viernes, 7 de marzo de 2014

57. Charlando con Odio

- Venga, pasa, iré a por una toalla -Sara cerró la puerta tras de mí y salió corriendo al baño. Yo estaba encharcando la cocina después del chaparrón y tiritaba de frío. Me sentía mucho mejor, aunque no físicamente. De hecho, estornudé sonoramente cuando ella me cubrió con la toalla -¿en qué estabas pensando? Me he despertado y no estabas, y cuando te he visto ahí en la terraza hablando solo... Me he temido lo peor.
- Tranquila, por suerte ese otro lado no quiere matarme, solo joderme -me sequé el cuerpo entero y fui a la habitación acompañado de Sara, que empezó a buscar otro pantalón de pijama y una camiseta para mí -y estaba charlando con él.
- Ah... -Sara se tumbó a mi lado cuando me cambié y me miró desconcertada -¿hablas con él?
- Siempre me ataca él a mí, me busca cuando peor estoy. Pero hace un momento me encontraba perfectamente, y decidí que era un buen momento para poner las cartas sobre la mesa.
- Eso está bien... -agachó la cabeza y miró hacia otro lado.
- Sara, ¿qué te ocurre?
- Es difícil de digerir que has tenido una conversación con tu otra cara en tu doble personalidad -se acarició el rostro y volvió a mirarme -entiende que yo no sepa encajar todo esto.
- Yo tampoco sé encajarlo, yo soy un tío normal y con todo esto me han diagnosticado esta mierda -mesé mi barba e hice una mueca -también es difícil para mí. De hecho el que más lo sufre soy yo, que para eso estoy enfermo.
- Si, si, pero las enfermedades suelen pasarse con pastillas, no hablando solo en el balcón mientras te cae el diluvio universal.
- Bueno, pero hay que enfrentarse a las enfermedades y eso he hecho yo, ¿no? De una manera poco usual, pero le estoy plantando cara...
- ¿Y por qué no vas a un psicólogo? -Sara parecía muy preocupada por el tema, pero no sabía si era buena o mala señal -Ellos te tratarán mejor que tu médico de cabecera.
- Mi médico ha dicho que será temporal. Si veo que no mejora me plantearé esa opción.
- Bueno... ¿Y de qué habéis hablado? -cogió su botella de agua y bebió lentamente, para después quedársela en la mano destapada -Si es que puedes responder.
- Si, claro... -me volvió a temblar todo, sabía que estaba cerca, pero no tomé una sola pastilla. Sería fuerte -Hemos hablado un poco de la situación y de mi visión de las cosas.
- ¿Y qué opina él?
- Está creado a partir de mis miedos y de mis preocupaciones, además de ser una parte impulsiva e incluso irracional. Sus deseos son muy diferentes de los míos.
- ¿Y qué quiere de ti?
- Buena pregunta, además se la he preguntado yo a él -empecé a sentir el frío congelándome por dentro -creo que su única intención es destruir la parte más racional de mi ser.
- ¿Crees que quiere hacerse dueño de ti?
- Puede ser -cogí la botella que Sara sostenía y bebí un trago -está aprendiendo de mi todo lo que me hace daño para utilizarlo en mi contra.
- Vaya, parece peligroso...
- Lo es -miré a Sara, y ella no fue capaz de mantener la mirada -su rostro es horrible. Espero que no lo veas nunca, porque doy miedo.
- Quizá es solo producto de tu imaginación más deformada -bostezó, pero siguió hablando -es normal tener imágenes horribles.
- También hablamos de ti... -si se estaba durmiendo, rápidamente cambió de actitud y abrió aún más los ojos.
- Y... ¿qué te ha dicho de mí? -preguntó temerosa
- Bueno, no me ha dado su opinión sobre ti, la verdad, cosa que prefiero -volví a beber, había un nudo en mi estómago bastante difícil de desenredar y necesitaba lubricarlo con algo -Su objetivo soy yo. Aunque si me ha hecho interrogantes bastante buenos...
- ¿Puedo preguntarte por ellos...? -Sara no me quitaba los ojos de encima
- De eso precisamente quería hablarte... -tomé aire un momento y miré al fondo de la habitación -
- Me estás asustando...
- Sara... ¿Qué sientes por mí? -ella tragó saliva -hemos estado un tiempo separados, y ha sido un poco un monólogo lo que he hecho para recuperarte, pero no sé nada de lo que tú has hecho este tiempo...
- Pablo, ¿a qué te refieres con eso último?
- ¿Ha habido alguien más? -sus ojos no eran capaces de cerrarse, los tenía como platos, y eso no cambiaba.
- No, claro que no.
- Sé sincera, yo lo he sido...
- De verdad, Pablo, yo... -ahí fue cuando una lágrima se escapó por sus ojos y bajó la cabeza para evitar el contacto visual -si. Hubo alguien más...
- Lo sabía... -escuché una risa dentro de mí, y poco a poco sentí que quería hacerse con el control -¿por qué no me lo dijiste?
- ¡Y yo qué sé! -se separó de mí y se quedó sentada a mi lado -Estaba muy triste, lloraba todas las noches, y un día de borrachera con uno de los compañeros de piso surgió... No fue nada más que sexo, ¿vale?
- No sé por qué me lo esperaba -la miré, y ella se quedó petrificada -¡No sé por qué me imaginaba que la zorrita tenía otra polla que chupar mientras la mía estaba bien seca!
- ¿De qué coño hablas, tío? -ella rompió a llorar, y se echó las manos a la cara -¡Tú también lo has hecho!
- ¡Lo mío si fue un error, puta! -Sara se quitó las manos y en su mirada había odio -Esa zorra solo quería follarme y aprovecharse de mí, ¡pero tú lo hiciste porque querías!
- No quería, gilipollas. Claro que no quería.
- Venga, coño, te mudas a un puto piso de estudiantes de mierda hormonados y deseando pillar por banda un coño húmedo -me levanté y comencé a pasear por el cuarto -y dices que no lo querías. ¡A mí no me vengas con esas mierdas, hija de puta!
- Pablo... -se abrazó a sus rodillas y dejó de mirarme -Pablo, no eres tú.
- ¡Claro que soy yo! ¡Yo soy el que te ha abierto la puerta de nuevo y el que ha echado a la otra para que tú estés aquí!
- ¡Tú no eres Pablo, cabronazo! -Sara me miró a los ojos y me atravesó con su mirada -Eres el hijo de puta que está intentando destruírle.
- ¡Al fin la zorrita me conoce, Pablo! -si, era yo el que estaba diciendo eso -Estoy impresionado.
- Déjale en paz -se levantó de la cama poco a poco -No queremos que estés aquí.
- ¿Lo dices tú? -se apoderó de mí una risa nerviosa -¿Y a ti qué más te da lo que nos pase?
- Lo que te pase a ti me importa una mierda, te prefiero lejos -se acercó a mí y me agarró de los hombros -pero a Pablo no lo toca nadie.
- ¡Ni siquiera le has dicho lo que sientes por él! -Sara ni se inmutó, pero si cuando me cambió la voz -No me has dicho nada, y tengo miedo a que ya no me quieras...
- ¿Pablo? -me abrazó con ternura y besó mi húmedo rostro cubierto de lágrimas -¿Eres tú?
- Si, ya si...
- No. Yo no te quiero -y lo dijo mirándome a los ojos. Yo eché a temblar.
- ¿No me quieres...?
- No, Pablo. Yo te amo. Y si has hecho lo imposible por mí, yo lo haré por ti. Hasta enfrentarme a los miedos que te invaden.

   Y me besó.


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