- Estoy demasiado viejo para ciertas cosas. Si, en cierta manera puedo tener mis momentos de volar como una gaviota, de navegar por mares no conocidos por el hombre... Pero, ¿sabéis lo difícil que es tragárselo cuando es de verdad?
- Pues ya has visto que tragar, lo que es tragar, traga -el Pene sacó de su charla filosófica al Cerebro, que antes de todo eso había dado orden de revisión -estoy destrozado...
- No querrás más sangre, ¿no? -el Corazón latía con toda su energía -porque creo que como lata un poco más fuerte me va a dar algo...
- Tranquilo, Corazón -el Cerebro calmó a su compañero -estamos desatados y dispuestos para el sueño.
- Joder, estábamos ahogadas -las Muñecas crujieron, seguidas de los Hombros -¿quién tuvo la magnífica idea de aceptar que nos ataran?
- Mira al Cerebro, que fue quien apostó contra Sara -los Pulmones comenzaban a recuperar el oxígeno que no habían conseguido tomar en ese tiempo -yo me estaba ahogando, ¿no me habéis escuchado gritar?
- Eso es que no estabas aquí, qué tenso... -los Abdominales se relajaron un poco -ya no sabíamos qué más hacer, las señales eran tan difusas y los estímulos tan fuertes que nos hemos tenido que retorcer muchísimo para poder cumplirlo todo...
- Habéis hecho un gran trabajo, todos -el Cerebro volvió a su puesto de autoridad y todos se callaron -y creo que nos concierne hablar de ciertas cosas que han estado pasando.
- Más bien que nos cuentes tú, amigo -el Corazón latió algo más rápido para darle sangre y que se centrara -ahora que tenemos un rato, me gustaría que me contaras ciertas cosas.
- Si... Creo que merecéis una explicación. Hace unas semanas empecé a recibir órdenes de arriba, del subconsciente, y eran demasiado raras. Todo por aquí se convirtió en un hervidero de estímulos internos y externos, y perdí el control. Parecía que una parte más arcaica, más impulsiva e insensible quería hacerse con el control, un enviado extraño que quería tomar parte de todo esto. Lo controlé cuanto pude, ¡os lo aseguro! Pero con todo el trabajo que yo tenía entonces no me veía capaz, y por eso ciertas órdenes os resultaron tan raras...
- Ese tipo, el subconsciente, parece que nos quiere destruir -cuando quería, el Pene podía ser muy racional -¿A cuento de qué nos hace esto?
- Es una buena pregunta, mi colgado amigo -el Cerebro buscó en sus recuerdos y memoria cierta información y la mostró -Veréis, según Freud hay ciertos comportamientos que son creados por las necesidades básicas humanas, los impulsos más animales, ¡las órdenes básicas! Las que no tengo ni que daros, vaya.
- Esto huele a chapa... -el Pene perdió lo poco de racional que tenía y se animó gracias al estímulo de una caricia -venga, no me seas, tengo cosas que hacer.
- Bien. El caso es que ese enviado extraño era, quizá, una forma de ese "Ello" de Freud. Y tengo que indicaros que es parte de mí, y de todos vosotros... Así que hay que estar preparados por si vuelve a aparecer.
- Mejor, por culpa de ese cabrón lo he pasado fatal -los latidos del Corazón eran para bombear sangre al Pene, ya que los estímulos de las caricias iban bajando por los Abdominales -¿y qué tienes pensado, jefe?
- Vamos a comenzar con la represión. Y necesitaré vuestra ayuda. Evitad reaccionar a los estímulos si esos estímulos no son comunes a las órdenes que suelo dar. Lo iremos practicando, ahora... Ahora que comience de nuevo el espectáculo.
Y el Cerebro dio orden a los labios de besar a Sara.
No hay comentarios:
Publicar un comentario