domingo, 9 de marzo de 2014

60. La Celestina

- A veces me sorprendes, Sara -estaba poniendo la mesa con mi mejor cubertería y vajilla, además de los vasos buenos, mientras ella terminaba de recoger la cocina -Ángel Luis y Raquel...
- Sabía que Raquel estaba soltera porque estuvimos hablando antes de llegar, liberando algo de tensión -Sara iba semi desnuda, y se dirigió a la habitación a vestirse -y he pensado que Ángel Luis y ella pegaban. Son muy profesionales, ¿no crees?
- No has visto a Fernández con dos copas de más -reí y llené el bol de comida de Nuka con una de sus latas -parece otro tío.
- ¿En el mal sentido?
- No, para nada. Es más cercano, deja un poco el lado profesional al lado, da gusto hablar con él.
- ¿Y cómo crees que será Raquel? -Sara se puso su vestido corto, el que tanto me gustaba, y unos tacones pequeños de color negro, a juego con la prenda -es política y asquerosamente correcta, me da miedo tratar temas que no sean estrictamente profesionales.
- Tratarlos, se tratarán -yo me puse un traje azul oscuro ajustado y una camisa blanca, con mis zapatos -porque joder, es buen lugar para tratarlos. Pero creo que con dos copas de más, todos somos humanos, y hoy veremos a una Raquel más humana.
- A ver qué tal la noche... -Sara me colocó la corbata y sus ojos denotaban dulzura e ilusión -Es nuestra primera cena con amigos... -se sonrojó y yo reí suavemente -llámame loca, pero esto me llena.
- Son cosas de pareja. De pareja seria -levanté la cabeza para dejar que Sara colocara el nudo en su sitio, pero fue ella la que tiró de mi nuca para besarme.
- Ya están aquí -justo acababa de sonar el timbre -es hora de ser una pareja formal.
- Veamos qué tal...

- ¡Espinosa! ¡Su barrio para aparcar es vomitivo! -entrada triunfal de Fernández en mi casa, que después de estas palabras me estrechó entre sus brazos. Lucía un traje de un blanco brillante impoluto con la corbata a juego puesta sobre una camisa negra al igual que sus zapatos. Olía a un perfume muy masculino y se había arreglado la barba y el pelo para la ocasión. Todo un seductor.
- Es lo que tiene el centro, Ángel Luis -puse la mano en su rostro en señal de confianza -¿entiendes ya por qué uso el transporte público?
- Teniendo un carrazo como tienes... No te entiendo, de verdad.
- ¡Pues dame una plaza de garaje y verás a menudo mi RX-8! -Raquel y Sara hablaban tranquilamente mientras ésta cerraba la puerta.
- Calma, joven "padawan", calma... La paciencia, gran virtud del ser humano es -me dirigí a Raquel mientras Ángel abrazaba a Sara -es un gusto poder verte en persona y sin jugarnos la vida, querida.
- El placer es todo mío, Ángel -Sara le abrazó y le golpeó en el hombro -te hacía más viejo.
- Yo te hacía más normalita, qué quieres que te diga -cogió su mano y la hizo dar una vuelta sobre si misma mientras la miraba -pero viéndote así, ya entiendo las pasiones que levantas...
- Anda, déjate de sutilezas -dije tras abrazar a Raquel, que lucía increíble en un vestido de color granate con un escote impresionante y unos tacones a juego -que hoy estamos rodeados de bellezones.
- No me imaginaba que sería éste el trato con mi cliente, pero haces que me ruborice -Raquel agachó un poco el rostro, y Fernández la miró
- Raquel, fue recogerte y decidir terminar mis tratos con mis abogados de confianza -el rostro de mi abogada adoptó el color de su vestido después del comentario de Ángel Luis -pero dejémonos de sutilezas. ¿Qué vamos a cenar?
- ¿Os gusta la comida china? -dije sonriente, y Fernández rió a carcajadas
- ¡Claro que si! Este Vega Sicilia "Único" del sesenta y ocho irá muy a juego con un rollito de primavera -y sacó la botella que llevaba en una bolsa especial. Y Raquel abrió los ojos y la boca.
- Ángel Luis, esa botella de vino ronda los mil euros... -entonces fuimos Sara y yo los que abrimos la boca.
- Pues como os vea que la mezcláis con Coca-Cola os crujo. ¡Vamos a pedir!

