jueves, 6 de febrero de 2014

42. Revancha

   Madrugar no se suele hacer con ganas. Es una de las peores cosas que el ser humano ha creado. Pero cuando madrugas, no para trabajar, sino para vestir el rojo y el blanco y marchar orgulloso a la ribera del Manzanares a ver al mejor equipo del mundo jugar en el Vicente Calderón, entonces si merece la pena madrugar. Soy del Atleti, y todo empezó para joder a mis padres, pero el sentimiento te va atrapando hasta que, cuando te das cuenta, estás gritando con otras cincuenta mil personas a coro el nombre del "Cholo" Simeone. Cuando era más joven lo hacía porque era jugador, pero acababa de hacerse con el banquillo junto con el "Mono" Burgos y, qué cojones, siempre será una leyenda.
   Cuando voy al fútbol me gusta llegar casi una hora antes del partido. No suele haber mucha gente aún, solo los medios de comunicación y algún hincha loco como yo. Ya que estaba allí, y ya que la camiseta del "Niño" Torres que tenía estaba un poco usada, me pasé por la tienda y me hice con una de aquella temporada que me dejé puesta para ver el partido. ¿Que a quién elegí? Pues, por supuesto, el número 14 con el "Cholo" a la espalda. Desde siempre fue mi jugador favorito y ahora, más.
   Entré al estadio, cogí algo de picar y una bebida y me dirigí a mi localidad. ¿Sabéis cual es esa sensación que se tiene al ver el césped del Vicente Calderón, que te tiemblan todos los músculos y se te escapa una lágrima de emoción? Pues llevaba diez años viniendo aquí, y los diez años sentía lo mismo cuando salía a las verdes praderas bañadas de rojo y blanco en las butacas y el azul del cielo terminando el escudo en el firmamento. El oso y el madroño se sienten orgullosos de ser de este club y parte de su imagen.
   Ocupé mi sitio en la grada con las mejores vistas: Completamente centrado y a una altura digna para no tener que girar mucho la cabeza para ver las jugadas, además de estar lo suficientemente cerca como para que el sudor del "Tigre" Falcao me salpicara si pasaba por la banda. A mi lado, una localidad aún vacía que esperaba que se llenara. Cuando me senté, los jugadores ya estaban calentando. Si mi memoria no fallaba jugábamos con Courtois en la portería; Juanfran, Perea, Domínguez y Filipe Luis en la linea defensiva; Mario Suárez y Gabi en el doble pivote; Salvio y Arda Turán, el gran Diego y el Tigre rugiendo en punta. Calentaban bajo la atenta mirada de su afición que ya lanzaba los primeros gritos. Y desde el túnel de vestuarios apareció Diego Pablo, el Cholo, Simeone, y grité su nombre. Él se dio la vuelta y yo también, luciendo el 14 con su nombre. Sonrió, levantó el pulgar a mi posición y se acercó a sus jugadores. Y yo sentí que podía morir ahí mismo.
   Terminó el calentamiento y los jugadores de ambos equipos se metieron al túnel de vestuarios, a breves instantes de dar comienzo al encuentro. Todas las localidades se fueron ocupando, excepto la que tenía al lado, y empezaba a temerme que seguiría así todo el partido. Fue cuando la megafonía empezó a notificar que el partido iba a comenzar cuando me percaté de que una persona estaba de pie y mirándome justo en el asiento vacío.

