domingo, 13 de noviembre de 2011

23. Cuerpo de mujer

   - Qué sueño más macabro, cariño -dijo Sara, cuando terminé de contarle lo que sufrí -¿Estás seguro que estas pastillas funcionan?
   - Empiezo a planteármelo. Aunque el doctor me dijo que tuviera las otras pastillas a mano.
   - ¿Dónde están? -Sara se levantó dispuesta a buscarlas.
   - Creo que las dejé ahí, en el cajón de la derecha.

   Querido lector, creo que el Valium no es medicina válida para tratar las fantasías sexuales. Y menos cuando una persona usa esas posturas tan sugerentes para buscar en un cajón una caja de pastillas. No podía evitarlo, tenía que mirarla, aumentaba el deseo en mí casi exponencialmente...

   - Aquí están -dijo, mirando la caja -Un momento, esto es Diazepam.
   - Ahá... -respondí, aún embobado
   - ¿Qué? - preguntó, con una sonrisa.
   - Nada, nada.
   - No, venga, dime qué ocurre.
   - Mi cabeza, que tiene una imaginación muy sucia.
   - ¿Y qué has imaginado? -con la pregunta venía una seria proposición de repetir lo que mi imaginación había dibujado en mi mente.

   Bueno, no entraré demasiado en detalles. Si, lo hicimos.

   El caso es que después de nuestra juerga personal, Sara decidió que en vez de salir a tomar algo, nos haríamos nuestro propio guateque en casa. Yo accedí, y ella dijo que bajaría a comprar la correspondiente bebida. No quería que bajara por si me daba otro de mis ataques y ella no podía estar para controlarme. Mi función iba a ser sencilla: buscar un entretenimiento y pedir pizza por teléfono.
   Entre todas las cosas que podía hacer en mi casa, busqué las pocas películas que tenía en casa y miré cual podía ser una buena opción para aquella noche. Las deposité sobre la mesa y, mientras ponía la comida a Nuka, Sara subió de nuevo a casa con algunas bolsas.

   - Muchos dirían que es profano -dijo, dejando las bolsas en la mesa grande -pero qué quieres que te diga, el Jack Daniel's con Coca-Cola es una de las cosas más ricas que existen.
   - No lo niego. ¿Has comprado Jack Daniel's?
   - Dos botellas, era una oferta especial. ¡Y mira lo que me han regalado! -y sacó una camiseta negra con el logo de la marca de Bourbon en blanco -Creo que ya tengo pijama nuevo.
   - Seguro que te queda muy bien. Aunque es un tanto provocativo...
   - Pablo, aunque me pusiera una sotana no podrías evitarlo. Asúmelo, no es la ropa que me ponga, es que yo te pongo...

   Y qué razón tenía.

   De todas las películas que había en mi colección, nos decantamos por un clásico: Pulp Fiction. ¿Qué mejor que el bueno de Tarantino mientras bebes? Recuerdo que Nuka ya dormía en su esquina, que yo estaba con mis pantalones de pijama tumbado en el sofá y que, tumbada a mi lado, estaba Sara llevando su nueva camiseta. Sólo su camiseta. Si, le quedaba muy bien.
   Las escenas de la película pasaban, y yo no podía quitar de mi cabeza y de mis ojos su cuerpo semi desnudo. Empecé a creer que tenía un problema, ¿cómo podía atraerme tanto? Ella bebía sin sentir mi mirada depravada en su nuca.
 
   - Esta pelicula es muy rara, ¿no crees? -dijo, mirándome de reojo -hay cosas que no entiendo.
   - Ciertamente, hay que estar muy pasado de vueltas para entender todos los conceptos de Tarantino - Una respuesta demasiado poco apropiada para un ser tan salido como era en ese momento.
   - Vaya, parece que no estás pensando precisamente en la película... - y lo comprobó apretándose contra mí. ¿Por qué los hombres no podemos ocultar de mejor forma estas cosas...?
 
   Creo que, después de esa noche, conocí uno de los motivos que más me atraían de Sara: El hecho de que, hiciera lo que hiciera, yo estaba a su merced. Cada curva era una perdición... No tenía escapatoria, ni física ni mental, a ese cuerpo de mujer. Aunque reconozco que no me importa, la verdad. Me dejaría llevar al infierno por ella...


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