- Buenos días, preciosa -dije, con la voz bastante afectada por el alcohol y los gritos de la noche anterior -¿cómo te va la mañana?
- Buenos días -respondió ella, con un tono de voz alegre -me has pillado a un rato de entrar al curro. ¿Qué tal has dormido hoy? Se te nota algo afónico.
- Hoy he dormido algo mejor, por suerte para mí -su voz me hacía sentir vivo, el calor que sentía cuando me lo decía en la cama, y no por teléfono -pero bueno, me encuentro algo mal, así que hoy iré al médico a ver qué me dice.
- En cuanto sepas algo, llámame, ¿vale? -sonaba preocupada, y que se preocupara por mi (como creo que ya he dicho varias veces) me hacía sentir mejor.
- Claro, claro. ¿Qué tal has dormido tú?
- Llevo un tiempo sin apenas dormir, Pablo -era algo que noté, pero tampoco quería entrar mucho al trapo -le llevo mucho tiempo dando vueltas a tantas cosas que... No sé, no soy capaz de pegar ojo.
- Te comprendo perfectamente, estoy igual, por eso voy al médico hoy.
- Oye... ¿quieres que nos veamos hoy después del médico? -parecía una niña pidiendo un caramelo, y yo me derretía a pesar del frío.
- Claro, me encantaría. ¿Hoy no trabajas?
- Me han despedido... El día del partido no fui a trabajar, y terminaba el contrato el día que comimos juntos. Prefirieron no renovarme...
- Lo siento muchísimo, Sara... -estaba bastante preocupado, para qué mentir -¿y qué tienes pensado hacer?
- No lo sé, de verdad que no. Luego hablamos, voy a entrar a por algunas cosas al Paro. ¿Me llamas cuando salgas del médico?
- Claro Cielo -cagada enorme -luego te aviso.
- Pasa un buen día, Amor.
Colgó ella. Y me dejó colgado a mí. De nuevo, bajo la capa de nubes de mi amada Madrid, la balanza se había vuelto a equilibrar, y de nuevo había cambiado de lado de forma drástica. Me quedé un rato enorme ahí mirando al infinito cuando la puerta se abrió. Blanca, rascándose los ojos y vistiendo mi camiseta de pijama, me sacó del trance.
- ¿Qué haces ahí, Pablo? -dijo cuando me vio -hace mucho frío.
- Quería ver cómo estaba el día -claro que si, campeón -y despejarme un poco. Hoy iré al médico, pediré cita de urgencia.
- Está bien... ¿Pero qué te ocurre?
- Nada, que me quedé sin pastillas.
Me metí en la ducha y me quedé mucho tiempo ahí. Estaba bastante relajado, tranquilo, y necesitaba un poco de paz. Me había metido en una situación bastante jodida de superar, y lloré. Lloré en silencio para no llamar la atención de Blanca, que estaba haciendo el desayuno en la cocina. Cuando conseguí calmarme terminé de enjabonarme y me vestí. Y después de un delicioso desayuno bajé al garaje y me subí al coche en dirección al médico. Por suerte, cuando llegué y pedí cita, tenía un hueco libre.
- Buenos días, Pablo -mi doctor me conocía bien, eran muchos años pasándome consulta -qué, ¿cómo van esos terrores nocturnos?
- Mire, de eso venía yo a hablarle. Hace dos noches me desperté en medio de la Gran Vía después de una horrible pesadilla, y casi me ve en la morgue y no aquí.
- Joder, eso no es bueno -el médico abrió los ojos como platos -dime ¿qué viste en esa pesadilla?
- Era mi propia voz poniéndome a parir. No sé, estoy asustado.
- ¿Tomas las pastillas? -dijo mientras anotaba rápidamente en su ordenador
- Bueno, hasta hace un par de semanas si, pero dejé de tomarlas porque me encontraba mejor...
- Vaya... ¿Estás pasando por alguna situación emocional de tensión? -si, mi doctor me conocía.
- Es una historia muy larga. Todo mi mundo se vino abajo en menos de diez minutos pero poco a poco lo estoy reconstruyendo, aunque ahora... Ahora me encuentro en una encrucijada.
- Eso suena a mal de amores.
- Lo es. Mi pareja me dejó y cuando tengo la oportunidad de arreglarlo aparece alguien que me hace sentir si no igual, mejor que ella.
- La hostia, ¡con lo bonito que es tener una sola mujer en la vida!
- Suerte que tendrá usted.
- Desde luego. Con mi novio no me pasan estas cosas.
- ¿Novio? -eso me descuadró.
- Si, bueno, estoy casado con mi chico, todo de lujo, y eso que pasé por algo similar, pero no estamos hablando de mí.
- Qué suerte tiene usted...
- Sin duda. Creo que usted tiene un problema grave, Pablo, un principio de doble personalidad, pero creo que es algo temporal -el doctor miró la pantalla de su ordenador y tecleó de nuevo -lo que debes hacer, hasta que solventes tu problema emocional, es seguir tomando las Tiadiponas. Lograrás mantener una estabilidad y podrás dormir. Pero deberías plantearte en tomar una decisión, y rápido.
- Gracias, doctor.
- Para eso estamos.
- Y sabiendo que usted pasó algo igual... ¿Qué me recomienda?
- Bueno, en eso... -cogió la receta, la firmó y la selló -Mi decisión fue sencilla. Tenía a los dos delante, los miré y supe con quién quería estar.
- Eso es muy arriesgado...
- Desde luego. Pero cuando lo haces, te sientes más tranquilo. Te lo aseguro.
- Gracias otra vez.
- Anda, recupérate.
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