Aquel sábado, Sara iba a pasar el día con sus padres, y yo preferí hacer cosas por Madrid mientras ella estaba con la familia. La gran ciudad me esperaba, y yo tenía todo el día para mí, así que volví a bajar al garaje y acaricié a mi fiel corcel negro. El RX-8 lucía brillante bajo los focos de aquel oscuro subterráneo, el cual iluminé cuando encendí los focos. Arranqué y salí a toda prisa por la Gran Vía, buscando mis objetivos.
El primero iba a ser irme de compras. Necesitaba pantalones nuevos para el trabajo, y decidí adquirirlos en alguna de las tiendas de algún centro comercial de los alrededores. Así que aceleré y salí a la carretera. Aparqué en el subterráneo de aquellos grandes almacenes y miré tienda por tienda cuáles serían adecuados. Cuando llegué a la última, me acerqué a la dependienta, que estaba de espaldas buscando algo en unos cajones detrás del mostrador.
- Buenos días -dije, sonriente - Estoy buscando unos pantalones de vestir, para ir a trabajar.
- Si, ahora mismo le... Un momento... ¿Pablo? -y Susana se dio la vuelta. Estaba bastante maquillada y, si no te fijabas bien, no notabas sus golpes.
- Miles de tiendas de ropa en todo Madrid y voy a parar a la tuya... -No me acordaba ni de dónde trabajaba. ¿De verdad quería casarme con ella?
- También es casualidad... Pero bueno, como no quiero problemas me dedicaré a lo estrictamente profesional -y salió disparada a unos percheros llenos de pantalones -¿Qué tonalidad estás buscando?
- Pues quería unos más claros y otros más oscuros... Nada del otro mundo.
- Pues aquí tienes -dijo, cogiendo dos pares de pantalones casi sin mirar -Ve a probártelos.
- ¿Son de mi talla? -pregunté, mirando la etiqueta
- Después de seis años viviendo contigo, y unos cuantos más trabajando en esta tienda, creo que puedo acertar tu talla. ¿No recuerdas quién te compraba la ropa para el trabajo?
- Ah, es verdad... -y me dirigí a los probadores.
Y si, tal y como predije, Susana acertó de pleno. Eran mi talla. Me quedaban bastante bien, así que no busqué más. También me llevé un par de camisas y un cinturón. Me tiré allí bastante tiempo, charlando tranquilamente con Susana, que había cambiado por completo su forma de actuar. Ahora era más tranquila, no me presionaba en nada y daba gusto charlar con ella. Como cuando estábamos juntos.
- Bueno, ya que tu compra es grande y hay confianza -dijo, mirando de reojo -te haré el descuento que tengo para mí.
- No hace falta que te molestes, de verdad -dije, sacando los correspondientes billetes de mi cartera -pagaré todo por el buen servicio.
- El servicio pretende que aceptes ir a comer, no que haya sido amable o que haya acertado con cada prenda que te has puesto.
- ¿Ir a comer? -Vaya, no podía falta su oferta de estar juntos a solas... -No sé, yo...
- No veo a Sara por aquí, y por lo que parece tampoco va a aparecer. ¿Es un delito comer contigo?
- Pues...
No. Claro que no. Así que esperé a que cerrara, ya que no tardó demasiado, y fuimos a un buffet que había en el Centro Comercial. Tomamos asiento cerca de la ventana, y la lluvia comenzó a repiquetear contra el cristal. Todo estaba nublado, y los coches pasaban raudos por la carretera. Después de coger el primer plato, nos volvimos a sentar y a charlar de todo en general. Era una de las virtudes de Susana: no había tema del que no se pudiera hablar con ella. Era muy culta, y tenía buen humor siempre.
- Bueno, espero no ser molesta preguntando, pero... ¿cómo conociste a Sara?
- ¿Te acuerdas en el Metro, por qué no llegué hasta a ti?
- Era gracioso ver como esa tía rara te gritaba...
- Esa tía rara es Sara.
- Oh, mierda -dijo, atragantándose con su refresco -Perdona, de verdad, no pensé que sería ella...
- ¿No? -pregunté, con curiosidad -¿Y cómo te esperabas que fuera?
