Eran más o menos las once de la noche cuando me desperté. La oscuridad cubría la habitación, y en general la casa, y como llevaba pasando toda la semana, la lluvia golpeaba fuerte contra el cristal de la ventana, emborronando las luces de las farolas de la calle. Me erguí un poco y me apoyé sobre mis codos para observar lo que la luz de la calle me permitía ver, y me sentí solo. Mi Corazón dio un vuelco con ese frío sentimiento, y me estremecí. Cerré los ojos muy fuerte, sabía que estaba en una pesadilla, era lo que siempre me ocurría. Pero cuando esperaba un ser oscuro con mi rostro, algún poseído morderme o algún ángel con blancas alas brillantes... nada ocurrió. Y respiré tranquilo. Había estado cinco minutos ahí, esperando que algo ocurriera, pero por suerte no sonó nada más que la lluvia. Me volví a tumbar, pero de repente escuché un pequeño rumor, un susurro imperceptible, una voz que hablaba en la cocina. Y me aceleré. No podía ser, no otra vez, no quería ser presa de mi locura de nuevo. Así que me tomé una de las Tiadiponas que tenía en la mesilla de noche y me dirigí sigilosamente hacia la cocina.
- ...y entonces le pateé la cara -la voz sonaba en un tono casi inaudible, y me fui asomando poco a poco.
- ...
- No, no en ese momento -era Sara. Vestía una camiseta del Getafe por pijama y su ropa interior, pero nada más -empezó a hablarle a lo que fuera que le estuviera hablando y entonces me lo dijo...
- ...
- Tranquilo, ahora está durmiendo. Controlo la situación -¿controlar la situación? ¿Qué tenía que controlar?
- ...
- Si, si, yo te llamo si ocurre cualquier cosa -¿qué cojones estaba tramando Sara? ¿Con quién hablaba?- pero dijeron que era temporal, así que solo queda esperar.
- ...
- Descuida, estamos en contacto.
- ...
- Yo también te quiero. Chao -y colgó su teléfono móvil. Después se dio la vuelta y me vio ahí, en ropa interior, observándola, y su reacción fue gritar del susto, cosa que me pilló de sorpresa, y yo también me asusté -¡Joder, Pablo! ¡Qué susto me has dado!
- Te escuché hablar por teléfono y me acerqué -Sara se acercó a mí y me abrazó con cariño, pero miles de dudas empezaban a poner sus raíces en mi cabeza -Me sentí solo y creí que estaba en otra pesadilla.
- No estás en ninguna pesadilla, tranquilo -colocó su brazo en mi cadera y me llevó de nuevo a la habitación donde me tumbó, y ella a mi lado -estás despierto y conmigo. ¿Te encuentras mejor?
- Me he tomado una pastilla hace un momento -respondí mirando las Tiadiponas. Me ardía el estómago, no sé si por el hambre o que las dudas ya estaban haciendo mella en mi Corazón y por eso me sentía mal -así que ahora estoy más tranquilo.
- Entonces relájate, no tenemos prisa -se acurrucó en mi regazo, y yo no sabía qué pensar -Me quedé despierta todo el rato y estuve pendiente de cómo dormías.
- ¿Ha sido interesante? -¿estaba hablando ella con otro? No podía ser, no tenía sentido, no estaría aquí... Aunque Blanca lo hizo... Si, definitivamente estaba volviéndome loco.
- Si, bueno, ha sido raro... -se levantó un poco y me miró a los ojos -eso ha sonado algo borde, ¿sabes?
- ¿Es malo ser borde?
- No es lógico cuando te he estado cuidando toda la noche -su rostro cambió, ahora parecía algo enfadada -¿qué te pasa, Pablo?
- ¿Con quién hablabas? -y me cambió la cara. No era yo el que hablaba, volvía a ser él...
- Con mi padre, gilipollas -me sentía ridículo y agaché la cabeza. Una lágrima se escapó de mi ojo y cayó en la sábana, pero por suerte Sara lo vio y me abrazó.
- No sé cómo soy capaz de desconfiar de ti, Sara... -lloré en silencio, y ella me estrechó entre sus brazos -eres lo mejor que me ha pasado nunca y aún así soy capaz de seguir jodiéndote...
- No digas esas cosas, es normal que pensaras mal, ¿por qué no preguntaste antes?
- No lo sé, de verdad que no lo sé... -yo también la abracé débilmente, pero clavé mis dedos en su espalda- Lo siento muchísimo, Sara. Joder, lo siento... Perdóname...
- ¿Pero qué pasa ahora, Pablo? -le temblaba la voz. También parecía afectarle todo lo que yo estaba pasando.
- Te he engañado, te he traicionado, no me merezco que sigas aquí conmigo...
- Pablo, Pablo, tranquilo... -se separó de mi y me miró a los ojos -Ahora que estás más relajado... ¿Quieres que hablemos de eso?
- ¿Qué quieres saber? -fue lo primero que pensé. No quería dar más detalles que los necesarios.
- ¿Por qué te acostaste con ella? ¿De verdad no fue intencionado?
- Se hizo daño en el tobillo y la traje a la cama. Tuvimos que cambiarnos ambos, y por eso yo estaba casi sin vestir, y ella usó de pijama una de mis camisetas viejas -me costaba contarle algo así a la persona a la que amaba, pero ella me miraba seriamente y escuchaba con atención -mientras le hacía una cura bebimos, y se fue la luz. Entonces puse velas para poder ver, porque fue en todo el barrio, y al final surgió...
- Estaba todo preparado para que ocurriera... -Sara dejó de mirarme a los ojos.
- Yo no lo busqué. Y claro que pensé en ti, porque no podía dejar de pensar en ti. Porque no puedo dejar de pensar en ti. Y me sentía culpable, pero estaba borracho y ella tan dispuesta... Me pudo la necesidad.
- ¿Qué pasó después? Dijiste que se vino a vivir por algo de su novio...
- Su ex. Fui a buscarla a Parla, y ella venía con el ojo morado y el labio agrietado... -y me paralicé.
- Pablo, Cielo, ¿qué ocurre?
- Blanca tenía el ojo morado y el labio partido, y fue este fin de semana...
- No, Cariño -Sara agitó su cabeza -Blanca tenía la cara bien. Yo quería dejarla con el ojo morado y el labio así, pero no tenía...
- No... No lo tenía... -toma mazazo.
- Esas heridas no se curan en menos de una semana -Sara respiró hondo de rabia -¡Esa zorra te estaba mintiendo!
- Qué hija de puta... -Descubrimientos que te dejan con cara de gilipollas, volumen I -¿Por qué...?
- Esa perra quería venirse contigo de cualquier forma, y se buscó la excusa para estar contigo. ¡Como la coja la mato!
- Por eso no quería denunciar... -me sentía imbécil -porque realmente no le ocurría nada...
- Eres más tonto... -Sara me miró y comenzó a reír -¡te han engañado!
- Si, creo que las pastillas me están agilipollando -y se me contagió la risa...
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