sábado, 8 de marzo de 2014

58. ¿Quién dijo que era malo?

   Y después de mucho tiempo de estar cubiertos bajo la lluvia, la oscuridad y las nubes... Salió el sol. Los primeros días con Sara fueron magníficos. Hacíamos vida juntos, porque yo estaba de vacaciones y ella ya no iba a trabajar. Despertábamos juntos, hacíamos el amor, desayunábamos o comíamos depende de la hora, hacíamos el amor, salíamos a dar paseos, de compras, al cine, y cuando volvíamos hacíamos el amor. Era increíble, no había día que no nos demostrábamos lo que de verdad sentíamos, y de nuevo éramos uno, sentía que no se había ido nunca y que nunca se iría. Yo empecé a dejar de tomar pastillas a partir de la segunda noche que estuvo conmigo, y mi otro yo apenas hacía acto de presencia. Alguna noche, débil, aparecía en sueños y trataba de atacarme con mis miedos, pero hasta en sueños Sara me protegía y lo devolvía a lo más profundo de mi ser.
   Después de todo el tiempo, tocaba volver a la rutina. Ella empezó a estudiar de nuevo, se puso con temas de secretariado y administración, porque tuvo la fantástica idea de querer trabajar conmigo, y yo necesitaba alguien que organizara mis cosas en la oficina.
   Y esa mañana me preparé para ir a la oficina.

- Tengo ganas de ver a Fernández -dije mientras me abrochaba la camisa -le dije que quedaríamos y se me ha pasado por completo.
- Dale un abrazo de mi parte -Sara me besó y comenzó a vestirse -y dile que algún día se venga a cenar.
- ¿Qué te parece esta noche? -ella sonrió y asintió -total, es viernes, y mañana no trabajamos...
- Pues perfecto. ¿Quieres que prepare algo de cenar?
- Me encantaría, pero Ángel Luis tiene una extraña animadversión por la comida hecha por alguien que no tenga el carnet de manipulador de alimentos -cerré el pantalón y el cinturón y comencé con la corbata -gana casi el triple que yo, creo que se puede permitir ser así de amanerado.
- Vaya, qué calidad gramática, cariño -si, ahora que lo pienso, vaya forma de hablar -se nota que eres un jefazo...
- Soy un jefecillo, nada más -después de terminar el nudo, me puse la americana y volví a besar con dulzura a Sara, que aún llevaba solo los pantalones y el sujetador -te veo a mediodía, ¿vale?
- Ten cuidado con las empleadas, hazles saber que eres mío.
- Tengo pensado cómo hacerlo. Pasa un buen día, mi amor.
- Tú también -y cerré la puerta de casa bajo la atenta mirada de Nuka, aunque sabía que tardaría poco en dormirse.

   Otra vez en aquel vagón de Metro, con su dulce y embriagador aroma a sudor, tabaco y gente apretada. Las conversaciones que se escuchaban siempre eran las mismas: Que si el trabajo es una mierda, que si el Real Madrid ha vuelto a ganar, que si qué bueno que haga buen tiempo, que si fue culpa de esa zorra que volvió a casa y me echó... Espera... Esa última conversación... Miré a mi derecha y pude distinguir el cobrizo cabello de Blanca a unos tres metros de distancia. No me vio porque iba hablando por teléfono, y yo procuré ocultarme entre la gente para que siguiera siendo así. Y entonces escuché su conversación...

- Si, era Sara...
- ...
- No sé, está jodidamente loco, ha perdido la puta cabeza, tiene doble personalidad.
- ...
- La muy zorra le apoyó, pero se le notaba en la cara que no se fiaba.
- ...
- Si, no creo que dure mucho más allí metida.
- ...
- No te la juegues, tía. Pablo es un tío super inestable, a saber lo que te puede hacer...
- ...
- Vale, pero recuerda que me debes una, ¿eh?
- ...
- Si, voy a cambiarme de departamento, así no tengo que verle más. Aunque tienes razón, Fernández tiene un punto muy serio...
- ...
- Es fácil, tía. Lo hice con Pablo. Llego, enseño un poco de cacho, abro mi corazón y cuando quiera darse cuenta estaré pegándome la gran vida.
- ...
- Si, bueno, me estoy quedando corta de maquillaje, pero hacer el moratón se me da de vicio. Y llorar también. Si ya me conoces...
- ...
- Vale amor, te veo a la hora de comer. Pásalo bien.

   Salí en dirección a la oficina detrás suya. ¿Con quién cojones estaba hablando? Pero tenía una jugada maestra en la manga. Creo que, en el fondo, mi lado malvado también me influía positivamente en ciertos aspectos. Cuando llegué a mi flamante despacho cogí el móvil y le mandé un mensaje a Sara.

¿Cómo va el día, Cielo? Yo he escuchado a Blanca hablar por teléfono a alguien sobre mí. Ha confirmado que me estaba engañando, y ha quedado con su contacto para comer. Conociendo tus dotes de espionaje, ¿podrías hacer algo para saber con quién irá? Yo voy a putearla un poco en la oficina. Te amo.

 Dejando este punto claro, para evitar que tuviéramos otro problema, me acerqué al despacho de Ángel Luis. Y ahí estaba, fumándose un habano y escuchando música clásica.

- No te privas de nada, cabronazo -dije cerrando la puerta -nos puede caer una gorda si te pillan con eso aquí.
- Colega, que el jefe aquí soy yo -se rió sonoramente y se levantó, dejando el puro en un cenicero -si nos intentan joder pago mi propia multa y me fumo otro a su salud.
- Qué alegría volver a verte, amigo -abrí los brazos para que me abrazara, y él imitó mi gesto.
- Eso de venir de traje te sienta de lujo, Pablo -nos dimos un fuerte abrazo, muy masculino, sin mariconadas. Después me indicó que me sentara y él sirvió dos copas de Whisky con hielo, y las dejó sobre la mesa -se te acabó el chollo, vuelves al curro.
- Y Blanca González también -y sonreí.
- Exacto, estaba en su mesa hace un momento. Me dijo que quería hablar conmigo...
- Si, quiere cambiar de departamento -di un sorbo a mi vaso y lo dejé de nuevo en la mesa.
- ¿Y eso? ¿Cómo lo sabes?
- Porque hace dos semanas me enrollé con ella.
- Venga, no me jodas -Fernández levantó los brazos y se echó las manos a la cabeza -ibas tan de puta madre con Sara, ¿y ahora la cagas?
- No, Ángel, no te equivoques -cogí el vaso de nuevo y moví los hielos en su interior -esa zorra me embaucó y consiguió hacer que perdiera las formas.
- Hostias, tío... Cuéntame eso.
- Creo que tiene un contacto dentro de la oficina, alguien de siempre -miré por su ventanal, que tenía mejores vistas que el mío -sabe de ti y de mí, y cómo hacer que caigamos fácil para dar el braguetazo. De hecho, ella está bastante interesada en ti.
- Si no supiera quién coño eres te echaría de una patada en el culo de mi oficina -Fernández bebió de su vaso y fumó de su puro -pero joder, confío en ti más que en nadie. Esa zorra se va a la puta calle ahora.
- Tengo un plan mejor -sonreí hasta mostrar los dientes. Fernández se calló y se preparó a escuchar -según el régimen interno está prohibido tener relaciones entre empleados y también incitar a los compañeros de trabajo con una imagen o unos hábitos que susciten a mantener relaciones sexuales, ¿no es cierto?
- Has estudiado mucho, cabrón...
- Exacto. Pues bien. Confieso haber tenido relaciones sexuales con una de mis empleadas de Contabilidad, Blanca González, pero su actitud conmigo fue obscena, interesada y siempre provocativa.
- Como responsable y director que soy, Pablo Espinosa, te condeno a que te quedes un rato aquí a tomarte otro Whisky conmigo -agaché la cabeza, aceptando mi castigo -y a la señorita Blanca González la voy a despedir por quebrantar los organismos de régimen interno.
- No. He pensado que no merece ser despedida -tendí mi vaso vacío y Fernández me sirvió un Whisky doble -simplemente relegada a trabajos dignos de becario y reducir su salario, además de perder los derechos como empleada, pero siempre con el contrato presente. Así, si quiere irse, tendrá que dimitir y no te costará un duro.
- Si es que eres jefe por algo... ¡Termínate ese Whisky y consigue los balances presupuestarios de este mes!
- ¿Para ayer, jefe?
- Para antes de ayer.
- Y usted prepárese para venir a cenar a casa con Sara y conmigo. Es una orden.
- ¿Para antes de ayer, Pablo?
- Para la semana pasada.



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