lunes, 3 de febrero de 2014

40. Ex Yerno

- ¿Si? -era una voz masculina. Supuse que era Pedro, el padre de Sara.
- ¿Pedro? Soy Pablo, quería hablar con Sara, ¿está en casa? -Una parte dentro de mí decía "Ojalá no esté". En el fondo no sabía si estaba preparado.
- No, no está, ya no vive aquí -no me hizo falta preguntar. Sabía por su tono de voz que ya sabía lo que Sara le contó.
- Pedro... ¿Podríamos ir a tomar una cerveza? -último recurso, pero, ¿qué podía hacer si no? -quiero hablar contigo acerca de lo ocurrido.
- ¿De cómo engañabas a mi hija con otra durante el tiempo que vivió contigo? Hay cosas que uno no quiere saber -Pedro colgó, pero volví a llamar y volvió a contestar -Pablo, no insistas, no te servirá de nada.
- ¡No lo hice, no fue así! Déjame al menos darte una explicación.
- Bajo ahora. Mide tus palabras, tienes cuarto de hora.

   Bajó Pedro con su porte tan galante y su cabello canoso, vestido con una camiseta blanca, unos vaqueros viejos, zapatillas y una chaqueta de cuero marrón. La mirada que me lanzó transmitía tanta tensión que si en vez de a mí hubiera mirado una bombilla, ésta hubiera estallado en mil pedazos. Comenzó a caminar sin mediar palabra hasta llegar a un bar en una calle perpendicular a la que estábamos, y entró sin más. No sujetó la puerta siquiera. Se notaba que no me quería allí.

