Estuvimos riendo durante un largo rato, sin parar, pero a ella el pudo el sueño. Cuando vi que bostezaba varias veces, la abracé y dejé que se durmiera plácidamente en mi regazo. Ella agradeció el gesto, y en poco menos de diez minutos ya respiraba profundamente. Por fin, después de todo lo que había pasado, después de tantos momentos de miedo, dolor, sufrimiento y de perder la esperanza, allí estaba ella, volviendo a dar color a las sábanas blancas de mi solitaria cama. Por fin podría despertar y que todo oliera a su perfume natural, y por fin su calor volvía a estar presente en aquel lecho. Y sonreí. Sonreí de felicidad, y una lágrima de felicidad cayó por mi mejilla mientras la miraba sonreír en sueños. Pero sabía que algo sobraba ahí, y miré a mi mesilla de noche. La luz de la calle se reflejaba en las cajas de medicamentos, pero para librarme del último escollo sabía que tenía que ir sin tomar ninguna. Y así hice.
Me levanté de la cama procurando no despertar a Sara y caminé descalzo y solo con los pantalones del pijama a la pequeña terraza. Fuera llovía, pero no importaba. Abrí la puerta y pisé el suelo empapado y frío del balcón, y cerré tras de mi. Después me apoyé en la barandilla y miré al infinito. Yo siempre tenía que atenderle cuando venía, ¿por qué no llamarle yo? Al fin y al cabo... formaba parte de mí.
- Vaya, esto si que no me lo esperaba -apareció por la puerta, también cerrando tras de si. Comenzó a mojarse con la lluvia, y su cabello despeinado comenzó a cubrirle el rostro tal y como lo cubría el mío. Su pantalón de pijama se empapó y su torso desnudo comenzó a temblar... Como temblaba el mío.
- Al fin y al cabo, eres yo -miré de nuevo a la calle, donde los paraguas se movían de un lado a otro protegiendo a las personas del chaparrón -y también tengo derecho a reclamarte tanto como me reclamas tú.
- Bueno, en el fondo yo también tengo más derecho -se apoyó también en la barandilla y se encendió un cigarro que llevaba en el bolsillo. Me ofreció el paquete abierto para que yo también fumara, pero me negué con un gesto de cabeza -Yo no soy real, yo vivo en tu cabeza.
- Lo sé, pero hoy te estoy dando algo más de vida -empezaba a acostumbrarme al frío y al agua -porque hoy quería hablar contigo estando consciente, solo y sin estar en ninguna de tus extrañas fantasías.
- Dirás de tus extrañas fantasías -dio una calada a su cigarro y me miró con sus ojos cansados y su rostro pálido. Si de verdad ese podía ser mi rostro... puedo llegar a dar mucho miedo -porque te recuerdo que el que está hablando solo en su balcón eres tú.
- Si, y con la lluvia dejando que caiga sobre mí -el cielo era una gran nube gris, y las gotas no dejaban de caer en todas direcciones.
- ¿Y por qué aquí? -preguntó él, pasando por detrás mía y mirando a la calle -¿Es que te vas a suicidar o algo? ¿No era más fácil hablarlo en el salón o en la cocina? Así al menos podríamos tomarnos una copa.
- No, tenía que ser aquí, y bajo la lluvia -pasé mi mano por mi rostro empapado, que seguía empapado cuando traté de quitar agua de la cara -porque quería probar una cosa.
- ¿El qué?
- Que nos mojamos por igual.
- ¡Qué gilipollez! -comenzó a reírse a carcajadas mientras paseaba por detrás mía -¿Es que no ves que somos la misma persona? ¡Pues claro que nos mojamos por igual!
- Entonces, si esto es así... ¿Tú también puedes morir igual que yo? -dejó de reírse y me miró -Al fin y al cabo, eres parte de mi destruida imaginación, una enfermedad, y se puede curar. Ergo, puedes morir.
- ¿Es que eso es lo que quieres? ¿Matarme de frío?
- Dudo que el frío te mate. En todo caso puede matarme a mí, pero ya he visto que no eres inmortal.
- No me interesa que te mueras -volvió a apoyarse en la barandilla y dio otra calada a su cigarro -Mi pasión es hacerte sufrir y ser tu peor pesadilla, ¿pero matarte? Nah. No es mi estilo.
- Prefieres provocarme para que hasta mi chica me patee la cara hasta partirme un diente -y fue él quien sonrió, con la boca ensangrentada, y mostró el hueco que dejaba la mencionada herida.
- A mí el dolor me gusta, ¿a ti no?
- No, la verdad es que no...
- Bueno, te irás acostumbrando -tiró su cigarro y cogió otro, el cual encendió rápidamente -Al fin y al cabo, a esto me dedico.
- De eso venía a hablar, Pablo. Porque te puedo llamar Pablo, ¿no? -le miré y me miró extrañado -Eres yo, debería llamarte así...
- Hombre, técnicamente si soy Pablo, pero creo que podrías llamarme de otra forma para entendernos bien -qué buenas ideas tiene. Y soy yo... -Así que tú verás...
- ¿Nuka? -qué rápido puedo joder mis propias ideas -No sé, no soy muy bueno en poner nombres.
- Fíjate, me gusta -sonrió y le dio otra calada a su cigarro -Así mirarás al puto gato y te acordarás de mí.
- Está bien, Nuka... esto tiene que terminar. Y lo sabes.
