viernes, 4 de noviembre de 2011

2. Delirios de un psicótico

Siempre me ha gustado hacer teorías absurdas acerca de cosas sin sentido. Como, por ejemplo, la imagen de un ángel en el infierno. ¿Cómo sería aquello? Ciudades ardientes, oscuridad y penumbra y todos los seres del inframundo acechando a ese ser perfecto, de rostro adorable y de pasos temblorosos con las alas recogidas, esperando su destino aterrador a manos de uno de esas asquerosas bestias. ¿Y un demonio en el cielo? ¡Aquello sería el Caos! Todos correrían despavoridos entre las nubes alejándose de esa cosa con cuernos y patas de cabra que se reiría de placer. Ya estaba en la casa de Dios, ya podía corromper hasta el último centímetro del Reino de los Cielos... si el Todopoderoso se lo permitía. ¿Y quién estará allí arriba? Mis familiares, mis amigos, mi gato... Si, seguro que mi gato está ahí arriba. ¿Y qué pinta un gato negro en el Cielo? Pues no sé, a mí siempre me han gustado los gatos. Pero no sé en qué pienso, ¡mi gato está vivo! Y no está en el Cielo, está tirado en el sofá, como siempre, ronroneando y esperándome para que le dé más comida y para tumbarse en mi barriga después de comer, que se entretiene dándole toquecitos mientras hacen la digestión y tiemblan. Mis padres tenían un gato, pero era blanco, y muy cabrón. ¡Se comía mi merienda! Sobre todo los días que tocaba Nocilla. Qué bastardo, esperaba a que lo dejara en la mesa y subía silencioso cual espía ruso y... ¡Zas! Me había quedado sin Sanwich. Pero era muy tierno, y los días de lluvia se metía en mi cama. Mi cama... Echo de menos aquella cama. Ahora no entraría ni en posición fetal, pero cojones, era lo más cómodo del mundo. Además, recuerdo los cromos que tenía pegado en el techo. Oliver y Benji, eso si que era una buena serie. Ahora que soy mayor lo asimilo de forma diferente, ¿pero qué niño no ha visto nunca esos dibujos? Y Mark Lenders era un hijo de puta muy bueno, el primer gitano japonés, pero el Tiro del Tigre me flipaba bastante. Es más, recuerdo cuando lo imitaba en el colegio. Siempre se me dio más o menos bien jugar, y cuando tenía ocasión chutaba a puerta gritando como un poseso. Lo bueno es que siempre marcaba gol. No entiendo por qué nunca me metieron en un equipo, si yo era tan bueno...

- Espinosa, ¿dónde están los presupuestos? - el señor Fernández nunca era amable conmigo, y menos cuando estaba mirando por la ventana perdido en mis pensamientos.
- Los dejé en su mesa ayer... - O eso creía. Maldita mala memoria...
- No están. Así que dese prisa y haga una copia. Además, necesito un balance presupuestario urgente.
- De acuerdo, jefe. Me pongo con ello. ¿Para cuándo lo necesita?
- Para ayer.

Siempre decía la misma gilipollez. "Para ayer". Siento ser un poco aguafiestas, pero si quiere un balance presupuestario para ayer, ¡debería pedírmelo antes de ayer! Aún no me han facilitado un jodido condensador de fluzo en el curro como para volver atrás en el tiempo cuando me de la gana...
Ese mediodía, por supuesto, salí desanimado del trabajo. Todos mis compañeros me preguntaban el por qué de la pastilla después de comer, pero yo le restaba importancia. Supongo que no me apetecía tener que dar explicaciones de por qué tomaba antidepresivos. En el Metro, la gente tenía la misma cara de siempre. A las tres de la tarde los gestos de hambre, frustración y cansancio hacían mella en los ciudadanos de la gran capital española. Eso los que teníamos la suerte de salir a esa hora, porque con los tiempos que corren lo difícil es encontrar un trabajo como el mío o, simplemente, un trabajo.
Llegué a casa agotado. Por suerte, la noche anterior dejé preparada la comida: Una completa ensalada de pasta. Me serví un plato y le abrí una lata de comida a Nuka, mi gato. ¿Que por qué se llama así? Siempre me había gustado ese personaje en El Rey León 2, y por eso llamé al gato así.

- Nuka, tío, ¿por qué no friegas un poco? - delirios de un psicótico, conversaciones con un gato... ver para creer - Mira cómo está la casa. Y tú te tiras todo el día aquí. Macho, date vida, si colaboramos podemos hacer de nuestra convivencia algo más interesante...
Terminé mi conversación con mi gato y llevé el plato vacío a la cocina, que a pesar de la bronca que le echaba al pobre felino, estaba impoluta. Después, me puse algo más cómodo y me eché con una manta en el sofá. Comencé a hacer Zapping en mi televisión, pero la imagen era borrosa. El calor y el peso de la manta y de Nuka sobre mi estómago iniciaron en mi un proceso pre-siesta que me llevó poco a poco a un sueño ligero.

La luna llena bañaba con su luz pura aquel paraje oculto, aquel recóndito escondite natural del que sólo Madre Gaia podía presumir de tener. En silencio, me acerqué a las aguas de aquel lago rodeado de árboles y de una pared de roca virgen adornada con plantas de todo tipo y una cascada fina que salpicaba y agitaba la paz de la superficie cristalina. El murmullo de las miles de gotas precipitarse desde lo alto era el único sonido que se atrevía a romper la quietud del lugar. En el centro de las aguas emergía una roca, y sobre ella había una figura. Desde mi posición, podía distinguir que era una persona, más concretamente una mujer. Con curiosidad, me sumergí en el lago con la intención de alcanzarla. La temperatura era perfecta, y mi nado fue parsimonioso y calmado para alcanzar en silencio a la que parecía la dueña del lugar. Cuando ya estaba cerca, sentí su canto. Era suave, dulce, melodioso, casi hipnótico. Un cuerpo perfecto se encontraba tumbado de lado sobre la losa, pero dándome la espalda. Sus curvas se armonizaban con la belleza del lugar, y su cabellera larga cubría sus hombros. Cuando alcancé la roca, suavemente se dio la vuelta. Ya notaba su melodía. Si, su bello rostro se iba a mostrar ante mi. Dijo una frase sencilla, una coletilla digna de una diosa... "Walk this Way!!". Y el rostro de Steven Tyler, con su enorme boca, comenzaron el estribillo de aquella vieja canción de Aerosmith, acompañado de los coros de dos peces que tenían la cara de los RUN DMC.
Espera... Ese era mi tono de llamada...

- ¿Diga? -mi voz delataba que estaba totalmente dormido.
- ¡Oh, mierda! - la dulce voz de Sara, a pesar de su tono tan castizo, me despertaron de aquel extraño paraíso - No sabía que echabas la siesta. Lo siento, tío...
- No, tranquila -respondí -Estaba teniendo un sueño muy raro, me ha venido bien que me despertaras. ¿A qué debo tu llamada?
- Pues como hace mucho que no sé de ti, me apetecía llamarte y charlar un rato
- Vaya, me alegro. Pues no sé qué decir, ahora me pillas dormido... ¿qué te parece si quedamos para tomar algo?
- De acuerdo -parecía animada - ¿Dónde quedamos? Yo ya estoy lista.
- Pues... - ¿en qué momento se me ocurrió aquella idea? - Si quieres, pásate a recogerme a mi casa.
- ¡Perfecto! Dame la dirección y estaré ahí lo antes posible.


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