jueves, 20 de febrero de 2014

50. Tú y yo

   Llegamos a casa después de cruzar de nuevo el centro de Madrid. Pasé antes por una gasolinera para alimentar a la bestia, ya que había hecho bastantes kilómetros y bastante rápido, y ya pedía algo de comida. Lo aparqué en el garaje y subí la mochila de Blanca mientras ella me seguía en dirección al ascensor. Lo que había en su interior podría describirse como una olla a presión de sentimientos. Mi capacidad analítica se había ido al carajo cuando la miré al salir del coche. Era muy extraño, no sabía cómo se sentía ni cómo podía hacer que se sintiera mejor. En el fondo de su ser si había alegría, pero también había dolor. Era tan extraña la mezcla de sentimientos que cuando la dije que ya estábamos llegando me sonrió con ganas, pero estaba llorando. No sabía cómo actuar.

   Cuando llegamos a casa Nuka me maulló desde el sofá. Solía hacerlo cuando venía solo o cuando quien me acompañaba era un habitual, como si viviera allí. Eso me sacó de sitio. ¿Cómo era capaz Nuka de maullarle así a Blanca? Si solo la había visto una vez... Llevé sus cosas a la habitación, y cuando volví se había tumbado en el sofá, y entonces si que me sorprendí: Nuka, el "valiente", se había tumbado en el estómago de Blanca. Ella mientras acarició su lomo, y el gato no hacía más que ronronear. No me lo podía creer.

- Nuka, hora de cenar -dije mientras vaciaba una lata de comida de gato en su cuenco y le rellenaba el del agua -deja que Blanca descanse.
- Venga, pequeño, luego te acaricio un rato más -Nuka le lamió la nariz y se dirigió a su comida -es un amor de gato.
- Mi fiel compañero de piso -me senté a su lado y ella instintivamente se acomodó sobre mí, apoyando su cabeza en mi regazo -Ya llevamos unos cuantos años juntos. Pero como no hace ejercicio, el muy cabrón está engordando...
- Déjale, el verdadero dueño de la casa es él...
- Es mi compañero de piso, nada más -eso me había cabreado -no es dueño de nada.
- Es un gato -ella miró al gato de reojo -tú eres su mascota, de hecho, tú eres su sirviente. Piénsalo bien. Esta es su casa porque él no sale de ella, tú le das de comer, de beber, le acaricias, le sirves de almohada y le llevas al veterinario.
- Joder, tienes razón... -puto gato. Tantos años y ahora empezaba a cabrearme verle comer tan tranquilo en su cuenco.
- Tú no tienes un gato. El gato te tiene a ti.
- Al menos tengo el consuelo de que no soy su único sirviente... -miré a su magullado rostro y ella dejó ver una media sonrisa.
- Si voy a convivir contigo será en calidad de sirviente de Nuka, ya me estoy acostumbrando a eso.
- Como en tu casa, si es que podemos decir que es nuestra y no de ese felino asqueroso...
- ¿Nuestra...? -se hizo el silencio. Ya me había ido de la lengua, por supuesto.
- Bueno, si estás como en casa y ambos vivimos aquí, es nuestra, ¿no? -intenta arreglarlo, palurdo.
- Yo solo estoy aquí temporalmente hasta que encuentre algo...
- No tiene por qué...
- ¿Cómo? -¡Otra vez, Pablo!
- No sé, puedes estar el tiempo que quieras, ¡incluso podemos compartir piso!
- Pero solo hay una habitación... -A ver cómo cojones arreglas esto, majo.
- Hasta ahora no hemos tenido problemas en lo de dormir juntos... -¡Di que si! ¡Un aplauso al soplapollas de Pablo Espinosa por su gran interpretación! "Quiero dedicar este premio de la Academia..."
- Pero... ¿Y Sara? -que alguien traiga un desfibrilador, a este tío le va a dar un ataque -¿cómo están las cosas con ella?
- No hablemos de Sara -no, para qué... -ahora vamos a pasar un tiempo tú y yo. Y es lo que importa ahora mismo: Tú y yo.
- Tú y yo... -Blanca se acomodó un poco mejor y acarició mi brazo -pensé que no querías más "Tú y yo".
- ¿Por qué dices eso? -la miré a los ojos y acaricié su rostro. Ella me lanzó una mirada vidriosa por las lágrimas.
- Porque no me has besado al llegar, y te has burlado de mí antes con la canción, y...