- Me hice a la idea de que querrías decirme algo así. Pero no puede ser.
- ¿Qué quieres de mí, tío? -pregunté enfadado, pero él ni siquiera me miró.
- Es una gran pregunta que en este momento no sabría responderte -su cigarro, a pesar de que él estaba empapado, no se mojaba -supongo que me gusta hacerte sufrir, y es para lo que vine, pero poco a poco te voy conociendo mejor.
- ¿Qué quieres decir?
- Que ahora conozco mejor tus miedos, tus pensamientos, tus dudas... -tiró de nuevo el cigarro, y de nuevo se volvió a encender otro -poco a poco estoy más cómodo disfrutando de aquello que te puede destruir, hay de todo, y quiero más y más...
- Sabes que ahora tengo algo que me hace feliz -pensé en Sara y fue él quien se estremeció.
- Si, bueno, resulta que la chavala se ha quedado, qué suerte -su tono era de aburrimiento -felicidades, en serio, lo has conseguido, hay que reconocer tus éxitos, y después de follarte a otra y de poner en la balanza el amor de Sara contra un coñito la has conseguido.
- Fue un error, y encima me engañó...
- Admite que te lo mereces.
- Si, desde luego -agaché la cabeza -estaba luchando por Sara y me dejé llevar por el pecado.
- Me encantó verte dudar, en serio.
- Pero ahora estoy seguro de lo que siento -su rostro volvió a cambiar. Eso le afectaba -estoy muy seguro de que la persona que quiero que esté en mi cama sea Sara, y nadie más.
- Vaya, ¿y si ella quiere estar con otras personas? -giró su rostro para hacer contacto visual, y me tembló todo.
- Me lo diría.
- No tiene por qué.
- Vivimos juntos.
- Error. Vivíais juntos. Ha pasado mucho tiempo, Pablo, ¿qué te hace pensar que ella no ha encontrado a otra persona?
- Es evidente que ella está conmigo bien. ¿Dejaría alguien que quisiera a Sara vivir en esa mierda de habitación que tenía?
- Era un picadero. No todos tienen la suerte de tener casa, coche, trabajo y un porvenir...
- Si, me siento afortunado...
- Pero ella ya no te tenía, y vivía en ese antro. ¿Qué te hace pensar que esa cama que mancillásteis no estaba ya mancillada?
- Me lo hubiera dicho -volvía a sentirme seguro al hablar de Sara, y eso era muy gratificante -ha estado delante de la que era mi amante y no me ha dicho nada, yo en su situación se lo hubiera dicho tan tranquilamente.
- Venga, te doy este punto -Nuka seguía fumando como un carretero -pero tus dudas son enormes, Pablo. Son unas dudas arraigadas a lo más profundo de tu ser que yo conozco y puedo utilizar en tu contra, y las voy a hacer florecer a menudo.
- Y yo estoy preparado para enfrentarme a ellas.
- También conozco tus miedos. Sara está ahora en la cama, ¿por cuánto tiempo? ¿Y si mañana decide engañarte? ¿Y si mañana decide que no quiere saber más de ti? Pablo, oye, ¿y si Sara jamás siente por ti lo que tú sientes por ella?
- Son muchos interrogantes...
- Claro que lo son. Interrogantes que no tienen respuesta precisa y que habitan dentro de tu ser -sonrió y se señaló a si mismo -dentro de mí, exactamente. Y perfectamente mañana puedes despertar solo y no volver a verla jamás.
- Lo que ocurra mañana, que ocurra mañana -llorando miré a la calle -hoy está, y disfrutaré de su presencia.
- Qué conformista eres, Pablo... -Nuka se dirigió a la puerta y tiró del pomo lentamente -¿por qué conformarse con tan poco? ¿Por qué no soñar con tenerlo todo?
- Porque si lo quisiera todo, no disfrutaría de lo que ya tengo.
- Pero no la tienes... -un escalofrío me recorrió y tuve que agarrarme a la barandilla -ha vuelto, si, pero... ¿Has escuchado de sus labios que se vaya a quedar? ¿Que quiera volver a salir contigo? Y una última pregunta... ¿Te ha vuelto a decir lo que siente por ti?
- No, no lo ha hecho...
- Entonces tengo razón. No la tienes. Ni la tendrás.
- Esa es tu ilusión, ¿no?
- Explícate -soltó el pomo y volvió a mirarme, ahora estábamos cara a cara.
- No has aprendido de mí nada -me reí un poco -tu deseo es que yo sufra, pero no sabes que ya no soy el que fui.
- ¿Qué quieres decir, Pablo?
- Que ahora es momento de vivir al día y de sonreír. Lo que tenga que ser, será. No te niego que mis deseos sean tenerla de nuevo, pero eso no quita que ahora solo quiera disfrutar de su presencia.
- Eres un poco idiota, pero en el fondo, me caes bien -se dio de nuevo la vuelta y abrió la puerta -por cierto, Sara se ha levantado y viene de camino.
- ¿Por qué me avisas? -pregunté con curiosidad
- Para que te encuentre hablando solo -y justo cuando dijo eso, la puerta se abrió de verdad y Sara se asomó haciendo gestos con la mano para que entrara de nuevo.
Comencé a andar hacia la puerta pero bajo mi pie desnudo sentí algo que no debía estar allí... Era una colilla.
Todos los capítulos ordenados y actualizados, aquí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario