alegre -me has pillado a un rato de entrar al curro. ¿Qué tal has dormido hoy? Se te nota algo afónico.
- Hoy he dormido algo mejor, por suerte para mí -su voz me hacía sentir vivo, el calor que sentía cuando me lo decía en la cama, y no por teléfono -pero bueno, me encuentro algo mal, así que hoy iré al médico a ver qué me dice.
- En cuanto sepas algo, llámame, ¿vale? -sonaba preocupada, y que se preocupara por mi (como creo que ya he dicho varias veces) me hacía sentir mejor.
- Claro, claro. ¿Qué tal has dormido tú?
- Llevo un tiempo sin apenas dormir, Pablo -era algo que noté, pero tampoco quería entrar mucho al trapo -le llevo mucho tiempo dando vueltas a tantas cosas que... No sé, no soy capaz de pegar ojo.
- Te comprendo perfectamente, estoy igual, por eso voy al médico hoy.
- Oye... ¿quieres que nos veamos hoy después del médico? -parecía una niña pidiendo un caramelo, y yo me derretía a pesar del frío.
- Claro, me encantaría. ¿Hoy no trabajas? 
- Me han despedido... El día del partido no fui a trabajar, y terminaba el contrato el día que comimos juntos. Prefirieron no renovarme... 
- Lo siento muchísimo, Sara... -estaba bastante preocupado, para qué mentir -¿y qué tienes pensado hacer?
- No lo sé, de verdad que no. Luego hablamos, voy a entrar a por algunas cosas al Paro. ¿Me llamas cuando salgas del médico? 
- Claro Cielo -cagada enorme -luego te aviso.
- Pasa un buen día, Amor.

   Colgó ella. Y me dejó colgado a mí. De nuevo, bajo la capa de nubes de mi amada Madrid, la balanza se había vuelto a equilibrar, y de nuevo había cambiado de lado de forma drástica. Me quedé un rato enorme ahí mirando al infinito cuando la puerta se abrió. Blanca, rascándose los ojos y vistiendo mi camiseta de pijama, me sacó del trance.

- ¿Qué haces ahí, Pablo? -dijo cuando me vio -hace mucho frío.
- Quería ver cómo estaba el día -claro que si, campeón -y despejarme un poco. Hoy iré al médico, pediré cita de urgencia.
- Está bien... ¿Pero qué te ocurre?
- Nada, que me quedé sin pastillas.

   Me metí en la ducha y me quedé mucho tiempo ahí. Estaba bastante relajado, tranquilo, y necesitaba un poco de paz. Me había metido en una situación bastante jodida de superar, y lloré. Lloré en silencio para no llamar la atención de Blanca, que estaba haciendo el desayuno en la cocina. Cuando conseguí calmarme terminé de enjabonarme y me vestí. Y después de un delicioso desayuno bajé al garaje y me subí al coche en dirección al médico. Por suerte, cuando llegué y pedí cita, tenía un hueco libre.

- Buenos días, Pablo -mi doctor me conocía bien, eran muchos años pasándome consulta -qué, ¿cómo van esos terrores nocturnos?
- Mire, de eso venía yo a hablarle. Hace dos noches me desperté en medio de la Gran Vía después de una horrible pesadilla, y casi me ve en la morgue y no aquí.
- Joder, eso no es bueno -el médico abrió los ojos como platos -dime ¿qué viste en esa pesadilla?
- Era mi propia voz poniéndome a parir. No sé, estoy asustado.
- ¿Tomas las pastillas? -dijo mientras anotaba rápidamente en su ordenador
- Bueno, hasta hace un par de semanas si, pero dejé de tomarlas porque me encontraba mejor...
- Vaya... ¿Estás pasando por alguna situación emocional de tensión? -si, mi doctor me conocía.
- Es una historia muy larga. Todo mi mundo se vino abajo en menos de diez minutos pero poco a poco lo estoy reconstruyendo, aunque ahora... Ahora me encuentro en una encrucijada.
- Eso suena a mal de amores.
- Lo es. Mi pareja me dejó y cuando tengo la oportunidad de arreglarlo aparece alguien que me hace sentir si no igual, mejor que ella. 
- La hostia, ¡con lo bonito que es tener una sola mujer en la vida! 
- Suerte que tendrá usted.
- Desde luego. Con mi novio no me pasan estas cosas.
- ¿Novio? -eso me descuadró.
- Si, bueno, estoy casado con mi chico, todo de lujo, y eso que pasé por algo similar, pero no estamos hablando de mí.
- Qué suerte tiene usted...
- Sin duda. Creo que usted tiene un problema grave, Pablo, un principio de doble personalidad, pero creo que es algo temporal -el doctor miró la pantalla de su ordenador y tecleó de nuevo -lo que debes hacer, hasta que solventes tu problema emocional, es seguir tomando las Tiadiponas. Lograrás mantener una estabilidad y podrás dormir. Pero deberías plantearte en tomar una decisión, y rápido.
- Gracias, doctor.
- Para eso estamos.
- Y sabiendo que usted pasó algo igual... ¿Qué me recomienda?
- Bueno, en eso... -cogió la receta, la firmó y la selló -Mi decisión fue sencilla. Tenía a los dos delante, los miré y supe con quién quería estar.
- Eso es muy arriesgado...
- Desde luego. Pero cuando lo haces, te sientes más tranquilo. Te lo aseguro.
- Gracias otra vez.
- Anda, recupérate.