- Pues esperaba a Sara como una chica alta, preciosa, de cabellos morenos largos y con un carrazo.
- Es muy guapa. No sé qué tiene, pero a mí me atrae bastante.
- ¿Más incluso que yo? - Ese golpe no me lo esperaba en absoluto...
- Es diferente. No sabría explicártelo.
- No te preocupes, puedes decirlo. No me voy a enfadar después de haberte dejado yo...
- Realmente es que no sabría explicarlo -dije -por eso es tan especial.
- Me alegro que al fin encontraras a alguien especial de verdad.
- Más que encontrarme, me tropecé con ella.
- ¿Y desde cuándo vive contigo?
- Pues... Casi desde el principio.
- ¿Has dejado que viva contigo desde tan pronto? -bebió de su refresco, y me miró extrañada - ¿no es muy arriesgado?
- Si, lo es. Pero, ¿qué más da? No sé, es lo que ambos queremos y necesitamos...
- Pero creo que es demasiado precipitado -dijo, comiendo de su plato -tardaste más de un año en ofrecerme ir a vivir juntos...
- Quería hacer las cosas bien -repuse -y esperé al momento indicado. Además, aún vivía con mis padres. Las circunstancias no son las mismas.
- Ya puedo verlo, ya... Tan diferentes que ella vive contigo después de veros un par de veces y yo tuve que hacer verdaderas maravillas para compartir piso contigo.
- ¿Me has traído para comer o para reprocharme cosas? -pregunté, algo molesto
- No, sólo quería compartir un rato contigo. A veces me puede el orgullo...
- ¿Por qué? Tú tomaste tu decisión, deberías estar alegre.
- Tengo la cara amoratada por mi decisión. Si tú crees que es una buena decisión, no sé cual es tu percepción de "bueno".
- Yo no tuve que tomar ninguna decisión...
- Ya te invité a hacerlo. Creo que más no puedo hacer...
- Susana, de verdad -la miré a los ojos, quería saber lo que pensaba -¿Qué te hace pensar que, después del daño que me hiciste, volvería a confiar en ti?
- Que he aprendido de mis errores -respondió, totalmente segura de lo que decía - Y que cuando más he necesitado a una persona, te he necesitado a ti.
- Pero ya no es lo mismo...
- Lo sé. Pero, ¿qué más da? Yo no quiero volver, sino volver a empezar. Borrón y cuenta nueva. Y ahora, haciendo las cosas bien.
- Pero no puedes pretender olvidar el pasado sin más.
- No, pero puedo cubrir los errores del pasado con acciones en el futuro.
- Los errores seguirán ahí siempre.
- Pero mis acciones no te dejarán ver mis errores del pasado. El pasado, pasado está. El presente está por ver, y el futuro está por venir.
- Bonita frase. Pero, como todo, son palabras. Y no me puedo fiar de las palabras.
- Ya te dije que haría acciones, como ésta.
Y se levantó de la mesa y se dirigió al mostrador, donde pagó la cuenta antes de que yo pudiera decir nada. Volvió sonriente y se sentó de nuevo para terminar la comida que le quedaba.
- Creo que pagando una comida no solucionas nada...
- No, pagué para poder marcharnos pronto y demostrarte lo que soy capaz de hacer.
Nos levantamos de aquella mesa y me tomó de la mano. Y así, a lo tonto, pasé la tarde de compras con Susana. Además de las ya hechas, me llevé un par de camisetas, una chaqueta, algunas películas y un libro. Ella compró ropa, algunos CD's y lencería, la cual me hizo seleccionar. A pesar de todo, pasé una buena tarde, pero cuando íbamos a cenar me paré en seco y tomé mi teléfono móvil.
Estoy en el Centro Comercial. Salgo de aquí y voy a recogerte a Parla. Te Amo.
Mandé el mensaje de texto a Sara y miré a Susana, cuyo rostro había tomado una tonalidad más oscura y algo tristona.
- Me lo he pasado de lujo -dije, dándole un beso en la mejilla -pero ya sabes, esta tarde no ha pasado nunca. Es por nuestro bien.
- Te quiero, Pablo -dijo ella mientras yo me alejaba, dejándola sola en medio del pasillo del Centro Comercial.
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