   La comida llegó en más o menos media hora, recién hecha, y deliciosa. Raquel trajo una botella de Legendario, y Sara y yo hicimos acopio esa tarde para nuestro Mini-Bar personal. ¡Me dejé casi doscientos euros en alcohol! Pero bueno, todo calidad, y de todo tipo. Por lo visto, Raquel era amante del buen vino, y en cuanto lo dijo e hizo una cata casi profesional de lo que trajo Fernández, pudimos ver en el rostro de mi jefe que algo despertaba en su interior. Después de atiborrarnos a comida y de tratar por encima los trámites que se estaban llevando a cabo para demandar a Blanca y denunciar a Susana, nos sentamos en los sofás y comenzamos a servir combinados a placer, además de algún chupito suelto. Sara y Raquel comenzaron a charlar animadamente, y yo salí a la terraza con Ángel Luis, que con una copa de Jack Daniel's "on the rocks" se encendió un puro y miró al infinito.

- Pablo, me gusta Raquel -dijo en cuanto cerró la puerta tras de si -no sé, la he ido a recoger y nos hemos dado un abrazo y...
- Calma, calma, por partes -bebí de mi ron con Coca-Cola y le miré -a ver, ¿qué te parece tan bueno de ella? No me hables de hechos, sino de lo general.
- Bueno, estuvimos hablando desde que entró al coche -dio una calada y soltó el humo casi dejando que saliera solo -pensé que sería reticente o fría a hacerlo, y no. Desde que nos vimos hablamos. Coincidimos en muchos gustos. Musicales, literarios, formas de pensar...
- ¿Crees que lo que sientes es mutuo? -sonreí, por primera vez veía a mi jefe sonrojarse de forma sincera.
- No lo sé, pero, ¿sabes qué? -me devolvió la sonrisa -ojalá.
- ¡Chicos! ¿Qué hacéis aquí? -Raquel abrió la puerta del balcón y se acercó a Ángel Luis, pasando su brazo por la cadera de mi jefe y robándole el puro para darle una calada -Habano... Qué sabor.
- Espera, ¿también fumas puros? -Sara se reía maliciosamente desde dentro, también estaba observando la escena.
- Me gusta disfrutar de un buen whisky, una buena ópera, una buena lectura y si se tercia, buen humo para llenar mis pulmones -miró a Fernández a los ojos y le echó el humo a la cara -y no te iba dejar que te fumaras tú solo esto...
- Creo que tenéis mucho de lo que hablar, chicos -pasé por su espalda y me acerqué a Sara, agarrando el pomo de la puerta del balcón -cuando os terminéis eso, pasáis. A Nuka no le mola el olor -y cerré la puerta.
- Raquel está loquita por Ángel Luis -si, Sara había hecho sus deberes -menudo ojo tengo, nene.
- Eres toda una Celestina, mi amor... -la besé con una ternura que pasó un poco a mayores teniendo en cuenta que ya llevábamos un par de copas encima, pero nos controlamos. Cosas de tener visita -Fernández está igual. Se ve que comparten gustos.
- Te apuesto una cosa -Sara me miró a los ojos y en su mirada había algo de pasión -si cuando abra la puerta les pillo en pleno beso, hoy terminas atado a la cama.
- ¿Y qué gano yo si están charlando tranquilamente?
- Bueno... ¿Es que no quieres atarme a la cama? -se mordió el labio y pasó su mano por mi pecho hasta llegar a mi entrepierna -Seré toda tuya...
- Acepto la apuesta -la besé de nuevo con algo de pasión y de su garganta surgió un leve gemido que me hizo temblar -¿cuándo abrimos?
- Tres... Dos... Uno... -Sara se acercó a la puerta y abrió de golpe -¡Chicos! Estamos pensando en empezar una ronda de... ¡Ups! -maldita sea... Perdí la apuesta -bueno, os lo comento luego. Terminad, terminad -cerró la puerta y se echó a reir
- Dos vinos, dos copas, ¿y ya se están besando? -me sentía un poco dolido, no me gustaba perder -Pues si que se gustaban, si...
- Se le veía en los ojos, Cariño -comenzó a caminar de forma sensual para volver a sentarse en el sofá y se dejó caer suavemente para mirarme desde allí -y sé de uno que hoy va a estar bien atado...
- Si, y seguro que es Ángel Luis...


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