- Venga, sorpréndeme -dijo Sara, ya en pijama, cuando llegué a casa -Dime qué pasó con la loca esta.
- El sábado fui de compras y me la encontré -respondí -y me invitó a comer.
- Y tú, por supuesto, aceptaste encantado -Sara se tumbó en el sofá y encendió la televisión
- Fueron seis años. Yo simplemente fui amable y le dejé claro de quién estoy enamorado.
- Y entonces os disteis un besito bajo la lluvia -Ni me miraba.
- No. Entonces te mencioné y te mandé un mensaje de texto para decirte que iba a por ti y que te amo.
- Ya.
- ¿Es que no te das cuenta que no está haciendo nada malo? -pregunté, poniéndome frente la pantalla. Entonces descubrí otro punto fuerte: hasta con cara de cabreada era capaz de ponerme.
- No, qué va. Sólo se está tirando a deguello a por mi chico. Si eso es no hacer nada, no sé qué entiendes tú por "nada".
- Quiere retomar una amistad, y no veo nada malo en una amistad.
- Perfecto -dijo ella, levantándose y lanzando con desprecio el mando contra el sofá -Si tan interesado estás en retomar su amistad, corre. A lo mejor no ha llegado al Metro aún.
Entró en la habitación enfadada, saltó contra la cama y se arropó con las sábanas hasta el cuello. Después se hizo un ovillo y se durmió. Y ahí estaba yo, en el salón, frente a la televisión, y bajo la atenta mirada de Nuka, que reposaba tranquilo sobre el sofá, como si nada hubiera ocurrido. Es más, cuando no sabía qué hacer o decir, se acercó y empezó a acariciarse sólo contra mi pierna. Ya después de un rato, lo cogí y me senté en el sofá para acariciarle. Era lo único que podía hacer en ese momento, no se me ocurría otra cosa.
Estaba en shock. Era mi primera discusión con Sara, y no sabía cómo tomármelo. Traté de ser racional, como siempre, y busqué los pros y los contras de todo este asunto:
- PRO: Susana está bien
- CONTRA: Sara está enfadada
- PRO: Sara sigue en casa
- CONTRA: No me dirige la palabra
- PRO: Susana es mi amiga
- CONTRA: Sara no se lo cree
Y seguía sin respuestas.
- ¿Alguien me puede explicar esto? - me pregunté a mí mismo
- Creo que podemos ayudarte -dijo el Cerebro
- Si hablo con mis órganos creo que voy a sentirme con un loco...
- Peores son esos que no hablan con nadie -respondió Corazón, raudo -y no tienen con quién hablar. Mejor nosotros, que somos de confianza.
- Pues decidme entonces. ¿Qué puedo hacer para remediar esta situación? Susana parece modificar su conducta a una simple amistad, pero Sara está enfadada por eso mismo...
- Hay que buscar qué te interesa más, si una Sara contenta o una Susana contenta -dijo el Corazón, mirando las posibilidades.
- Ahí Corazón ha estado muy acertado -dijo Cerebro, contento.
- Pues yo prefiero que esté Sara contenta. Joder, soy casi el 90% de su felicidad...
- No te flipes -respondió Cerebro al Pene - Ella es más que un polvo.
- Total, yo nunca tengo la palabra en estas discusiones...
- No, ni la tendrás si sigues diciendo esas chorradas -dije - Anda, decidme, ¿qué hago?
- Hombre, hay una forma de llevarlo todo bien... Y es el secreto más absoluto -respondió el Pene, a pesar de todo
- ¿Pretendes que lleve una amistad secreta con Susana para que Sara no se enfade?
- No estaría mal, ¿no? -dijo el Pene, orgulloso.
- Pues si lo estaría... -el Cerebro parecía indignado -eso es una falta de respeto.
- A veces hay que sacrificar algunas cosas para tener otras -dijo el Corazón -y creo que es el caso de sacrificar la amistad por el amor.
- Sería lo más recomendable -dijo Cerebro
- Pues... que así sea -dije -Ahora, echadme una mano.
- ¿Estás despierta? -dije, sentándome en el borde de la cama de Sara, donde ella reposaba
- Lo estaba -respondió, enfadada -¿qué quieres?
- Decirte que he decidido eliminar definitivamente a Susana de mi vida. Le mandé un mensaje de texto pidiéndola que no volviera a aparecer por aquí, o cerca mía. Y si no me hace caso, acudiré a ti para que te encargues personalmente de ello.
- Ya te gustaría a ti que fuera tan fácil -dijo, mirándome de reojo
- Es fácil, si sabes cual es el motivo por el que lo haces.
- ¿Y cual es el motivo, si se puede saber?
- No tener que pelearme contigo, y ver tu sonrisa radiante día a día.
- Sabes ser tierno cuando lo necesito -se irguió y me abrazó -No quiero perderte por nada en el mundo...
- Nada nos separará -dije, devolviendo el abrazo y besando su cuello -te lo juro
A veces pienso que me pongo demasiado ñoño después de una discusión. Pero bueno, de alguna forma habrá que calmar los ánimos... y qué mejor que un poco de sumisión.
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