- Eres un hijo de la grandísima puta -Blanca entró en mi despacho a eso de media mañana. Falda muy corta, blusa muy abierta y sus tacones rojos -te juro que esto no va a quedar así.
- ¿A qué se refiere, señorita González? -sonreí desde mi escritorio y dejé el móvil en la mesa. Sara me estaba comentando su plan -¿Me ha traído usted las cuentas de esta semana?
- Voy a hacerte la vida imposible, cabrón.
- ¿A qué viene este alboroto? -Blanca tuvo a bien dejar la puerta abierta, y toda mi plantilla miraba con curiosidad.
- ¡Fernández me ha rebajado el sueldo un ochenta por ciento y me ha degradado a hacer trabajos de puta becaria! ¡Y todo por tu puta culpa!
- El señor Ángel Luis Fernández ha tomado cartas en el asunto, usted ha roto varios códigos establecidos en el régimen interno -la miré de abajo a arriba -y de hecho, con esa imagen, está usted rompiendo de nuevo dichos códigos. Le recomiendo que empiece a traer un calzado más cómodo a partir de ahora, lo necesitará.
- No voy a ser la chica de los recados, te lo aseguro -se cruzó de brazos, y me demostró sus habilidades para intentar conquistar, ya que así mostraba su sujetador de encaje.
- Señorita González, sus funciones actuales son la recogida de informes para hacerlos entrega donde sea preciso, recoger el correo, tirar la basura y hacer café para sus compañeros. Hasta que cumpla su contrato dentro de cinco meses, eso será lo que haga día a día.
- Para esta mierda prefiero dimitir.
- ¿Y no tener que darle un solo euro? Perfecto, hágalo -me levanté y pasé a su lado para salir y hablar a mis empleados -La señorita Blanca González está a su servicio, recuérdenlo. Y ella es un ejemplo de lo que ocurre si ustedes rompen los códigos de actuación establecidos en el régimen interno. ¿Les merece la pena? Yo creo que no. Admiro su trabajo, señoras y señores, y estoy orgulloso de lo que hacen. Pero actitudes como la suya -y señalé a Blanca -hacen que el magnífico funcionamiento de esta oficina pierda efectividad. Así que, damas y caballeros, ¡volvamos al trabajo y olvidemos este incidente!
- ¡Espinosa! -Fernández hizo acto de presencia en la escena -esta señorita ha roto otro código faltando el respeto a un superior por las decisiones tomadas, y han sido testigos de lo ocurrido. Por tanto, Blanca González, la suspendo de empleo y sueldo durante dos semanas. Su contrato sigue vigente, ya sabe.
- Prefiero dimitir -Blanca se dirigió a su mesa y comenzó a recoger sus cosas. Yo volví a mi mesa y se lo notifiqué a Sara -y me largo de aquí ya.
- Bueno, pues venga a mi despacho para redactar su dimisión y hacer todo esto legal -Fernández comenzó a dirigirse a su despacho -Pablo, ¿vienes ahora?
- En un momento estoy allí.
- Blanca, no tienes por qué hacer esto -entré y ella estaba de pie al lado del ventanal mientras Fernández escribía en su teclado -Este es un buen trabajo, no la cagues. Solo serán cinco meses y podrás irte y seguir trabajando en otro departamento.
- Que te jodan -Ni me miró para responder.
- Blanca, relájese -Ángel Luis se encendió un puro -antes de irse tenemos que hacerle unas preguntas.
- Que te jodan a ti también.
- Venga, no me seas. ¿Quién es tu contacto? -giró la cabeza hacia mí con los ojos como platos -tienes que vigilar dónde tienes las conversaciones por teléfono, nunca se sabe si a tres metros puede estar el afectado.
- No voy a decirte nada.
- Vamos, querida -Fernández se levantó mientras la impresora sonaba en su escritorio -no tendrá consecuencias negativas, y te daremos algo de dinero.
- No quiero vuestro sucio dinero, sólo largarme de aquí.
