martes, 29 de noviembre de 2011

30. Mañana será un nuevo día

   No recuerdo cuánto tiempo pasó desde entonces. Tampoco quise calcularlo. Sabía qué hacer por rutina y por la luz que entraba por las ventanas de mi casa. Si la luz iluminaba el cuadro roto del Atlético de Madrid tenía que desayunar. Si me golpeaba en la cara mientras estaba tumbado en el sofá, acariciando por inercia a Nuka, era la hora de comer. Si se hacía de noche, cenaba. Y cuando el ruido amainaba, hora de dormir. Pero no comía, y no dormía. Mi vida se basaba en el consumo casi compulsivo de Tiadipona, y algún que otro Valium cuando cualquier cosa me daba una señal inequívoca de que ya no estaba ahí.
   Hay poco que contar de aquel tiempo. Llegué el lunes puntual, con dolor corporal, con fiebre y con el ojo morado. Al llegar a mi despacho vi una chica rubia sentada, colocando una foto suya con un pequeño niño de ojos azules sonriente. Me miró y sonrió, presentándose como Marta, la nueva empleada que ha venido en sustitución del anterior, el cual habían despedido. Me presenté como Pablo, el empleado que acababa de enterarse que estaba despedido. No vi al Señor Fernández. Ni falta que me hacía. En la puerta había una caja con todas mis pertenencias y unos sobres con los correspondientes papeles que tenía que firmar. Me había puesto de patitas en la calle, pero para evitar más problemas, y debido a mi estado anímico, preferí no protestar.

   Un colchón económico evitaba mi caída, y uno de Viscolástica guardaba mi cuerpo cada día cuando los terrores y el dolor me ocupaban. Solía ser en horas puntuales, pero si no, reposaba en el sofá con Nuka restregándose contra mí. Después del susto de aquella noche, tenía una reserva bastante grande de medicamentos en la mesilla, así nunca me faltarían.

   - ¿Sabéis que estamos cansadas de hacer siempre lo mismo? -dijeron las manos, consternadas - Nuka es suave pero, joder, hay más cosas que hacer.
   - Mientras que el marrón os lo endosen a vosotras, yo estoy tranquilo -dijo el hígado - Sería lo que nos faltaba, hincharnos a Whisky y derivados para no hacer nada.
   - El problema es que sabes que el Cerebro es capaz de dar esa orden - respondieron las piernas, con voz débil - Ya estamos bajas de forma, imagina tener que aguantaros a todos vosotros por el mareo...
   - No daré esa orden - la voz del Cerebro era más débil si cabe que la de las piernas. Pero, como siempre, era la que mandaba - Simplemente estoy bloqueado.
   - Pues si estás bloqueado tú, estamos jodidos... -dijo el estómago, casi en susurro, debido a que estaba vacío.
   - Tiene que ver con la medicación, y que el señor Corazón anda un poco reservado últimamente. ¿Me escuchas, amigo?
   - ¿Dónde quieres la sangre? ¿A qué ritmo? - a pesar de sonar completamente autómata, la voz del Señor Corazón estaba destrozada por el dolor.
   - No. Quiero que seas el de siempre. ¿Dónde está tu dignidad?
   - Piénsalo tú. Espera, te mando sangre, así será más fácil.
   - ¿Y por qué no se la mandas al Señor Pene? -preguntó el Cerebro - Quizá él la necesite más.
   - ¿No te has dado cuenta, Cerebro? - dijeron las manos, que seguían centradas en Nuka - Pene no está operativo. Ni siquiera responde a nuestros estímulos.
   - Increíble... - Cerebro no daba crédito - Esto no es lo mismo sin su insistente necesidad de sexo o desahogo personal.
   - Y sin escuchar al Corazón indagar -dijeron los ojos, que miraban la televisión sin recibir ninguna información sustancial.
   - ¿Voy a tener que ponerme en Estado de Emergencia con todos? -dijo el Cerebro, preocupado - No quiero seguir ese protocolo, pero parece que no me dais otra opción...
   - Si fuerzas la máquina, acabarás con ella -respondió el Corazón - Pero tú mandas.
   - Está bien. Empezaremos pronto, así que iremos a dormir y nos prepararemos. Mañana será un nuevo día...


Todos los capítulos ordenados y actualizados, aquí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario