Hola, Pablo. ¿Me recuerdas? Soy yo, y sé que sabes quién soy. ¿Me echabas de menos? Claro que si, claro que me echabas de menos. Dime una cosa, querido amigo, ¿qué te pareció lo que viviste anoche? Fue magnífico, fue una obra de arte, ¡puro sentimiento! Ya lo sé, fue maravilloso, no tienes que recordármelo. Estuve ahí. ¿Cómo me iba a perder tal muestra de pasión y cariño? ¡Sería idiota si no estuviera allí! Ver a tu ángel con las alas desplegadas cabalgando salvajemente encima tuya, eso no tiene precio. Ver como lo puro, lo bello, lo celestial, desciende hasta los infiernos para entregarse al pecado más carnal, a la más impura lujuria llena de sangre, alcohol y gritos de placer, eso a mí me hace sentir poderoso, me la pone muy dura, Pablo. ¿Y sabes por qué? Porque puede que ella haya caído en el fuego y haya comenzado a arder, pero tú, amigo mío, tú acabas de reservar una cruz conmigo en el Infierno. Porque acabas de conseguir lo que yo deseaba que consiguieras: Dudas. Dudas de tu amor por Sara, dudas de lo que Blanca significa para ti, dudas sobre si debes dejar que el angelito siga en su puesto o no, dudas de si el novio de la chica va a encontrarte y matarte cuando sepa que empalmaste tu barra de amor en su sagrado coño anoche... ¡Dudas, Pablo, dudas! Dudas que te llevarán directo a la tumba. Y eso me la pone muy, pero que muy dura. ¿Verte sufrir? Me encanta. Me duele, pero me encanta. Porque te veo retorciéndote en tu cama una noche más. Rozaste con los dedos el conseguir ser libre, el poder dormir de nuevo, el vencer tus terrores nocturnos y dejar tus pastillas a un lado, pero yo te sigo viendo dando vueltas en la cama, gritando nombres, haciéndote sangre sin querer con las uñas y los dientes, sudando tanto que diría que acabas de salir de la ducha, alertando a los vecinos de que, claro que si, te estás volviendo loco.
Venga, querido mío, levántate de esa horrible, horrible cama, eso es. Deja las pastillas, no las vas a necesitar, yo soy tu nueva droga. Yo soy tu nueva necesidad. Yo soy tu peor pesadilla y el mejor de los recuerdos. Yo soy tú y tú eres yo. Venga, avanza. Ya sé, ya sé que te mira el gato, pero eso es lo de menos. Adelante, sal de la habitación. ¿Notas eso? Aún huele a ella. Aún puedes sentir su calor y su presencia aquí como si no se hubiera ido. ¿De quién hablo? ¿De Sara? ¿De Blanca? ¿De Susana? ¡Porque podría también hablar de Susana! ¡Venga, Pablo, admítelo! En el fondo la sigues amando. Porque no eres capaz de centrarte en una sola persona. Creo que el amor no está hecho para ti, viejo amigo. Creo que el amor es algo inalcanzable para un ser tan asqueroso como tú. Eres puro veneno, Pablo Espinosa. Puro veneno. Un ser despreciable capaz de traicionar a amigos y familiares. ¿Cuánto hace que no hablas con tus padres? Exacto, Pablo. Exacto. No has sido capaz de llamarles desde que te invitaron al fútbol. ¡Eres un jodido interesado, Pablo! Pero eso no importa. Venga, ya estás en la puerta de salida, solo te queda abrir y salir al portal. Eso es, poco a poco. ¿Notas ya el frío? Venga, Pablo, las escaleras no son un reto, no para alguien como tú, monstruo asqueroso, maldito hipócrita... ¡Grita su nombre! Vamos, ¡grítalo! Tan fuerte como ella gritaba el tuyo, ¡grita su nombre! Claro que si, eso es, que los vecinos se enteren, que todo el mundo sepa que no eres capaz de guardarte la polla dentro de los pantalones, que eres despreciable. Quiero que sientan por ti todo el asco que yo siento, quiero que te odien tanto como yo te odio. ¡Quiero que sufras, Pablo! ¡Quisiste matarme, pero no pudiste! ¡No podrás matarme nunca porque yo vivo en ti! ¡Si quieres verme desaparecer tendrás que quitarte la vida! Pero yo tengo una solución a eso. Venga, sal a la calle.