- Está bien, está bien -Fernández cogió los papeles recién impresos y sacó una pluma de oro con la que firmó. Después me la tendió a mí -tenemos una gran suerte, no te vamos a ver la puta cara por aquí nunca más.
- Firmado -dejé mi rubrica sobre el papel y tendí un bolígrafo Bic que había en un bote de bolígrafos a Blanca para que firmara -ahora es tu turno.
- Sois despreciables -Blanca también firmó y se llevó su copia.
- Despreciable es una persona que miente, engaña y juega con los sentimientos para vivir de las rentas de otra persona -la miré a los ojos -y me alegro de que se te curaran las heridas tan rápido, de verdad.
- Iros al infierno -salió pisando fuerte, y miré a Ángel. Me sonreía. Entendí lo que quería decir y la seguimos por los pasillos.
Estábamos cerca de la puerta de salida. Blanca no miraba a nada ni nadie, de hecho se chocó con varias personas en recepción y no pidió ni disculpas, pero nosotros íbamos como chiquillos, casi corriendo, para ver lo que iba a ocurrir. Pero, en cuanto salimos a la calle, a mí se me quitó la sonrisa. Blanca se abrazó a la persona que menos quería ver, y descubrí quién era su contacto... Susana...
- ¿Por qué me esperaba que fueras tú? -Fernández habló, ya que yo no podía creerme lo que estaba ocurriendo -Dios las cría y ellas se juntan.
- Dejadla en paz -Susana, con su rubia cabellera y su ropa ajustada, nos miró con desprecio mientras abrazaba a Blanca. La gente de la calle miraba con curiosidad la escena, y me fijé en dos mujeres que estaban al lado que comenzaron a cuchichear en cuanto salimos -le habéis dado un trato horrible, y se ha visto obligada a dimitir por vuestra incompetencia.
- No, Susana, se lo ha buscado -Fernández bajó los pocos escalones y se acercó a la escena -el régimen interno establece unas pautas que Blanca no ha llevado a cabo, y ha sido Pablo quien ha confesado. Yo mismo le he impuesto también un castigo.
- Vamos a hundiros, por esta mierda se os va a caer el chiringuito -Susana protegió a Blanca y comenzó a gritar -¡tengo a los mejores abogados preparados para demandaros!
- Y nosotros pruebas suficientes para defender dicha demanda y ganar en un juicio -las dos mujeres que cuchicheaban mostraron su rostro. Y no me alegré tanto en mi vida de ver dichos rostros -Mi nombre es Raquel Alcázar y soy la abogada del Señor Espinosa. Señorita González, no nos conocemos, pero a ti ya te he visto más de una vez, Susana.
- Tú... -Susana comenzó a retroceder -¿Quién te ha traído aquí?
- Yo -Sara apareció detrás de Raquel con su sonrisa de victoria -Ya me la liaste una vez con Pablo, pero tú y tu amiguita estáis bien jodidas -después miró a Ángel Luis sonriente -¡Fernández! ¡A cenar a casa esta noche!
- Al fin te conozco bien, Sara -y se acercó a ella para abrazarla, y ella le devolvió el gesto. Después se acercó a mí y me besó.
- Tomaremos acciones legales contra ustedes dos -Raquel abrió su maletín y comenzó a buscar entre sus papeles -he estado redactando las demandas que voy a realizar en contra suya.
- Todo esto ha sido tu culpa -Susana comenzó a acercarse a mí, pero Sara se interpuso -juro que te mataré, Pablo.
- ¡No vas a tocar a Pablo! -Sara se encaró con Susana, y yo seguía sin poder emitir palabra alguna -por encima de mi cadáver, zorra.
- Pues que así sea -y Susana sacó de un bolsillo una navaja. Entonces fui yo el que se puso delante de Sara.
- Susana, basta -al fin pude hablar. Blanca tenía las manos en la cara, Raquel tuvo que recoger los papeles del suelo y Fernández... comenzó a caminar lentamente -baja eso y hablaremos, ¿vale?