- Debía imaginar que todo esto era cosa tuya. Ha sido una gilipollez venir...
- Espera -me levanté y miré a mi interlocutor -por favor, quédate.
- No quiero quedarme por ti -miró al campo y vio a los jugadores salir -me quedaré por mi Geta. No se suelen tener sitios así para ver un partido.
- Gracias por aparecer, Sara -con su larga melena recogida en una coleta, sus vaqueros rotos, sus botas y la camiseta, esta vez amarilla fluorescente de visitante de su amado equipo, se sentó en su sitio.
- Déjate de gilipolleces, Pablo -respondió -he venido a ver el fútbol. Cuando mi compañera me dijo que un tío raro había venido a comer al restaurante y había traído entradas para el Atleti-Getafe sabía que era cosa tuya.
- Y aún así has venido...
- Te repito, he venido porque es un partidazo y los asientos son buenos, no por ti -abrió su bolso y bebió de una botella de agua -Además, en cuanto termine tengo que salir echando hostias al curro.
- Te veo bien -y Sara me miró. Sus ojeras eran pronunciadas, estaba más delgada y pálida, pero sus expresivos ojos no habían cambiado para nada y me demostraron la mala leche que tenía.
- ¿En serio, Pablo? Pues si por mi fuera, yo no querría verte.
- Aún sabiendo que fui yo el que te invité...
- No voy a hablar de lo ocurrido, que te quede bien clarito -cogió su móvil y le hizo una foto a los jugadores alineados en el campo junto con los árbitros antes de hacer el saludo protocolario y el sorteo de campos.
- Y no pretendía hablar de ello, te he traído para algo mejor.
- ¿Ver el fútbol?
- No. ¿Confías en tu Getafe?
- Más que en ti -guardó su móvil y volvió a beber agua.
- Bien. Antes de proponértelo, deja que te diga una cosa: Nos conocimos por una gilipollez, empezamos juntos por una gilipollez, estuvimos juntos por un cúmulo de gilipolleces -la miré. Le costaba contener la sonrisa, sabía que tenía razón -y se jodió todo por una severa gilipollas haciendo una gran gilipollez.
- ¿Qué quieres decirme con esto, Pablo? -Sara me miró. Qué bueno era verla, todos esos sentimientos encontrados de nuevo en mi interior me hacían creer que todo saldría bien.
- Pues que si tiene que terminar del todo, que sea con una gilipollez. Getafe contra Atleti, tú contra mí. Si gana el Atleti, me das una oportunidad para hablar las cosas y arreglar todo esto. Si gana tu Getafe, desapareceré de tu vida y no te volveré a molestar.
- Vaya gilipollez -dijo ella entre risas -pero estamos fuertes en Liga. Así que acepto tu derrota total.
- Que hablen los jugadores.
- Pero tú, ni palabra.
- Solo comentaré el partido contigo. ¿Eso te parece mal?
- Vas a hacer de buen colchonero y vas a llorar cuando esto termine.

   Y comenzó el partido. El Atleti a mi izquierda y el Getafe a mi derecha. Rojiblancos contra Amarillos cantosos. El partido de la esperanza había empezado. ¡AUPA ATLETI!

   Durante los primeros minutos Sara miraba atenta al partido sin mediar palabra. Quizá un par de insultos a los jugadores de mi equipo o algún grito de ánimo al suyo, pero nada más. Parecía no percatarse de mi presencia a su lado, cosa que me hacía sentir bastante mal, pero no lo pensé y traté de mantener una conversación cordial.

- ¿Cómo es que cambiaste de trabajo? -pregunté con curiosidad. Ella ni siquiera me miró, pero al menos respondió.
- No me gustaba. Miraba alrededor y recordaba las ganas que tenía de volver a mi casa a prepararle la comida a mi chico -se notaba que lo decía con asco -pero también me acordé que apenas podía entrar por la puerta de los cuernos que tenía y me fui.
- Dijimos que no hablaríamos del tema, así que no haré comentarios hasta dentro de noventa minutos -deseaba gritarle que no la engañaba, pero era una promesa no hacerlo.
- Mejor. ¿Y tú qué? ¿Sigues lamiéndole el culo al gilipollas de tu jefe? -le faltaba llevar la navaja en la mano en esa conversación.
- No, me despidió.
- Vaya... -¿le preocupó que me hubieran despedido? ¡¿En serio?! -no esperaba eso.
- Si, bueno, una historia jodida con mi jefe y Susana, que estaban enrollados.
- Venga, no me jodas -Sara no quería creérselo. Se le notaba en la voz.
- Te diste la vuelta tú y vino mi jefe, me partió la cara y me echó.
- Te lo mereces.
- Pero por suerte y después de una cena muy entretenida y una buena borrachera mi jefe ahora es de mis mejores amigos y me ha ascendido. Trabajo menos y gano el triple. No me puedo quejar... -Sara me miró asombrada. Cuando me miró le señalé la pequeña marca que aún quedaba del puñetazo. Cuando la vio, agitó la cabeza y volvió a mirar al partido, y de repente se levantó con furia.
- ¡Eso es penalti, hijo de la gran puta! ¡Penalti! ¡Venga, coño! -con la misma rabia que se levantó se volvió a sentar -Puto árbitro de mierda, se acaba de comer un penalti como una casa... -Yo no se lo quería decir, pero lo había visto y tenía los cojones en la garganta.

   Minuto veinticuatro. El Atleti llega a la frontal y lanza un centro corto al lado derecho del área. Salvio salta y la remata de cabeza que empieza a volar. Era un verdadero globo, y Sara se reía del remate de mierda, pero yo me levanté poco a poco. Ese balón iba envenenado. Cayó, cayó y... ¡Gol por la escuadra! Salté en mi asiento y grité con ganas, además de abrazarme al chaval que tenía a mi lado que también vestía la camiseta rojiblanca. Sara se quedó sentada mirando al campo con cara de pocos amigos.

- Vaya golito de Salvio... -dije al sentarme con una sonrisa de oreja a oreja.
- Ahora lo solucionan. No te saldrás con la tuya.

   Y al rato el Getafe llegó por el lateral al área con la portería defendida por Courtois. Un buen centro y Sara se levantó, y yo volví a sentir el miedo, el gol estaba ahí... Diego Castro remató de cabeza y se marchó fuera. Un gran "Uy" sonó a lo largo y ancho del estadio. Era más de los colchoneros. Somos sufridores, es parte de nuestra genética, y Sara se sentó con un "Joder" y enfurruñada. Y se acabó la primera parte.

- ¿Quieres algo de beber? -pregunté cuando todo el mundo se levantó.
- Tengo que hacer unas llamadas e ir al baño -comenzó a andar con enfado -nos vemos en la segunda parte, Indio de mierda.

   Uno a cero en el marcador y ella ya estaba rabiando. Sabía que su Getafe no era un gran equipo y que en el Coliséum les sonrió la suerte. Empezó a arrepentirse de hacer aquella apuesta, pero mi plan estaba saliendo a la perfección. El cuarto de hora del descanso lo pasé comprando bebida para ambos y algo más de picar, y me llamó la atención una pareja de jovenes, el chico era del Getafe y la chica del Atlético y se besaban sin pensar en lo demás.
   Volví al asiento y allí estaba Sara que seguía con la mala cara. Le ofrecí la bebida y la aceptó sin rechistar. Recuerdo que no abrió la boca para hablar hasta el minuto sesenta, más o menos, después de haber sufrido otro jugadón del Atleti: Filipe Luis se había ido de dos en el lateral del área del Getafe y después de varios tiros y rebotes el balón salió fuera.

- Vamos a empatar. Y vamos a ganar. Ya lo verás -estaba muy preocupada. Parecía no querer verme más.
- Sara... Si hago esto es porque creo conveniente una charla para aclarar las cosas.
- No hay nada que aclarar, Pablo.
- De hecho, si lo hay -bebí un trago de mi refresco -si alguien tan cercano como tu padre aceptó mi versión, ¿por qué tú no?
- ¿Has estado con mi padre? -ahora su mirada mostraba odio.
- Si, fui a tu casa a intentar hablar contigo y bajó él -me temblaba el vaso en la mano -le invité a una cerveza en un bar cercano y estuvo dispuesto a escucharme y me creyó. ¿Cómo si no sé dónde trabajabas?
- Pues... Yo que sé, tío -miró al campo de nuevo y gritó -¡Cabrones, que Falcao desde ahí no hace nada!

   El Tigre Radamel tenía a dos defensas encima en la línea de fondo del Getafe más cerca del córner que de la portería. Centrar no era lo suyo, pero lo hizo, aunque se dio de culo contra el suelo. El balón voló al centro del área pequeña y el brasileño Diego remató de cabeza. Todo el estadio se levantó para gritar el gol, pero el balón golpeó en el larguero. Yo estaba temblando, pero Diego arregló el entuerto empujando el rechace con la pierna izquierda y haciendo el dos a cero en el marcador. Otra vez me vi abrazado al tipo de al lado y gritando el nombre de Diego y del Cholo. Sara... Seguía ahí sentada, mascullando entre dientes que el Getafe remontaría.
   Pero perdió la esperanza cuando vio a Arda Turán, a pase de Diego, internarse en el área y dejarle el balón al Tigre Falcao para que hiciera el definitivo tres a cero en el marcador. En ese momento Sara se levantó de su asiento, era el minuto setenta y ocho, y recogió sus cosas.

- Me voy ahora, así puedo llegar bien al trabajo -no se atrevía a mirarme
- ¿Quieres que te invite a cenar y así podemos hablar? -pregunté con algo de miedo.
- Si en diez minutos el resultado sigue igual, si -aceptaba su derrota, por suerte -te mandaré un mensaje con el día y la hora a la que puedo. El nuevo trabajo no me deja mucho tiempo libre.
- Está bien -me levanté y fui a despedirme, pero ya se había dado la vuelta y se había marchado.

   El partido terminó sin más emoción con ese resultado. Todos los colchoneros habían disfrutado de una victoria de su amado equipo, pero yo había ganado algo mucho mejor: Una oportunidad.


(El resumen de este gran partido puedes encontrarlo AQUÍ. Atlético de Madrid 3 (Salvio 24'; Diego 62'; Falcao 77') - 0 Getafe)


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