Eso es, Pablo. Eso es. ¿Lo notas? La lluvia. ¡Es la lluvia, Pablo! La lluvia te está empezando a empapar... Pero eso no es lo que quiero. Vamos, avanza. Tus pies, están helados, y eso es asfalto. Hay asfalto debajo de tus pies, Pablo. ¡Venga, joder, quiero llegar ya al sitio donde te quiero llevar! ¿Dónde está tu ángel ahora? ¿Dónde está tu salvaguardia para esto? Creíste que habías vencido a tus demonios, pero solo has conseguido enfadarme más. Has conseguido desatarme. ¿Dónde están tus principios, Señor Espinosa? Me los he llevado muy lejos. Tu moralidad, tu buena presencia, tu saber estar, ¡lo echaste en un lefazo! Bien profundo, deja la semilla del mal dentro de tu ángel, porque eso es lo que querías. Querías follártela, Pablo, desde el momento que la viste no deseaste más que llevarla a tu cama y hacerla tuya. Ni su bondad ni su intención de hacer el bien para ti quedaron claros, ¡tú querías más, Pablo! Y lo conseguiste, ¡vaya si lo conseguiste! Qué noche, ¿eh? ¡Qué noche!
Venga, un poco más... Las luces de Gran Vía son bonitas, pero tú no las verás más. Vamos, Pablito, un par de pasos más. Sara, recuerda a Sara. Qué mujer, llegó a tu casa y te revolucionó todo. Te enamoraste como un niño, ¿pero no era lo suficientemente fogosa para ti, Pablo? ¿No era lo que esperabas? No, claro que no. Por eso te dejaste llevar por el pasado, por Susana, para que ella se encargara de destrozarte. ¿Para qué me necesitabas viviendo en esa situación? ¡Era perfecta! Si hablabas con una te hundías, te sentías mal y discutías, ¡y hacías lo mismo con la otra! Después te la jugaron, Pablo Espinosa. ¡Te la jugaron! Era todo un complot, ¡todos estaban de acuerdo! ¿Por qué Sara ese día si te fue a buscar, eh? ¿Por qué Susana decidió besarte en ese preciso instante? ¡Estaba todo planeado, imbécil! Estaba todo planeado y tú no quisiste verlo. Eras un buenazo, ¿no? Pues no, Pablo Espinosa, te merecías ese puñetazo, te merecías estar solo y te merecías todo lo que pasó. Un poco más, eso es... Ahora solo queda esperar. La luz está en camino, Pablo. La luz está llegando. No queda nada, pronto todo esto habrá acabado. ¿Cual quieres que sea tu último pensamiento? ¿Blanca? ¿Sara? ¿Susana? No. Tu último pensamiento seré yo. Verás mi rostro, que será el mismo que ves ante el espejo todas las mañanas. Soy tu peor enemigo, Pablo, y soy tú mismo. No conseguirás escapar a mis garras, y hoy he ejecutado mi obra maestra.
Ahí está la luz, Pablo, cierra los ojos... Eso es, descansa... Es tu hora... Hasta siempre...
No, Pablo. Abre los ojos. ¡Ábrelos!
Y abrí los ojos, justo en el momento exacto para tirarme al lateral de la carretera cuando aquel autobús se acercaba raudo y veloz para atropellarme. Después tuve que rodar, porque otro coche venía en dirección contraria, y acabé saltando por encima de las vallas de metal que separan la carretera de la Plaza de Callao. Estaba solo con el pantalón de pijama, calado hasta los huesos por la lluvia, jadeando. ¿Qué cojones había pasado? No entendía nada. Una pareja se acercó a socorrerme y uno de ellos puso su chaqueta sobre mí.
- ¿Estás bien? -el chico parecía muy preocupado -llamaré a una ambulancia.
- No, no, no la llames -dije, recobrando la conciencia -¿qué ha pasado?
- Te metiste en la carretera como un zombie -respondió la chica, con la misma cara pálida -parecías una marioneta, estaba acojonada.
- Solo eras capaz de gritar. Gritabas mucho cuatro nombres -el chico hizo memoria -Sara, Susana, Blanca... Y Pablo. Pablo el que más.
- Yo soy Pablo... -traté de levantarme, pero me sentía sin fuerzas -¿qué hora es?
- Las cuatro y media de la mañana del domingo -traté de secarme la cara con la mano, pero estaba incluso más mojada que la propia cara -veníamos de tomar unas copas. Dime, ¿de dónde vienes?
- Creo... creo que de mi casa. -empecé a hacer memoria -recuerdo que Blanca se fue, pero no dio señal alguna de vida en todo el día. Estuve recogiendo la casa, bebí un poco y me fui a acostar pronto...
- ¿Eres sonámbulo? -la pareja me ayudó a levantarme y comenzaron a caminar conmigo -Porque si es así deberías tomar medidas.
- Nunca me había pasado algo así, estoy temblando...
- Será el frío -dijo el chico.
- No. Tengo miedo. Mucho miedo...
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