- ¿Hablar, Pablo? ¡¿Hablar de qué?! -ella se iba acercando cada vez más, y Sara intentaba ponerse delante, pero no la dejé -Me has jodido la vida de todas las formas posibles.
- ¡Estás loca, Susana! -grité -¿Es que no recuerdas la historia? No quisiste casarte conmigo y después, cuando hago de nuevo mi vida, lo jodes todo. Necesitas ayuda, en serio.
- ¡Cállate! -lanzó una primera estocada, pero pude esquivarla como pude -Eres mío, Pablo. Y ni esa zorra y ninguna te va a tener. Y si yo no te puedo tener... Nadie te tendrá -volvió a cargar contra mí, y ya no parecía tener escapatoria. El brillo de su hoja se acercó a mí peligrosamente, y cerré los ojos esperando sufrir aquella punzada, pero no llegó. En su lugar escuché un golpe seco contra el suelo, y cuando miré Fernández se hallaba encima de Susana sujetando sus manos.
- ¡Que alguien llame a la Policía! -espetó Ángel Luis mientras forcejeaba con Susana -Se te ha acabado el chollo, puta loca.
Esa escena se convirtió en una llamada de atención general para el público, pero por suerte ya varias de las personas que allí había tenían sus teléfonos en la mano. Cuando Susana se tranquilizó comenzó a llorar, y Fernández empujó la navaja para dejarla fuera de su alcance. Y mientras todo esto ocurría, volvimos a escuchar otro golpe contra el suelo. Blanca había echado a correr, pero Raquel le había puesto la zancadilla de forma sutil y se sentó sobre ella cuando estaba en el suelo. Después se encendió un cigarro y me sonrió. Definitivamente, tengo la mejor abogada del mundo. Cuatro coches de Policía aparecieron y se hicieron cargo de la situación. Susana y Blanca se fueron esposadas y en coche patrulla, y a nosotros se nos tomó declaración, pero era lo bueno de tener a mi representante legal allí, para que ella hablara.
- Vaya mañanita... -Sara se sentó en los escalones de la oficina junto con Fernández, que se había roto los pantalones al caer al suelo -vas a tener que cambiarte, Ángel Luis.
- Un traje de casi mil pavos a la basura... -se miró algo indignado -para que veas lo que hago por ti, Pablo.
- Te debo la vida, macho... Me has salvado de una puñalada.
- Vas a estar invitándome a cenar muchas veces...
- Hoy, por ejemplo -Sara me miró, y de repente sonrió. Yo la miré extrañado, pero ella empezó a señalar con la cabeza a Raquel, que estaba mirando unos papeles. Pillé el mensaje.
- Raquel, te debo mucho por lo que has hecho hoy... -me acerqué a ella y puse la mano en su hombro. Ella sonrió. Había que admitir que era una mujer preciosa -¿qué haces esta noche?
- Recluírme en casa a hacer papeles. Vaya planazo...
- ¿Quieres venir a casa a cenar con Sara y conmigo? -miré a Fernández -también vendrá Ángel Luis. Lo pasaremos muy bien.
- Bueno, mañana no tengo nada que hacer... -Raquel guardó los papeles y miró a mi jefe, y Sara y yo nos fijamos en aquella mirada. Parecíamos críos -Qué demonios, vamos a pasarlo bien.
- ¿Quieres que vaya a recogerte, Raquel? -Fernández sacó su sonrisa de pez gordo, y ella se sonrojó. Eso era muy buena señal -estos dos estarán liados en casa, así que paso yo a por ti...
- Esto... -mi abogada no tenía nada que decir. Que alguien grabe el momento -Claro, encantada.
- Pues traed algo de beber, porque creo que entre Pablo y yo hemos acabado con el Mini-Bar... -Sara empezó a reir, y nos contagió la risa a todos. Esa noche prometía.
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