jueves, 20 de febrero de 2014

50. Tú y yo

   Llegamos a casa después de cruzar de nuevo el centro de Madrid. Pasé antes por una gasolinera para alimentar a la bestia, ya que había hecho bastantes kilómetros y bastante rápido, y ya pedía algo de comida. Lo aparqué en el garaje y subí la mochila de Blanca mientras ella me seguía en dirección al ascensor. Lo que había en su interior podría describirse como una olla a presión de sentimientos. Mi capacidad analítica se había ido al carajo cuando la miré al salir del coche. Era muy extraño, no sabía cómo se sentía ni cómo podía hacer que se sintiera mejor. En el fondo de su ser si había alegría, pero también había dolor. Era tan extraña la mezcla de sentimientos que cuando la dije que ya estábamos llegando me sonrió con ganas, pero estaba llorando. No sabía cómo actuar.

   Cuando llegamos a casa Nuka me maulló desde el sofá. Solía hacerlo cuando venía solo o cuando quien me acompañaba era un habitual, como si viviera allí. Eso me sacó de sitio. ¿Cómo era capaz Nuka de maullarle así a Blanca? Si solo la había visto una vez... Llevé sus cosas a la habitación, y cuando volví se había tumbado en el sofá, y entonces si que me sorprendí: Nuka, el "valiente", se había tumbado en el estómago de Blanca. Ella mientras acarició su lomo, y el gato no hacía más que ronronear. No me lo podía creer.

- Nuka, hora de cenar -dije mientras vaciaba una lata de comida de gato en su cuenco y le rellenaba el del agua -deja que Blanca descanse.
- Venga, pequeño, luego te acaricio un rato más -Nuka le lamió la nariz y se dirigió a su comida -es un amor de gato.
- Mi fiel compañero de piso -me senté a su lado y ella instintivamente se acomodó sobre mí, apoyando su cabeza en mi regazo -Ya llevamos unos cuantos años juntos. Pero como no hace ejercicio, el muy cabrón está engordando...
- Déjale, el verdadero dueño de la casa es él...
- Es mi compañero de piso, nada más -eso me había cabreado -no es dueño de nada.
- Es un gato -ella miró al gato de reojo -tú eres su mascota, de hecho, tú eres su sirviente. Piénsalo bien. Esta es su casa porque él no sale de ella, tú le das de comer, de beber, le acaricias, le sirves de almohada y le llevas al veterinario.
- Joder, tienes razón... -puto gato. Tantos años y ahora empezaba a cabrearme verle comer tan tranquilo en su cuenco.
- Tú no tienes un gato. El gato te tiene a ti.
- Al menos tengo el consuelo de que no soy su único sirviente... -miré a su magullado rostro y ella dejó ver una media sonrisa.
- Si voy a convivir contigo será en calidad de sirviente de Nuka, ya me estoy acostumbrando a eso.
- Como en tu casa, si es que podemos decir que es nuestra y no de ese felino asqueroso...
- ¿Nuestra...? -se hizo el silencio. Ya me había ido de la lengua, por supuesto.
- Bueno, si estás como en casa y ambos vivimos aquí, es nuestra, ¿no? -intenta arreglarlo, palurdo.
- Yo solo estoy aquí temporalmente hasta que encuentre algo...
- No tiene por qué...
- ¿Cómo? -¡Otra vez, Pablo!
- No sé, puedes estar el tiempo que quieras, ¡incluso podemos compartir piso!
- Pero solo hay una habitación... -A ver cómo cojones arreglas esto, majo.
- Hasta ahora no hemos tenido problemas en lo de dormir juntos... -¡Di que si! ¡Un aplauso al soplapollas de Pablo Espinosa por su gran interpretación! "Quiero dedicar este premio de la Academia..."
- Pero... ¿Y Sara? -que alguien traiga un desfibrilador, a este tío le va a dar un ataque -¿cómo están las cosas con ella?
- No hablemos de Sara -no, para qué... -ahora vamos a pasar un tiempo tú y yo. Y es lo que importa ahora mismo: Tú y yo.
- Tú y yo... -Blanca se acomodó un poco mejor y acarició mi brazo -pensé que no querías más "Tú y yo".
- ¿Por qué dices eso? -la miré a los ojos y acaricié su rostro. Ella me lanzó una mirada vidriosa por las lágrimas.
- Porque no me has besado al llegar, y te has burlado de mí antes con la canción, y...