   No dejé que siguiera dudando que no quería nada con ella. La besé con toda la intensidad que había dentro de mí, borré por un momento las dudas, puse todo el peso de mi balanza en el lado de Blanca y me dejé llevar. Ella era lo que necesitaba, ella era quien estaba en mi casa, deseando tenerme, y no le dejé con las ganas de que me tomara. Cuando la besé decidí tumbarme sobre ella, pero fue ella la que se adelantó y me fue empujando poco a poco contra el sofá hasta quedarse encima mía. Sus besos eran increíbles, no era simplemente algo bonito, era mucho más. Cada beso que me daba hablaba de más cosas que todas las líneas que he escrito de mi historia, cada caricia era un verdadero viaje por un paraíso más allá de lo terrenal, de lo imaginable. La pasión no era un método, sino un medio. Un medio para hacer que ella y yo voláramos más allá de los límites. Mi Corazón latía sin parar, cada vez más acelerado, cada vez más fuerte, golpeando fuerte contra la caja torácica, casi llamando a la puerta de su también acelerado Corazón. La abracé, la abracé con toda mi energía y ella tomó con sus suaves manos mi rostro para devolverme la energía en forma de beso. Lo que daba, lo recibía. Lo que entregaba me era devuelto, y eso me hacía sentir mejor que nunca.
   Justo después de terminar ese beso ella me miró a los ojos, y sentí como miraba dentro de mí, dentro de lo que soy, de lo que sentía. Sabía que tenía dudas, pero también sabía que podía poner definitivamente todo el peso en su lado de la balanza, y sonrió. Sonrió con la felicidad que tan contento me hacía sentir a mí. De repente su sonrisa se tornó en una algo más macabra y su mirada cambió. Su lado salvaje estaba tomando posesión de su dolorido cuerpo. Se levantó del sofá y con el dedo me indicó que la siguiera. Ahora era mi lado salvaje el que se estaba adueñando de mí, y la seguí. Entró en la habitación y desapareció de mi vista. Entré buscándola, pero ella me encontró a mí, y se lanzó encima mía empujándome contra la cama, que crujió bajo nuestro peso. Ahora sus besos eran casi irracionales, el mensaje tan complicado que trasmitían se convirtió en mordiscos, era animal. Yo dejé que mi bestia interior me llevara y cuando quise darme cuenta en mis manos descansaban los jirones de lo que era su camiseta, y su respiración era agitada, casi entre gruñidos. Me agarró de las muñecas y me dominó por completo, nos retorcíamos por ser dueños de la situación, pero cuando me fui a lanzar con fuerza para ponerme encima encontré una resistencia: mis manos estaban esposadas al cabecero de mi cama. La bestia se fue un momento para mirar a Blanca sonreír encima mía y morderse el labio inferior.

- ¿Cómo cojones has...? -ella puso su mano en mi boca, no dejándome hablar.
- Las tenía en la mochila, preparadas por si algo así ocurría -seguía mordiéndose el labio, y eso me ponía cada vez más -ahora mi jefe está esposado a su cama y su pobre empleada va a tener que castigarle por lo que ha hecho en el coche...
- ¡Era una canción! -traté de moverme, pero ella había afianzado bien su posición.
- Shhh, cállate, cuanto más te quejes, peor será...

   Levantó mi camiseta y volvió a besarme, para después ir bajando por mi cuello. Yo solo era capaz de sentir escalofríos, y más cuando mordía o chupaba para dejar una marca en mi cuerpo. Mi respiración se tornó en gemidos, y en gritos cuando alcanzó mis caderas, en las que descubrió miles de puntos débiles que yo no recordaba tener ahí. Terminó de desnudarme y subió hasta mi entrepierna. Y entonces si que grité. Yo no imaginaba que eso fuera tan, tan placentero. Me faltaba la respiración, y mi animal hacía lo posible para soltarse, pero seguí atado hasta que ambos terminamos de divertirnos.
 
- Recuento de daños, gente -el Cerebro estaba mareado, solo escuchaba quejidos de dolor y a algunas partes del cuerpo ni las escuchaba.
- Necesitamos más oxígeno -los pulmones suspiraron con rabia -¡no podemos seguir con este ritmo!
- ¡Plaquetas por la zona de las costillas! -la piel estaba demasiado saturada, no sabía dónde actuar -hay varios arañazos profundos y tenemos que hacer cicatrizar esas heridas.
- ¡Corazón, rápido! -las órdenes del Cerebro no eran del todo claras -¿quieres relajarte y empezar a trabajar?
- Cerebro, ¿qué cojones te ha pasado? ¡Durante esta última hora y media no has sido tú!
- Lleva sangre a los brazos, están doloridos por estar esposados.
- ¡No me cambies de tema, Cerebro! -Corazón parecía enfadado -¿Qué ha pasado? ¿Tenía que ver en algo de este el Pene?
- A mí no me mires, estoy destrozado... ¿De dónde coño habéis sacado a esta pantera? ¡Me ha mordido!
- Cuando el Cerebro nos diga qué ha pasado, empezaremos a trabajar -el Corazón fue tajante. Todos estaban pendientes de las palabras del jefe.
- No he sido yo... He perdido el control... Las órdenes venían de arriba, han prescindido de mi uso.
- ¿De arriba...? -el Pene tembló asustado -¿Quieres decir que no has sido racional en ningún momento?
- Yo... Yo acabo de llegar. Lo siento, chicos.



Todos los capítulos ordenados y actualizados, aquí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario