Pero... había algo que me inquietaba. Y tuve la suficiente motivación para hablar con seguridad. Total, creo que se daba por hecho que había confianza...
- Sara...
- ¿Si? -dijo con voz ronca, se estaba quedando dormida
- ¿Por qué estoy aquí tumbado, abrazado a ti, sin ninguna preocupación y sintiendo que eres tan especial cuando lo único que sé de ti son las cuatro chorradas que saqué de tus fiestas jugando a "Yo Nunca"?
- Será porque de verdad soy especial -respondió Sara, acomodándose en mi regazo.
- Eso no lo dudo.
- ¿Entonces?
- ¿Quién eres, Sara? -pregunté con seriedad
- Soy Sara. ¿Qué te pasa, Pablo? -se sentó y me miró con cara de preocupación -¿Te sientes mal? ¿Necesitas una pastilla? Espera, quédate aquí, yo te la traigo.
- No -tomé su brazo cuando trató de salir de la cama - Te pregunto que quién eres para que me hables de tu entorno. Sé que eres Sara Jiménez, que trabajas en una librería pequeña en Quintana y que por una absurda apuesta te desnudaste en pleno Sol. Pero no sé nada de tu familia, de tus amigos, de tu historia... Nada.
Sara se quedó paralizada. En esta ocasión, no estaba tratando de bromear. Ella lo percibió, y volvió a tener su rostro inexpresivo, y algo asustado, que me puso cuando vio la foto mía con Susana. Volvió a tumbarse sobre la cama y se tapó hasta el cuello. Noté por debajo de las sábanas que temblaba mucho.
- ¿Estás bien? ¿Necesitas algo en especial? -pregunté, preocupado. Quería ser serio, si, pero no hasta el punto de traumatizarla.
- No, estoy bien. Solo que no me gusta hablar de mi entorno, como tú lo denominas.
- No quiero presionarte...
- Está bien que lo hagas, en el fondo. Lo necesito. Guardarme tanto dentro no puede ser bueno.
- Pues... No sé...
- ¿Por dónde quieres que empiece? -dijo, con voz temblorosa. Empezaba a asustarme.
- Tus padres. Háblame de ellos.
- Un hombre encantador y una puta loca.
- ¿Por qué dices que está loca? -pregunté inocentemente
- Porque hay que estar muy loca para meterse a puta.
- ¿Qué...?
- Si. Mi padre y sus colegas querían una noche desfasada, y se pasaron por Montera borrachos perdidos y hasta arriba de vete tú a saber qué. Cada uno pilló a una y al tema. Por suerte, o por desgracia, la puta que pilló mi padre tuvo que llevarle al hospital después del polvo por la sobredosis que le estaba dando.
- Menuda historia...
- Y nueve meses después mi padre dejó a su encantadora novia, niña de clase alta, guapísima y con un porvenir por una puta y la cría que había parido por su noche de subidón. El muy imbécil se había enamorado. Siempre se lo reprocho. Debió quedarse con su novia.
- Pero tú hubieras crecido sin padre...
- Si, eso es verdad -una sonrisa se le escapó entre las mejillas -y de no ser por él, yo no seguiría siquiera viva. Empezó a trabajar a destajo, sin descanso, de camarero, para darnos un hogar a mi madre y a mi. Mi madre cambió de trabajo, fue a una panadería, a ganar una mierda, pero a salir de la calle después de todo.
- Se nota que, en el fondo, quieres mucho a tus padres.
- No mientas -dijo, mirándome a los ojos - Al único que quiero es a mi padre, que dejó su vida ya hecha por una ramera barata, y por el error de una noche de juerga. Ningún hombre haría eso nunca.
- No, yo no desfasaría tanto, pero me haría cargo de un bebé si la cago.
- Eso no me lo creo yo...
- ¿Quién te crees que soy? -Vale, eso me había mosqueado -¿Crees de verdad que sería capaz de abandonar a mi hija y a la madre de mi hija por ser un fallo de una noche? No sé de qué vas.
- Estaba bromeando -dijo Sara, abrazándose a sus rodillas -no quería que te enfadaras...
Y todo se quedó en silencio. Ella sollozó sobre sus rodillas y yo me sentí un monstruo. No sabía qué hacer, si acercarme y abrazarla, o irme de ahí para hacerla sentir mejor. "Señor Corazón, ¿qué hago?" "Oh, por favor, qué preguntas más absurdas me haces a veces..."
- Lo siento -llevando las sábanas conmigo, arropé a Sara mientras colocaba mi brazo sobre sus hombros y acariciaba su empapado rostro con la mano libre - Soy una persona responsable, hasta tal punto que puedo parecer muy irritable.
- Me he pasado, lo siento...
- Tranquila, Cariño.
- ¿Cómo me has llamado? -me miró y se quedó en silencio, atónita.
- Esto... -Esto si que no me lo esperaba. A ver cómo lo solucionas, machote - Te llamé Cariño.
- ¿Por qué? - seguía con el mismo rostro de sorpresa.
- No sé, me salió solo. Supongo que al ser un apelativo tan cercano y especial lo dije sin pensar...
- Ah...
- ¿Te molestó? - "La he cagado, la he cagado, la he cagado..." "¡No te quejes! ¡Yo estoy más que satisfecho!" "¡Silencio, pene! ¡Que aún tengo la caja de bromuros!" "¡NO! ¡BROMURO NO!"
- No... en absoluto. Me ha gustado mucho. Nadie me ha llamado así nunca.
- ¿No has tenido pareja? Porque es normal que una pareja te llame así.
- Si, si he tenido pareja, pero de eso si que no te voy a hablar.
- Oh...
- Necesito descansar -se tumbó en la cama de nuevo y me miró -Abrázame, no quiero que me dejes sola esta noche...
- No tenía pensado dejarte sola nunca...
No hay comentarios:
Publicar un comentario