   No dejé que siguiera dudando que no quería nada con ella. La besé con toda la intensidad que había dentro de mí, borré por un momento las dudas, puse todo el peso de mi balanza en el lado de Blanca y me dejé llevar. Ella era lo que necesitaba, ella era quien estaba en mi casa, deseando tenerme, y no le dejé con las ganas de que me tomara. Cuando la besé decidí tumbarme sobre ella, pero fue ella la que se adelantó y me fue empujando poco a poco contra el sofá hasta quedarse encima mía. Sus besos eran increíbles, no era simplemente algo bonito, era mucho más. Cada beso que me daba hablaba de más cosas que todas las líneas que he escrito de mi historia, cada caricia era un verdadero viaje por un paraíso más allá de lo terrenal, de lo imaginable. La pasión no era un método, sino un medio. Un medio para hacer que ella y yo voláramos más allá de los límites. Mi Corazón latía sin parar, cada vez más acelerado, cada vez más fuerte, golpeando fuerte contra la caja torácica, casi llamando a la puerta de su también acelerado Corazón. La abracé, la abracé con toda mi energía y ella tomó con sus suaves manos mi rostro para devolverme la energía en forma de beso. Lo que daba, lo recibía. Lo que entregaba me era devuelto, y eso me hacía sentir mejor que nunca.
   Justo después de terminar ese beso ella me miró a los ojos, y sentí como miraba dentro de mí, dentro de lo que soy, de lo que sentía. Sabía que tenía dudas, pero también sabía que podía poner definitivamente todo el peso en su lado de la balanza, y sonrió. Sonrió con la felicidad que tan contento me hacía sentir a mí. De repente su sonrisa se tornó en una algo más macabra y su mirada cambió. Su lado salvaje estaba tomando posesión de su dolorido cuerpo. Se levantó del sofá y con el dedo me indicó que la siguiera. Ahora era mi lado salvaje el que se estaba adueñando de mí, y la seguí. Entró en la habitación y desapareció de mi vista. Entré buscándola, pero ella me encontró a mí, y se lanzó encima mía empujándome contra la cama, que crujió bajo nuestro peso. Ahora sus besos eran casi irracionales, el mensaje tan complicado que trasmitían se convirtió en mordiscos, era animal. Yo dejé que mi bestia interior me llevara y cuando quise darme cuenta en mis manos descansaban los jirones de lo que era su camiseta, y su respiración era agitada, casi entre gruñidos. Me agarró de las muñecas y me dominó por completo, nos retorcíamos por ser dueños de la situación, pero cuando me fui a lanzar con fuerza para ponerme encima encontré una resistencia: mis manos estaban esposadas al cabecero de mi cama. La bestia se fue un momento para mirar a Blanca sonreír encima mía y morderse el labio inferior.

- ¿Cómo cojones has...? -ella puso su mano en mi boca, no dejándome hablar.
- Las tenía en la mochila, preparadas por si algo así ocurría -seguía mordiéndose el labio, y eso me ponía cada vez más -ahora mi jefe está esposado a su cama y su pobre empleada va a tener que castigarle por lo que ha hecho en el coche...
- ¡Era una canción! -traté de moverme, pero ella había afianzado bien su posición.
- Shhh, cállate, cuanto más te quejes, peor será...

   Levantó mi camiseta y volvió a besarme, para después ir bajando por mi cuello. Yo solo era capaz de sentir escalofríos, y más cuando mordía o chupaba para dejar una marca en mi cuerpo. Mi respiración se tornó en gemidos, y en gritos cuando alcanzó mis caderas, en las que descubrió miles de puntos débiles que yo no recordaba tener ahí. Terminó de desnudarme y subió hasta mi entrepierna. Y entonces si que grité. Yo no imaginaba que eso fuera tan, tan placentero. Me faltaba la respiración, y mi animal hacía lo posible para soltarse, pero seguí atado hasta que ambos terminamos de divertirnos.
 
- Recuento de daños, gente -el Cerebro estaba mareado, solo escuchaba quejidos de dolor y a algunas partes del cuerpo ni las escuchaba.
- Necesitamos más oxígeno -los pulmones suspiraron con rabia -¡no podemos seguir con este ritmo!
- ¡Plaquetas por la zona de las costillas! -la piel estaba demasiado saturada, no sabía dónde actuar -hay varios arañazos profundos y tenemos que hacer cicatrizar esas heridas.
- ¡Corazón, rápido! -las órdenes del Cerebro no eran del todo claras -¿quieres relajarte y empezar a trabajar?
- Cerebro, ¿qué cojones te ha pasado? ¡Durante esta última hora y media no has sido tú!
- Lleva sangre a los brazos, están doloridos por estar esposados.
- ¡No me cambies de tema, Cerebro! -Corazón parecía enfadado -¿Qué ha pasado? ¿Tenía que ver en algo de este el Pene?
- A mí no me mires, estoy destrozado... ¿De dónde coño habéis sacado a esta pantera? ¡Me ha mordido!
- Cuando el Cerebro nos diga qué ha pasado, empezaremos a trabajar -el Corazón fue tajante. Todos estaban pendientes de las palabras del jefe.
- No he sido yo... He perdido el control... Las órdenes venían de arriba, han prescindido de mi uso.
- ¿De arriba...? -el Pene tembló asustado -¿Quieres decir que no has sido racional en ningún momento?
- Yo... Yo acabo de llegar. Lo siento, chicos.



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