- ¡Buenas tardes Pedro! -dijo el camarero desde detrás de la barra -¿lo de siempre?
- Si, ponme un tercio Fermín -se sentó en una mesa y me señaló -y a este lo que diga.
- Otro tercio, por favor -me senté frente a Pedro que miraba su reloj. El camarero apareció raudo con las dos botellas de cerveza y trajo también algo para picar. El bar era... Bueno, el resumen es simple. ¿No has estado nunca en un bar español típico, querido lector? Pues ya tienes una idea del entorno.
- Quince minutos -Pedro bebió de su tercio y comió un cacahuete -Empieza.
- Si. Una chica me besó en la puerta del trabajo y me estuvo acosando durante un tiempo -cogí la cerveza, pero ni siquiera bebí. Estaba muy nervioso -Se llama Susana. Es mi ex pareja. Cuando la pedí matrimonio me lo negó.
- Vamos a ver si me aclaro -Pedro volvió a beber de su tercio -Una tía con la que llevas tiempo le pides matrimonio, te deja y ahora vuelve porque si. ¿Y esperas que yo te crea? -comenzó a reírse y miró al camarero -¡Fermín, escucha esto! ¡Este soplapollas piensa que me va a tomar el pelo!
- No en mi bar, está claro -el camarero estaba limpiando el mostrador y también reía. Me sentí acorralado. Dos contra uno, era una soberana injusticia -¿quieres que le de un escobazo pa' sacarlo de aquí, Pedrito?
- Tranquilo, me las sé apañar solo -Pedro volvió a beber de su botella -Prueba con algo mejor, Pablo.
- Te lo juro, Pedro -mi tono ya parecía una súplica -Tienes que creerme, Sara también sabía que Susana era mi ex, de hecho los primeros días encontró una foto nuestra y mi alianza...
- Espera... -Pedro se quedó callado y miró al infinito -Si, recuerdo lo de la alianza.
- ¡Era de Susana! -bien, primera fisura en las defensas -Me la encontré en...
- En el Metro cuando conociste a mi niña, una rubia tetona y cachonda -Pedro volvió a beber de su botella. Si, Sara se lo había contado todo.
- No la reconocí, habían pasado unos cuantos años...
- ¿Y cómo volviste a encontrarte con ella?
- Fui a buscarla -bebí un largo trago y seguí hablando -Quería respuestas. Estaba estable emocionalmente hablando, tenía a Sara, y fui a por las respuestas que ella no me dio.
- No la habías olvidado... -me miró de nuevo con esa tensión que me erizó todo el vello de la nuca.
- Eso pensaba -le devolví la mirada -pero, ¿recuerdas el día que me fui en coche de aquí?
- Si, Sara se quedó muy preocupada en casa.
- Ese día tuve contacto directo con lo que sentía. Lo vi, lo sentí. Todas las dudas que me invadían... Se disiparon. Yo quería a Sara, qué coño, ¡yo quiero a Sara! Y casi me mato cuando me di cuenta.
- ¿Y eso? -Pedro ahora parecía interesado en la historia.
- Bueno, me fui por la carretera, ni recuerdo el sitio al que llegué. Hablé con un tipo desconocido, un tal David, y me dijo buenos consejos. Y cuando volvía casi me doy con un camión de frente porque estaba tan absorto...
- ...Y tan borracho -sonrió. Eso era buena señal.
- Quizá un poco. Pero el caso es que con las luces del camión delante mía apareció la voz de Sara y me sacó del trance. Y cuando tuve ocasión la hice venir a casa y le dije que la amaba. Y sigo amándola.
- Pero si amas a mi hija, ¿por qué te seguías viendo con la otra?
- No la veía, me veía ella a mí. Me esperaba en la salida del trabajo, en la puerta de casa, incluso fui a comprar ropa nueva y me la encontré.
- Joder, qué psicótica... -Pedro me creía. Ya si me creía.
- Hasta el punto de enrollarse con mi jefe para joderme el curro.
- ¿Te han despedido?
- No, eso es mejor todavía. El día que todo ocurrió Susana vino al curro y me besó. Ya la había visto sufrir por esto...
- Y bien merecido lo tenía -la media sonrisa de Pedro quizá delató un poco que también tuvo algo que ver -No es mi hija la que tiene los contactos.
- No apruebo el método pero si la reprimenda -bebí temblando. Ahora si tenía un respeto muy grande por él - El caso es que me besó y nos vio tanto Sara como mi jefe.
- Vaya...
- Sara me dejó y mi jefe me noqueó de un solo puñetazo -señalé mi ojo, aún quedaba una pequeña marca -le pillé de malas.
- Ya lo veo, ya... ¿y te despidió?
- Si, pero a la semana volví con mi abogada Raquel. Le dije a mi jefe que organizara una cena sorpresa con mi ex para demostrarle quién era de verdad. Era eso o meterle un puro de cojones por despido improcedente y más movidas...
- ¿Y después de eso te devolvió el trabajo?
- Dejó a Susana y me ascendió -terminé mi tercio triunfal, y pedí otros dos al camarero.
- Bravo -Pedro aplaudió - ¡Eh, Fermín, pon dos especiales, que el chico no es tan soplapollas como esperaba!
- Y que conste que pago yo -añadí, y el camarero sacó otros dos tercios, pero de color verde oscuro -ya te dije que te invitaba a unas cervezas.
- Pablo... Creí a mi hija porque es mi hija, pero... -tendí el billete al camarero que se lo llevó de vuelta a la barra al traer la bebida -pero sabía que no podías ser tan cabrón. Algo en mí me decía que no lo eras.
- Solo necesitaba exponer mi versión, nada más.
- Y me has demostrado que quieres a Sara, porque has vuelto a por ella.
- Cuando me he visto preparado. Durante una semana estuve vegetal en mi casa. No salía, no comía, no dormía... -brindé con Pedro y bebí -fue horrible.
- Y ahora eres un pez gordo, ganas más pasta y has venido a recuperar a mi hija... ¡Si señor, así da gusto tener yerno!
- Bueno, ahora solo soy... Un ex yerno.
- Eso ya no lo puedo arreglar yo. Te vuelvo a dar mi beneplácito, ahora mayor, para que recuperes a mi hija. Está trabajando de camarera en Madrid, en un restaurante del centro. Se ha mudado a una habitación solitaria al lado del trabajo. Te anotaré la dirección.
- Gracias Pedro -una lágrima tomó la avenida de mi mejilla para resbalar hasta mi arreglada barba -Gracias de corazón.
- Gracias a ti, Pablo -Pedro sonrió y volvió a levantar su cerveza -Te deseo toda la suerte del mundo.

Y el brindis sonó por encima de la música.

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