- ...Entonces ella vino a casa, ¿no? -preguntaba Sara con curiosidad.
- Si, porque fui yo a la suya en busca de una explicación.
- Te dejó hace más de un año, ¿qué explicación esperabas encontrar?
- No sé, algún motivo por el cual hiciera aquello sin siquiera darme un motivo firme. Compréndeme, me asaltaron las dudas y lo único que hice fue tratar de solucionarlas, por el bien de los dos.
- ¿Hubieras sido capaz de dejarme? - A pesar de todo, conversar desnudos en la cama era algo que amaba hacer, incluso cuando las preguntas eran más que acusatorias.
- Viendo lo visto, no -dije, pensativo -Ella me utilizó, pero los sentimientos nunca se van, sólo cambian de lugar en el corazón.
- ¿Entonces? ¿Por qué dudaste?
- Tenía mi vida hecha, llevaba seis años sin separarme de ella, ¿cómo esperas que no dude? Tú no llevas conmigo ni un mes y mira todo lo que hemos vivido...
- Si, está pasando todo muy rápido...
- Tampoco me importa. Estoy viviendo al máximo y disfrutando de cada instante.
- Eso sonó un poco egoísta -dijo Sara, algo ofendida
- Si no fuera por ti, Sara, terminaría siendo un fracasado como ese hombre que me encontré en aquel bar de mi viaje fugaz.
- A veces pienso que si no hubiera aparecido en tu vida, hubieras sido feliz... - se dio la vuelta tras decir esto y se hizo un ovillo.
- ¿Por qué dices esa tontería?
- Fíjate en la situación: Hubieras buscado respuestas igualmente. Sólo fui un estorbo en tu camino, si no me hubieras pisado quizá estaríais volviendo a vivir juntos y felices...
- Quizá. Pero te pisé -dije, abrazándola -y entraste en mi vida como un torbellino, lo pusiste todo patas arriba, cambiaste todo mi planteamiento... y si sigues aquí tumbada y si te llamé a ti en vez de a Susana es porque tú eres lo que me faltaba.
- ¿Qué quieres decir? - Sara se dio la vuelta y me miró. A pesar de estar a oscuras, sus ojos brillaban por unas lágrimas emergentes.
- No sabría describirlo bien. Me faltabas tú. Esa es toda respuesta que puedo darte.
- Pero si no me conocías...
- Por eso me faltabas. Quiero decir, mírame. Desnudo, con una casi completa desconocida, acostado en mi cama, en la casa que ambos compartimos. ¿Quién lo diría? No tiene sentido, y no trato de buscarlo. Esta vez habla mi corazón, en armonía con el resto. No estoy cegado, porque si no ni te hubiera llamado. No estoy obsesionado, porque mi vida sigue igual y no te necesito las veinticuatro horas del día. Sé que te tendré cuando te necesite. Eres...
- ¿Soy?
- Eres perfecta, y eres perfecta porque me he adaptado a tus imperfecciones. Porque encajas en el hueco de mi vida, porque eres tú...
- Dices unas cosas muy raras, Pablo -Sara parecía extrañada, pero sonreía - pero me encantan.
- Son locuras de un tío raro.
- Los que estamos locos somos en el fondo, las mejores personas.
- Dímelo a mí, que estoy locamente enamorado...
El día pasó sin más problemas. Como siempre, el señor Fernández me pidió varios informes "para ayer" y me pasé el día trabajando y contemplando el cielo madrileño que, en el fondo, es el mejor. No sé para qué viajar y hacer kilómetros si después lo que importa es lo que te espera en casa, lo de siempre, lo que nunca cambia y lo que sabes que nunca cambiará.
Pero fue a la salida del trabajo cuando todo cambió. Susana apareció sonriente en la puerta cuando yo ya salía del trabajo, y se acercó rápidamente antes que pudiera salir rápidamente del lugar haciéndome el sueco.
- Buenas tardes, amor -dijo ella, sonriente
- No me llames así -respondí, cabreado
- No te pongas así, te he traído pasteles -dijo, acercándome la bolsa de "La Gloria"
- Que te aprovechen. Tengo prisa.
- ¿Prisa de qué? ¿A volver a tu piso solo y aburrido?
- No. A volver a mi hogar, donde me espera la persona que amo.
- Qué irónico, estoy aquí...
- Vale, vamos a hacer una aclaración rápida -dije, parándome en seco y mirándola fijamente - ¿tu cabello es de color castaño?
- Eh... no.
- ¿Mides metro setenta?
- No, tampoco.
- ¿Te has criado en Parla?
- Dios, no. Menudo villorrio asqueroso...
- ¿Eres del Getafe?
- Sabes que no me gusta el fútbol, Pablo. ¿A qué viene todo esto?
- Y respóndeme a la última pregunta... ¿Te llamas Sara?
- No, me llamo Susana. Cielo, ¿qué te ocurre?
- Que Sara, la persona a la que amo, y la persona que me ama, me espera en casa con la comida preparada. Y no, no eres tú.
- Esa perra jamás se acercará a lo que yo he sido y soy para ti -dijo Susana, lanzando la bolsa al suelo - pero te juro aquí mismo que te recuperaré, aunque muera en el intento.
- Iré a verte a La Almudena -y entré por la boca del Metro, dándole la espalda.
Todos los capítulos ordenados y actualizados, aquí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario